Necrológicas

“Hay un sentimiento de frustración en los jóvenes de que la educación no ha mejorado”

Por Carolina Ruiz martes 14 de junio del 2016

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El ex dirigente estudiantil Julio Isamit Díaz estuvo en Magallanes para encabezar el lanzamiento de su libro “Educación: una transformación pendiente. Pingüinos, patines y gratuidad”, donde intentó plasmar una perspectiva de los diez años de la discusión educacional que ha tenido Chile.
“Lo hago porque creo que hay miles de jóvenes que tienen que escuchar voces distintas, que no hay una sola visión en educación y que la lucha por una educación mejor sigue siendo totalmente válida y actual, no es una cuestión de hace diez años. Esto uno lo dice con tristeza, porque por desgracia, diez años después de ‘los pingüinos’, hay que seguir luchando por una educación de calidad”, manifestó.
– ¿Cómo evalúa los avances y retrocesos de la concreción de las demandas estudiantiles en estos diez años de movilizaciones?
– “Me gusta tener una visión realista de la educación, donde se pueda ver el vaso ‘medio lleno’ y también el ‘medio vacío’. Hay cosas de las cuales nos podemos sentir orgullosos, como que en el primer gobierno de la Presidenta Bachelet se creó la Superintendencia de Educación y la Agencia Nacional para la Calidad de la Educación y que en el gobierno del Presidente Piñera se crearon los Liceos Bicentenarios y la Beca Vocación de Profesor. Creo que son cosas muy relevantes para mejorar la calidad de lo que pasa en la sala de clases. Pero en ese vaso ‘medio vacío’, yo veo con mucho pesar y soy muy crítico de las reformas impulsadas por el gobierno en materia educacional, porque creo que no apuntan al foco de lo que nosotros queríamos, que era la educación de calidad en la sala de clases y hoy el gobierno está más concentrado en ver cómo se van a administrar los colegios. Por lo tanto, estuvimos dos años y medio discutiendo la gratuidad universal, que hoy ya es una ilusión, porque el mismo gobierno ha reconocido que no tiene los recursos para financiar la gratuidad en la educación superior, y también estuvieron años discutiendo si los padres tenían que dejar de aportar con la educación de sus hijos a través del copago y hoy, que no hay recursos, eso se hace cada vez más complejo. Entonces, ésa es otra razón de por qué escribí el libro. Estar dos años y medio discutiendo cosas accesorias y que de nuevo lo esencial saliera del panorama de la discusión y volviéramos a estar solamente concentrados en temas administrativos”.
– ¿Cómo ve el rol que están jugando los ex dirigentes estudiantiles que han llegado al Parlamento?
– “Yo ahí también tengo una visión doble, porque por un lado me alegro que gente joven llegue al Parlamento y encuentro que son un aporte en la renovación y regeneración de la política. Me gusta la valentía con que se encaran los temas. Pero al mismo tiempo, creo que hay un montón de jóvenes que no se sienten representados por las visiones de Boric o Jackson y es relevante que se creen alternativas políticas igual de valientes, jóvenes y renovadoras, pero con ideas distintas y que, en el fondo, presenten la alternativa, porque los jóvenes pensamos de manera muy distinta y la sociedad es muy diversa. Y por tanto es bueno que esa diversidad también se manifieste en el Congreso”.
– ¿Y cree que ellos están jugando un rol importante en el sentido de plasmar lo que se buscaba en la ‘Revolución Pingüina’?
– “Aquí insisto en que no hay una sola voz de los jóvenes. Entonces, efectivamente, ellos han asumido una bandera de las más estatistas en materia educativa y en cambio, creo que han abandonado otras tremendamente importantes. Por ejemplo, a mí me toca recorrer Chile y conversar con gente, y yo noto el malestar que existe en miles de estudiantes por haber sido excluidos deliberada y arbitrariamente de un financiamiento más justo. Hoy hay estudiantes que van a universidades estatales y estudian gratis y otros que van a privadas y estudian gratis. Y lo que se pedía era que todos los estudiantes más vulnerables del país tuvieran acceso a ese financiamiento y no que el Estado les dijera dónde tenían que estudiar para recibir esa ayuda estatal. Por lo tanto, creo que por desgracia, los líderes estudiantiles que hoy están en el Congreso, hicieron muy poco para que los estudiantes de universidades privadas, o de CFT o de institutos profesionales accedieran a la gratuidad, porque a veces están más empeñados en que a las universidades estatales les llegue más plata. Yo soy partidario de que el Estado tenga universidades de calidad y bien financiadas y si tiene que destinar más plata a sus universidades, que lo haga, me parece justo. Pero eso no puede ser a costa de las universidades privadas, porque ‘raya para la suma’, cuando se le quita plata a las privadas, en realidad a quienes están perjudicando es a los estudiantes que libremente decidieron estudiar ahí y que en muchas regiones son la única alternativa que tienen”.
