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“Antofagasta no es ni será la misma”

Por La Prensa Austral lunes 11 de junio del 2018

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Rodrigo Ramos Bañados desentraña los problemas que los cafeteros sortean, a través de la historia de una familia que aterriza en el norte del país escapando de la guerrilla y en busca de mejores oportunidades.

Jean, un joven proveniente de Colombia, llega a Chile en compañía de sus padres y hermanos con la esperanza de encontrar nuevos aires lejos de las balas, la sangre y los enfrentamientos armados que ocurren en su patria.

La familia aterriza en el norte, específicamente en la ciudad de Antofagasta, un sector que para los inmigrantes del país cafetero tiene fama de ser algo así como la “tierra prometida” gracias a la minería, motivo por el que cerca de 29 mil colombianos se han asentado en la región.

Pero los sueños pueden verse desplazados cuando una sociedad local conservadora y racista, intenta imponerse sobre los miles de inmigrantes provenientes de Colombia que deciden instalarse allí. En “Ciudad Berraca” (Alfaguara, $12.000), el periodista Rodrigo Ramos Bañados desentraña la realidad que viven esta ola de extranjeros, cómo han tenido que lidiar con la discriminación y los cambios culturales, sociales y económicos, que su presencia ha generado.

Su título, “berraco”, alude a la jerga cafetera que se utiliza para describir una situación que es difícil o para referirse a alguien que no le teme a nada.

Ramos Bañados dice a Emol que construyó este relato de ficción en base a dos hechos que conoció ejerciendo su labor de reportero en el diario El Mercurio de Antofagasta. La inquietud de realizar esta radiografía a la ciudad que más inmigrantes colombianos acoge en Chile, fue por la historia “de una familia que llegó con una niña que en su cabeza mantenía insertada una esquirla de bala. En esa familia se concentraba el drama de los desplazados que llegaban a Antofagasta, buscando una vida más segura y en paz”.

En esta entrega, el escritor mezcla este caso de la vida real con un encuentro futbolístico efectuado en Barranquilla, en 2013, y que generó enfrentamientos entre chilenos y colombianos. La prensa de la época designó el hecho como “la batalla de Antofagasta”, “por los incidentes post partido”. “Desde mi percepción esas riñas fueron las que derivaron en una protesta xenofóbica en la plaza del Mercado (…). Rescaté el contexto en Antofagasta, del partido entre Chile y Colombia que empataron a 3, de las eliminatorias para el Mundial de Brasil en el desenlace de la novela porque simboliza bien el clima de tensión”, añade el autor.

El fantasma de
Pablo Escobar

No importa si son de Cali, de los alrededores del Valle del Cauca, Pereira o Medellín. Lo que une a los colombianos son los prejuicios que hace la sociedad chilena de ellos. El fantasma de Pablo Escobar, uno de los narcotraficantes más poderoso de todos los tiempos, es una carga que les pesa. Para el antofagastino, en general, Colombia y su gente es sinónimo de narcotráfico.

Pero el periodista suma que otros de los prejuicios -y que están presentes en esta obra- es que “las colombianas de tal shopería se prostituyen. Que hay prestamistas que si no les pagas, te cortan. Pregunté en un taxi colectivo por los colombianos. Lo más absurdo fue cuando un ex intendente en el anterior gobierno de Piñera, dijo que las colombianas le quitaban los maridos a las antofagastinos, y eso afectaba a las familias. Los prejuicios son transversales”.

“Entre los colombianos blancos también hay prejuicios contra los colombianos negros. El manejo de los medios de comunicación tampoco aporta mucho para disolver los prejuicios, muchas veces se destaca la nacionalidad cuando alguno comete algún delito”, suma.

Refugio religioso

Rodrigo sostiene que en su relato hace hincapié en lo engorroso que resulta para esta comunidad hacer trámites legales, dejar los niños en Colombia para encontrar un trabajo en Antofagasta “y saber que no podrán verse por meses o hasta años”. Agrega que uno de los principales refugios en los que los inmigrantes buscan consuelo es a través de la espiritualidad y que son “las iglesias evangélicas las que tienen bastante miembros colombianos”.

Finalmente, el mensaje de “Ciudad Berraca” es un llamado a ver y a aceptar que Chile está cambiando. “Se me viene a la mente la película ‘Gran Torino’ (2008) de Clint Eastwood, que es el de conocer al vecino que se tiene al lado, su historia de vida”, compara. “No se puede estar reclamando que el vecino mete bulla toda la semana, o mantener una actitud bélica. Hay que aprender a convivir. Antofagasta ya no es la misma de hace 15 años, ni será la misma”, concluye.

Emol