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Rodrigo Latorre: de futbolista profesional a ingeniero

Por La Prensa Austral viernes 3 de julio del 2020

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Las vivencias del ex delantero puntarenense que jugó seis temporadas en Cobreloa y también tuvo pasos por Arica, Iquique, O’Higgins y Naval. Hoy está radicado en Antofagasta y en medio de la pandemia no descarta volver a su natal Punta Arenas.

Carlos Dittborn (de la Asociación ‘18’) fue mi trampolín para llegar a la Selección, ir al Nacional Amateur de Arica con 17 años y después ingresar al profesionalismo en Deportes Arica donde estuve una temporada. En 1995 me compró Cobreloa y estuve seis años, dos de ellos a préstamo en Iquique. El 2001 partí a O’Higgins y en 2003 llegué a Naval de Talcahuano hasta diciembre pasado…”.

A fines de 2004 Rodrigo Latorre decía adiós al fútbol profesional y así resumía su trayectoria un mes después, ya de vuelta en Punta Arenas.

Partió siendo un juvenil y a poco andar ya pisaba el césped del Municipal de Calama para defender el club de sus amores: Cobreloa.

Luego vendrían años de ilusión pero también de momentos difíciles, con sueldos impagos en O’Higgins y Naval durante una época en que el fútbol chileno caminaba por la cornisa. De hecho, esa misma inestabilidad lo llevó a colgar los botines.

Hoy, a 16 años de su retiro y radicado en Antofagasta, vive otra etapa, como ingeniero industrial, inactivo por estos días a causa de una pandemia que en la “Perla del Norte” ha golpeado duro.

DE LA “18” A ARICA

Tras destacar con el seleccionado de la”18” en el Nacional, Deportes Arica fue el club que lo acogió en el profesionalismo el año 1993. Su estadía en el fútbol rentado se prolongó hasta 2004 en Naval.

“Fueron 11 años maravillosos haciendo lo que a uno le gusta. Lo único que quería era ser profesional y se valoraba mucho porque antes era más complicado salir de Punta Arenas para que te vean”, repasa Rodrigo en entrevista telefónica con La Prensa Austral.

– ¿Te costó dejar el fútbol profesional?

– “La verdad es que no. En ese tiempo, cuando decidimos el retiro junto a mi familia, el fútbol estaba muy mal. No había respeto hacia los jugadores, no podías estar tranquilo por el tema económico. El fútbol no se ensucia como dicen por ahí, pero estaba mal lo que había detrás: el apoyo de los clubes, de los dirigentes, los problemas con las remuneraciones”.

– ¿Te sientes a mano con el fútbol o quedaron tareas pendientes?

– “Uno siempre aspira a mucho más. Siempre me recrimino por qué no fui ambicioso. En el fútbol se ven muchas cosas: hay jugadores ‘solidarios’, otros decididos a triunfar. A lo mejor me faltó la ambición de lograr algo mayor, quizás porque nunca me sentí mejor que nadie y tal vez ese fue mi error. Nunca me creí el cuento. Las condiciones que tenía daban para algo mejor, pero cuando uno no está convencido interiormente se hace más complicado”.

“Yo creo que es un tema de personalidad. De repente uno es muy humilde y resulta que a veces es necesario sacar otras cosas. Nunca me nació decir ‘soy mejor que éste o el otro’… Muchas veces prefería habilitar a un compañero que jugármela solo. Siempre vi el bien colectivo sobre el propio y cuando eso lo llevas a los extremos te pasa la cuenta. Por eso digo que me faltó ser un poco más ambicioso”.

CON “LA NARANJA”

– Cobreloa fue el club que más te identificó.

