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  • Miguelina del Carmen Alvarado Garrido

Una carrera que alcanzó las cumbres en la montaña y en la pista

Por La Prensa Austral sábado 11 de mayo del 2019

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Herminio Bernales Tsuchiya

Oriundo de Valparaíso, se radicó en Punta Arenas en 1975, para ser profesor de Educación Física en los liceos Industrial y San José. Además de cosechar éxitos en el andinismo y el atletismo, ha formado a gran cantidad de deportistas

Herminio Bernales Tsuchiya en Magallanes es sinónimo de deporte y formación. Una vida ligada al atletismo, tanto como competidor infantil hasta llegar a senior, pero además, un exitoso entrenador. Actualmente, las pistas las ve de lejos, para enfocarse en una labor más organizativa, en el Instituto Nacional de Deportes, y en la recién formada Fundación Deportiva de la Municipalidad de Punta Arenas.

Como casi todos los deportistas, empezó en la niñez, aunque en su caso, casi por accidente. “Estaba en el colegio, en el Salesiano de Valparaíso y un día pasó el profesor de Educación Física, diciendo que había un Campeonato Nacional Salesiano de atletismo. Yo no tenía idea lo que era, estaba en séptimo básico y nadie lo pescó al profe, que después que dijo ‘vamos a ir a Santiago por toda la semana’, yo levanté la mano… a la hora de perder clases jajaja, y me anoté. Fui y gané dos pruebas, en vallas y en 600 metros. Hay una foto en que aparezco en andas, pero yo no tenía idea lo que había hecho. Después el profesor me llevó a una competencia escolar de Valparaíso, se corrió en el estadio de Las Salinas, participaban todos los colegios y yo con la típica zapatilla blanca, polera del colegio, y al lado, todos con zapatillas con clavo, camiseta con tirantes, y pensé ‘dónde me vine a meter’. Corro los 600 metros planos y llego segundo detrás de Jorge Grosser, que estaba listo para irse al Sudamericano escolar. La carrera la vio el entrenador de la Universidad Católica y me reclutó para el club. Ahí empecé a entusiasmarme con ser atleta”, relató Bernales, único hijo del matrimonio de Herminio y Marta.

Ahora mirando hacia esos años, Bernales reconoce que a pesar de que los técnicos tenían mucha fe en sus condiciones, él no se lo tomó tan en serio. “Nunca visualicé que estaba en ese nivel competitivo, me dediqué a lesear en el colegio, pichangas, y dejé pasar la posibilidad de explotar ese talento. Entré después a estudiar Educación Física, y aunque ahí gané algunas competencias universitarias, y el entrenador insistía en que entrenara, nunca lo pesqué”.

Si bien el atletismo no lo tomó en serio en ese momento, sí hubo una disciplina que lo cautivó. Y a la que también llegó por casualidad.

“Cuando egresé de la universidad, estaba haciendo clases en el liceo Eduardo de la Barra, y un día ingreso al camarín de los chicos y veo un papel en el suelo. Lo recojo y era un formato de invitación para una escuela de montaña, de excursionismos. Yo pensaba que si iba a ese curso, me podía servir después en mi labor como profesor. Y me enamoré del andinismo y de ahí fue pura montaña, montaña, hasta los años 80 que estuve escalando. Iba todos los fines de semana a Los Andes a escalar, subir cerros”, recuerda.

Hasta que Punta Arenas llegó a su vida. Era 1975, pero ni la lejanía mitigó su pasión por el andinismo. “Cuando llegué, y estaba en mi currículum que había hecho el curso en la Escuela de Montaña, me llamó el entonces seremi de Educación, Humberto Vera, el famoso ‘Papi’ Vera, quien me convocó para trabajar y formar niños en el excursionismo. Se hizo un curso de monitores, certificados por la Federación de Andinismo de Chile. Después formé un grupo en la Umag y la primera travesía fue a la cordillera Darwin, en forma longitudinal, que por primera vez se hacía y que me ayudó mucho Mateo Martinic y que se hizo un libro y una película a raíz de esta travesía. Y el grupo de andinismo de la Umag masificó este deporte”.

Dentro de su bitácora de expediciones, destacó que “con el grupo de la Umag escalamos el volcán Ojos del Salado y después, el Aconcagua”. Hasta los 40 años permaneció ligado a esta disciplina, de la que se retiró al darse cuenta que era lo más razonable para su salud.

