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Condenan a 6 años de cárcel al cardenal australiano George Pell

Por Agencias jueves 14 de marzo del 2019
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Los pecados del cardenal australiano George Pell, quien fuera el número tres del Vaticano, tienen ya un castigo concreto. El antiguo responsable de las finanzas vaticanas ha sido condenado este miércoles a seis años de prisión por cinco delitos de pederastia, uno por penetración oral, contra dos menores que pertenecían al coro de la catedral de Melbourne.

El todavía purpurado ha recurrido el fallo y su entorno considera que tiene muchas probabilidades de salir exculpado en la segunda instancia. Pero el juez Peter Kidd del Tribunal del Estado de Victoria subraya ahora que deberá cumplir tres años y ocho meses de la condena antes de pedir la libertad condicional. Es decir, a partir de octubre de 2022.

La noticia de la condena de Pell es un tremendo batacazo a la imagen de la Iglesia Católica y a la política de tolerancia cero promulgada durante este Pontificado. Especialmente cuando llega de una forma tan cercana en el tiempo a la cumbre contra los abusos a menores celebrado a finales de febrero en el Vaticano. Entonces se habló de transparencia, control a los obispos y castigos concretos. Un inventario de medidas ausentes por completo en el caso de Pell. Consejero directo del Papa Francisco hasta el pasado mes de diciembre (al menos en el organigrama vaticano), es el miembro de más alto rango de la Iglesia católica sentenciado por abusos a menores.

El cardenal no fue apartado de sus funciones como responsable de las finanzas hasta dos días antes de hacerse pública su condena. De hecho, ni siquiera fue obligado a dimitir, su mandato expiró de forma natural al llegar a los cinco años. Tampoco fue relevado de su cargo como asesor en el C9 (el órgano de cardenales que asesora al Papa en las reformas) hasta dos años después de marcharse como imputado a Australia y sólo cuando el Vaticano tuvo noticia de que sería condenado.

La sentencia considera probado que durante los años ‘90 se produjeron los abusos en la catedral de San Patricio, en Melbourne. Más allá de ese capítulo, desde hacía muchos años caía sobre el cardenal una alargada sombra de acusaciones. El religioso se enfrentaba a una pena máxima de 50 de años de prisión, pero el juez argumentó que tuvo en cuenta tanto la edad del cardenal, 77 años, como los delitos «horribles» de los que se le acusaba.