– “Sí, lejos. Imagínate, mi hermano (Juan Carlos) siempre me dice que yo era de Colo Colo y me cambié a Cobreloa, pero no es así. Lo que pasa es que, como el es de la ‘U’, yo le decía que soy del Colo para que pase rabia… Pero ya en ese tiempo sentía mucho el color naranja, era el boom de Cobreloa, veía los partidos por televisión, la bandita en Calama, la sirena y desde entonces siempre dije: ‘Me gustaría estar ahí…”. Entonces, cuando fue mi primer entrenamiento en Calama yo miraba y pensaba: ‘No puedo creer que estoy acá’. Fue súper bonito”.

– ¿Y cómo fue tu adaptación a la altitud de Calama (2.400 metros sobre el nivel del mar)?

– “Llegué desde Arica, playa, y en el primer entrenamiento estaba ahogado al máximo. Me costó casi dos meses adaptarme. Una cosa es ir a Calama,  tal vez no sientes nada, pero otra cosa es entrenar allá… Cuando subo de Antofagasta a Calama no pasa nada, a algunos les duele la cabeza, pero cuando estás arriba y tienes que entrenar todos los días a la par de tus compañeros, es algo que no puedes controlar. Las piernas te quedan como gelatina, los brazos se vuelven pesados, cuesta respirar. Uno termina muerto”.

– Cobreloa descendió en abril de 2015, ¿qué sientes hoy al verlo en Primera “B”?

– “Tantos años, tanto historia y el club todavía no puede ascender. Ahí uno sopesa lo que fue haber estado en Cobreloa y lo difícil que resulta mantenerse a ese nivel. Uno cree que después de un año va a subir de inmediato, pero no es así. La Primera ‘B’ hoy es súper complicada. Yo estuve tres años en la categoría y es otro fútbol, muy intenso, tal vez más desordenado pero siempre dentro de lo táctico y con jugadores que están dispuestos a dar todo para sobresalir y poder subir”.

“CLAVITO” Y SALAH

– ¿Qué técnicos te marcaron en el profesionalismo?

– “Uno siempre se acuerda del primer técnico que tuvo y en mi caso fue Hernán ‘Clavito’ Godoy. Me marcó porque me dio el temple que necesitaba para llegar a Cobreloa. Cuando llegué del barrio a la Primera ‘B’ en Arica, él me trató a la par de los adultos. Todos saben que es muy duro para dirigir, si tiene que putearte, lo va a hacer y le importa poco si te afecta o no. Entonces, eso me hizo entender por qué yo estaba ahí. El ‘Clavo’ es todo un personaje del fútbol y doy gracias a Dios, que lo tuve como técnico. Incluso diría que hasta me trató bien en comparación a los juveniles que por esa época estaban en el club”.

“El otro que me marcó fue Arturo Salah, por su profesionalismo. Siempre aconsejaba, a los más jóvenes les decía que se cuiden, que la carrera es corta y después nadie se va acordar. Eso fue lo que más me impactó de él. Nos decía que el fútbol es una profesión tan importante como otras y hay que darle el respeto que se merece”.

– En su momento Salah reconoció que se había equivocado contigo y hasta quiso recomendarte con su amigo Manuel Pellegrini.

– “Fue el técnico que más me hizo jugar a mí en Cobreloa y una vez me confesó personalmente que se había equivocado en no haberme dado minutos en la Copa Libertadores. Me dio sus motivos y qué le iba a decir yo, si para mí fue como un padre futbolístico”.

“Incluso cuando ya se supo que él no seguía en Cobreloa fui a su casa a despedirme de él. Dijo que no me pudo dar más minutos porque tenía que apoyar a los jugadores que él había llevado para jugar la Copa, algo totalmente válido. Y ahí me comentó que Pellegrini estaba en Ecuador (donde terminó siendo campeón con Liga de Quito) y me ofreció recomendarme para que pueda ir allá”.

“Pero yo tomé la decisión de quedarme a lucharla en Cobreloa y obvio que me arrepiento… Quizás hubiese dado un vuelco a mi carrera profesional. Es que después llegó (Oscar) ‘Cacho’ Malbernat y terminamos yéndonos varios jugadores, entre ellos Marcelo Miranda, ‘Chamaco’ Silva y ‘Heidi’ González”.