Herminio Bernales destaca sus más de cuarenta años como profesor en el Liceo Industrial, donde jubiló en 2010, justo el día que cumplió 65 años, mientras que en el Liceo San José permaneció 16 años. Pero además, en el Colegio Alemán enseñó atletismo, o preparador físico de Sokol en básquetbol y fútbol.

El formador de deportistas

Después de dejar su labor como profesor, Herminio Bernales no vivió la nostalgia, porque siempre tuvo mucho trabajo con sus dirigidos en el estadio Fiscal. “El día que recibí mis documentos y desahucio, salí de la Corporación Municipal, di un paso a la calle y dije ‘estoy jubilado’, miro mi reloj y estaba atrasado, así que me fui corriendo al estadio. No tuve esa desorientación de estar con cero actividad”.

Estuvo dos años dedicado exclusivamente a entrenar a los atletas, hasta que “se abrió una postulación para empleados públicos y entré al IND donde estoy hasta hoy”.

En cuanto a su sello como formador, asegura que “me considero más un 75% de profesor y un 25% de entrenador. A lo que voy es que primero para mí, es la persona, y después el rendimiento. Hay atletas que las tuve de infantiles y siguen corriendo, lo que da cuenta que nunca hubo un exceso de entrenamiento, por ejemplo, y si las marcas salían era porque el niño tenía las condiciones y yo se las explotaba”.

De sus dirigidos, recuerda al primer campeón de Chile de cross, Carlos Pacheco, del Liceo Industrial. También a Juan Hurtado, docente de la Universidad Católica de Valparaíso, aunque también hubo muchos que no tomaron tanto en cuenta sus recomendaciones, lo mismo que él hizo cuando comenzó. “Yo decía, ‘bueno, hice lo mismo, así que no los puedo retar’”, comentó.

Pero si hay una pupila que sobresale del resto, es Camila Stein, “partió conmigo cuando iba en quinto, sexto básico hasta que entró a la universidad, actualmente está en tesis o práctica de Kinesiología, siempre me decía que quería ser kinesióloga especializada en lesiones deportivas. Todas las metas que se ha propuesto en su vida, las ha ido logrando. El presidente de la Federación me decía que fue una de las pocas o la única atleta en Chile que durante 7-8 años, consecutivamente, nunca perdió una carrera en su categoría”, valoró Bernales.

Pero además, siguió compitiendo como atleta senior, donde recuerda una divertida anécdota. “Vi en el diario que había un aviso de una competencia senior. Y con tanto cross country y pesas que hago, voy. Llegué y para mí, había puros viejos de 50-60 años. ‘A estos les gano fácil’, dije. Me anoté y llegué último, con una vergüenza tremenda. Y ahí me picó el bichito y me concentré en el atletismo senior. Yo pensé que por tener condición física bastaba, y no, hay que entrenar la prueba. Ya entrenado, al año, ya había batido el record chileno en 400 metros en un Sudamericano. Pero dejé de entrenar como el 2009 por una lesión en la rodilla, después en la columna, así que mi estado físico no me permite seguir corriendo, si no, seguiría”, comentó.

Actualmente, a su trabajo en el IND se suma su nueva función en la Fundación Deportiva de la municipalidad, donde puede dar apoyo a deportistas que no tienen cobertura o posibilidad de desarrollar sus carreras. “La pega nuestra será buscar recursos para dar apoyo a los deportistas”, recalca.

Otro tipo de velocidad

Curiosamente, sus cuatro hijos (Andrés, Edgar, David y Jessica) si bien siguieron el ejemplo deportivo del padre, escogieron otra vía. David fue nadador, pero cuando tenía 8 años, fue campeón de cross country, para después seguir al bicicross, básquetbol, hasta terminar en la natación.

En tanto, Andrés, Edgar y Jessica, se dedicaron a las motos. Y respecto de sus 10 nietos, “el hijo de David, Claudio de 16 años, está en artes marciales mixtas, y el hijo de Edgar, Martín hace karate junto a su papá”, finalizó Herminio Bernales, que ahora mira el deporte desde su posición más administrativa, aunque conforme con su vida deportiva.