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  • María Antonieta Pérez Díaz

Vendedor Francisco Muñoz abrió tienda Johnson hace 32 años y ahora la cierra

Por La Prensa Austral jueves 18 de julio del 2019

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“Recuerdo que las entrevistas se hacían en el Cabo de Hornos y había una inmensa fila. Estaba toda la jefatura de Santiago, y en un momento me llaman a un lado, y uno de los gerentes me dice: felicitaciones, usted es el primer empleado contratado y espero que nos traiga suerte”.

Edmundo Rosinelli

erosinelli@laprensaaustral.cl

Este domingo será único y triste para Francisco “Panchito” Muñoz Torres, vendedor que hace 32 años estuvo en la apertura de la tienda Johnson de Punta Arenas y hoy le toca cerrarla.

Prácticamente no está quedando nada en la tienda. Desde que hace dos meses, el 15 de mayo, La Prensa Austral dio cuenta del cierre del emblemático local de calle Bories, ya no llegó más mercadería, comenzando la venta de toda la mercadería que había en “stock” en las bodegas.

Ayer abrieron recién a las 11,30 horas, porque antes de eso la empresa permitió que los trabajadores compraran a “puertas cerradas” parte de lo que está quedando.

Después, apenas pudo ingresar el público, la gente aprovechó las ofertas con rebajas de hasta un 80 por ciento en algunas prendas. Esto generó que algunas personas literalmente “arrasaran” con todo.

Vendedor

“El 15 de abril de 1987 fue el comienzo de Johnson en Punta Arenas, en calle Bories, en el local que colinda con el edificio municipal; el que posteriormente fue arrendado el 2004”, recuerda Francisco Muñoz.

Sentimientos encontrados tiene en estos momentos, sobre todo al ver “el peladero” en que se transformó el local. “Da pena ver esto, porque así como fuimos al comienzo, en que marcamos una tendencia y dimos pauta en la parte sastrería, que fue lo más fuerte de la tienda, fuimos los únicos que tuvimos tanta cantidad, marcas y diseños”.

Además se renovaron, “porque al comienzo éramos una tienda muy estricta en líneas de colores, negro, azul y café, a hoy que tenemos línea juvenil, más la moda actual”.

Gente muy triste

El público comenta y expresa su tristeza por el cierre de esta emblemática tienda. “Nos dicen que sienten mucho que se vaya una tienda que ha prestado más que atención a la gente. Nos brindan su cariño y lo que hacemos es demostrar que lo que hacemos lo hacemos con ganas”.

– ¿Francisco, cómo llegaste a trabajar en Johnson?

– “Trabajaba en otro lado, en rubro zapatería, y  postulé. Recuerdo que las entrevistas se hacían en el Cabo de Hornos y había una inmensa fila. Porque que llegara Johnson a Punta Arenas era un acontecimiento. Recuerdo muy claro que estaba toda la jefatura de Santiago, y en un momento me llaman a un lado, y uno de los gerentes me dice: felicitaciones, usted es el primer empleado contratado y espero que nos traiga suerte. Esto me quedó grabado para siempre. Y hoy estoy en la misión del cierre. Es una tristeza enorme, pero por ahora voy a descansar un poco”.

Recuerda que antes del quiebre Johnson era una tienda muy familiar. “De la empresa recibí mucho apoyo, no me puedo quejar, y por eso estoy los años que estoy. Y después, por parte de Cencosud, digamos que siempre hacen premiaciones, en dos ocasiones fui elegido vendedor del año y en algunas mensualidades hubo retribuciones, pero el mayor reconocimiento que tengo viene de la gente”.

Muñoz podría decirse que es el empleado más antiguo, pese a registrar un pequeño paréntesis de cinco meses, pero en general tiene los 32 años de permanencia de la tienda en la capital de Magallanes.

Reconoce que este domingo será especial, por ser el último día de atención de público, “aunque el proceso de estos días ha sido muy agotador. Tú ves cómo la gente se ha volcado a la tienda a comprar de todo. Incluso ya no hay tallas disponibles. Queda solamente lo que está en exhibición. Hay un estrés muy fuerte que todos lo sentimos”.

– ¿Y qué les dice la gente sobre el cierre?

– “Está muy triste, y eso creo que nos ha marcado muy fuerte a los vendedores en general. A todos les da pena que una tienda como esta se cierre, porque aparte de la atención hay un cariño especial al cliente. Algo que se ha perdido, como es la atención personalizada, que es lo que al cliente más le cuesta encontrar. Y en tiendas como esta queda gente que le gusta lo que hacemos, porque además de prestar un servicio somos como un psicólogo de nuestros clientes, porque nos traen sus historias y los podemos ayudar los ayudamos con una palabra de aliento”.