INGENIERO LATORRE ¿Cómo es hoy la vida laboral del ingeniero Latorre?

– “El 2006 empecé a estudiar en la Umag la carrera de pedagogía en educación física, pero sólo hice dos semestres y congelé porque nos vinimos al norte. Después estudié para técnico de nivel superior en dibujo de arquitectura y obras civiles y luego empecé a trabajar acá en Antofagasta en Salfa, pero el rubro era distinto y para poder optar a un cargo superior tomé la decisión de estudiar ingeniería industrial y me titulé en la Universidad Arturo Prat”.

“Quiero seguir desarrollándome en construcción,  arquitectura, me gusta mucho seguir aprendiendo. Hasta diciembre del año pasado estuve ejerciendo durante 13 años en Salfa pero hoy con esto del Covid-19 me encuentro sin ‘pega’, he tirado algunos currículos y sólo queda esperar. Nunca pensamos que podía pasar algo así”.

– ¿Ganaste plata en el fútbol?

– “Es ahí donde uno se cuestiona las cosas. Yo nunca separé el tema económico con la ilusión y el deseo cumplido de jugar fútbol profesional. Cuando eres jugador libre puedes negociar tus contratos y vas a ganar mucho más, pero cuando me traspasaron de Arica a Cobreloa el único que ganó plata fue Arica. A mí sólo me ofrecieron arreglarme el sueldo, es decir, si ganaba 300 en Arica pase a ganar 600 en Cobreloa”.

Pero en ese momento no me preocupaba el dinero. Yo sólo quería jugar. Al final estuve ligado a Cobreloa desde los 18 hasta los 24 años. La única vez que tuve la oportunidad de un contrato importante fue cuando estaba la opción de ir a Valladolid de España, donde estaba como técnico (Vicente) Cantatore. El club me lo ofreció, yo dije ‘genial’, pero llegó (Miguel) Hermosilla a Cobreloa, no me dio la posibilidad de seguir mostrándome, tuve discusiones con él, seguramente no habló bien de mí y ahí se cayó la posibilidad de partir”.

“Siempre he dicho que donde más gané plata fue a préstamo en Iquique, especialmente el segundo año. Tenía la posibilidad de quedarme, pero Cobreloa no me dejó y quería retenerme con el mismo sueldo de antes. Al final terminé peleado con medio Cobreloa y me volví a Iquique”.

– ¿Cómo has vivido esta etapa de pandemia? Antofagasta es una de las ciudades más golpeadas del país.

– “Sí. Está bien complicado acá. Gracias a Dios nosotros vivimos en un departamento cerca de la playa en la costanera de Antofagasta y eso nos permite cambiar de aires en medio del encierro. Pero el tema afecta, mis hijos no han podido salir hace meses, desde marzo, entonces ha sido duro. Además está el tema de que me quedé sin trabajo, pero con esto de la pandemia no se puede hacer nada. Llevamos dos cuarentenas totales, con un descanso de dos semanas y ahora tenemos hasta el 10 de julio encerrados, prisioneros en nuestras casas”.

– Siempre mantienes vínculo con Punta Arenas ¿Te gustaría volver para quedarte?

– “Allá están mis viejos (Juan y Marta) y también mis hermanos Juan Carlos (48 años) y Cristián (30), siempre en el Barrio ‘18’. Soy el único que está afuera. Yo debería estar allá (risas)”.

“Así como está el tema de la pandemia nunca se sabe qué puede pasar. Si hay alguna pega allá en Punta Arenas para ingeniero industrial, que me avisen no más y lo pensamos (risas)… La verdad es que hoy día no me cierro a nada. Hay que pensar bien para afrontar de la mejor manera la tercera etapa de nuestras vidas. Veremos en las próximas semanas o meses para dónde ir. Nada me ata aquí a Antofagasta de manera permanente…”.