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Hay Festival

América Latina, en 39 talentos literarios

Por La Prensa Austral domingo 7 de mayo del 2017
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El Hay Festival presenta su canon para el futuro de escritores menores de 40 años, como la
mexicana Valeria Luiselli o la argentina Samanta Schweblin, una década después del anterior.

Tienen menos de 40 años y representan a 15 países de América Latina. Pero su trabajo trasciende la geografía y aspira a coincidir, sin más, con la buena literatura. Sin fronteras.

El Hay Festival anunció la lista de los 39 mejores autores de ficción de la región bautizada como Bogotá 39. Son, entre otros, el cubano Carlos Manuel Alvarez; el ecuatoriano Mauro Javier Cárdenas, los colombianos Felipe Restrepo Pombo, director de la revista Gatopardo, Giuseppe Caputo o Juan Cárdenas; el chileno Gonzalo Eltesch; los peruanos María José Caro, Claudia Ulloa Donoso y Juan Manuel Robles; los argentinos Mauro Libertella o Samanta Schweblin; los mexicanos Valeria Luiselli o Daniel Saldaña París.

Son algunos de los nombres de esta suerte de canon literario, presentado en la Feria del Libro de Bogotá (Filbo), cuya primera selección fue difundida hace diez años en la misma ciudad y proyectó a escritores como Daniel Alarcón, Guadalupe Nettel o Juan Gabriel Vásquez, “ayudándoles a darse a conocer fuera de sus países e incluso del mundo hispano”.

De la crónica a los límites de la ciencia ficción, el Hay Festival ha buscado resaltar “el talento y la diversidad de la producción literaria en la región” que quedará plasmada en enero de 2018 en una antología de relatos o extractos de novelas. Las nuevas voces de América Latina escriben en español, en portugués, en inglés, traducen, trabajan como profesores, editores, periodistas.

El objetivo de esta selección consiste en última instancia en “facilitar la circulación de su obra” con la ayuda de sellos independientes y en alentar su difusión a través de conferencias y eventos en colegios, universidades o centros culturales. La organización pretende así “vincular literatura de calidad con editoriales locales relevantes”. También está prevista una traducción al inglés que publicará la editorial Oneworld.

Los autores elegidos en 2007 fueron los encargados de elaborar una preselección de nombres a los que sumaron las propuestas presentadas por 80 editoriales de grandes grupos e independientes. El jurado, formado por Darío Jaramillo, Leila Guerriero y Carmen Boullosa, tuvo que escoger finalmente entre más de 200 escritores.

“Lo único que se miró fue la calidad”, explica Guerriero, para quien “la conversación con el jurado fue fantástica, de una cordialidad increíble incluso en los desacuerdos”.

Ese es, en el fondo, el único criterio que rige la lista de Bogotá 39. La buena prosa. Una marca que rompe los moldes de la concepción tradicional de las letras de la región.

“Aunque me parece muy interesante que sea una selección latinoamericana porque le da una potencia de representación, la buena literatura no es norteamericana ni latinoamericana”, razona la periodista y escritora argentina.

Pese a que resulta más que complejo trazar un mapa de las inquietudes y las prioridades de una generación, los autores de Bogotá 39 las muestran en buena medida a través de sus obras.

Las temáticas políticas, por ejemplo, se desdibujan para dejar paso al universo de los lazos personales. Incluso, observa Leila Guerriero, en países azotados por el conflicto armado con la guerrilla como Colombia, la dimensión social pasa de alguna manera a un segundo plano. “Sí aparecen mucho los vínculos”.

Los vínculos de pareja o entre padres e hijos se convierten en un terreno para hilar relatos. “Con dos opciones. Una es la autoficción desde la voz infantil. Y la otra es la infancia revisada desde el adulto”.

Del mismo modo, las historias se desarrollan preferentemente en entornos urbanos. “Casi nada transcurre en lo rural, con algunas muy hermosas excepciones”, prosigue la escritora, que destaca en este elenco “la potencia de la voz de las mujeres, con carácter, desparpajo y valentía para la prosa, la experimentación”.

En definitiva, Bogotá 39 celebra una pluralidad de miradas que va más allá de una supuesta matriz identitaria. “Me cuesta mucho pensar la literatura como una sola voz”, dice Giuseppe Caputo, cuya primera novela, “Un mundo huérfano” (Random House) ha sido editada en España.

¿No existe, para un escritor joven, una voz propia de la región?, le consultan. “Me hace esa pregunta e imagino luz pasando por un prisma, luego refractada, reflejada y descompuesta. La luz podría ser deseo de creación. El prisma, el pasado y el presente de cada región. En el caso de América Latina, un pasado y un presente atravesado por la migración y, por tanto, por la hibridez, pero también lleno de experiencias de vida intolerables. La luz refractada, el arcoiris, podría ser el deseo de creación convertida en la diversidad de voces que conforman la literatura. La literatura latinoamericana es infinita”, opina Juan Cárdenas.

“Es un universo completo comunicado con otros universos, así que no creo que se pueda hablar de una especificidad y mucho menos de una familia: esa metáfora del clan cerrado, como de sociedad primitiva, se le queda demasiado corta, no le hace justicia a algo tan vasto”.

“También”, continúa Caputo, “me cuesta mucho pensar la literatura en términos de familia, al menos en términos de familia biológica o de familia tradicional”.

“Me parece que ese modelo está en desuso y que es la bandera que está alimentando los nuevos fascismos”, dice en referencia a la pertenencia a una comunidad literaria latinoamericana.

“Mucho más interesante pensar en la creación de otras comunidades, comunidades que se alimentan de otras tradiciones. Para mí, la literatura es eso: poder crear diálogos y comunidades diversas y extrañas. Trascender los lazos biológicos, poder salirse de la casa de la infancia”.

¿Y el futuro? “El futuro de la literatura latinoamericana solo puede estar en un astuto reposicionamiento de las distintas piezas que conforman su tradición”, agrega Cárdenas. “La tradición se sueña, se proyecta en el tiempo, como una imagen siempre nueva del pasado”.

El País