– ¿Cómo ve el rol que hoy están jugando públicamente los jóvenes, en lo que son sus demandas?
– “Hoy tenemos un sentimiento de frustración muy grande en los estudiantes de Chile. O sea, ¿por qué en las marchas se está convocando a 10 mil, 20 mil ó 30 mil jóvenes? Porque hay un sentimiento de frustración en los estudiantes de que la educación no ha mejorado, que yo comparto. Y el libro nace de eso, de saber que hay gente más empeñada en perjudicar a los colegios subvencionados que en mejorar los colegios públicos, o bien de que cuando a la hora de financiar preferimos a uno en desmedro del otro, cuando perfectamente, podríamos haber dicho un 40% en vez de un 50%, pero de todas las instituciones, cosa que ninguna persona que lo necesitara quedara fuera de un sistema más justo de financiamiento. Entonces, entiendo ese sentimiento de frustración. Pero lo que no puedo compartir, es el camino un poco más extremo y violento que muchos estudiantes -no todos, porque no hay que generalizar y meter a todos en el mismo saco- asumen, con una voz más radicalizada y, al mismo tiempo, más violenta. Y por desgracia, en Chile hay muchos estudiantes que creen que la violencia es un método legítimo de participación o expresión política. Yo no comparto esa visión. Ayer (jueves) vimos la peor cara de esa violencia, no solamente en la destrucción de un Cristo, que con razón indigna a los chilenos, pero también indigna que se destruyan kioscos, que las mismas personas en Santiago tengan que, todas las semanas, estar soportando marchas y que les destruyan su medio de trabajo, estar encerrados. Yo creo que hay que ser muy cuidadoso. Lo cortés no quita lo valiente y al mismo tiempo, las formas son tan importantes como el fondo. Y hay una demanda que es legítima, pero que a veces termina deslegitimándose por culpa de estos actos violentos y extremos”.
– Usted representa a un sector de centro-derecha. ¿Cómo ve el aporte que ha efectuado ese sector político a lo que son las demandas estudiantiles?
– “Yo estoy muy orgulloso de pertenecer a Chile Vamos. Soy miembro del Consejo Político de Chile Vamos, soy coordinador de un movimiento político que se llama Republicanos, que está adscrito a Chile Vamos, y eso se justifica por dos cosas. Primero, porque hemos creado un movimiento político nuevo de centro derecha, partidario de la justicia y la libertad, y lo hemos hecho, entre otras cosas, por la educación. La lucha por la educación también tiene una manifestación política. Un trabajo se hace en las calles, otro en los centros de estudios, otro en las universidades, pero también para mejorar la educación necesitamos gente metida en política que tenga esta convicción. Y por eso, un grupo de jóvenes decidimos dar un salto a la política. Y en segundo lugar, porque la centro derecha en esto tiene cosas positivas, como que en el gobierno del Presidente Piñera se hayan creado los Colegios Bicentenarios y la beca Vocación de Profesor, porque creo que van al núcleo del problema educacional, que es dar más oportunidades a los más pobres. Yo quiero que toda la educación pública sea buena, pero mientras nos demoramos en mejorarla, estos liceos bicentenarios especiales son vías rápidas de movilidad social y tremendamente útiles. (…) Y al mismo tiempo, creo que en la centro derecha, lo que más falta hoy, es levantar una agenda transformadora en educación. Yo he dicho en varias ocasiones que tenemos que llegar al gobierno para deshacer esta reforma que es injusta, pero no basta con deshacer lo que se ha hecho, sino que hay que proponer cuál es el camino, y eso pasa por aumentar la subvención escolar, por empoderar a las familias, por ver cómo hacemos que las familias exijan más. (…) Y nuestra visión de una educación descentralizada también tiene que manifestarse”.