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Historiador Gabriel Salazar: “Hoy los políticos pesan lo mismo que un paquete de papas fritas”

Por Agencias lunes 17 de agosto del 2015
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Un riguroso estudio sobre la clase dirigente chilena acaba de presentar el académico Gabriel Salazar (Santiago, 1936), Premio Nacional de Historia.
Se trata de “La enervante levedad histórica de la clase política civil (Chile, 1900-1973)” (Editorial Debate), un libro de 1.130 páginas donde además analiza su relación con la ciudadanía –el otro gran actor del texto- y la cruza con su propia biografía personal, mientras deja en evidencia la grave crisis de representación que vivimos desde ya algunos años.
Partió como una aristocracia, siguió como una oligarquía y terminó convertida en una “clase intrusa” que no opera como representante de los intereses soberanos del pueblo, sino como una máquina dedicada a perpetuarse a sí misma en el poder y en el enervante goce de los privilegios asociados a éste. Así define Salazar a la clase política civil chilena, focalizando este monumental estudio de tres décadas en el siglo XX, pero yendo al pasado y viniendo al presente con la libertad del ensayista.
Como contraparte a esta anatomía del político profesional, escrita con irreverencia fundamentada, Salazar expone las reacciones que se han suscitado en el último tiempo, como la “ciudadanización de la política” expresada en los movimientos sociales.
Se trata de un ensayo deslumbrante, con un sólido apoyo en documentos, testimonios, cifras y archivos, con una gran solvencia intelectual y con asombrosa soltura literaria, que permite mirar el presente “desde una perspectiva de larga duración”, otorgándole al desmoronamiento político actual una lectura tan aguda como clarificadora. En palabras del autor, son el resultado de tres décadas de investigación y dos años de escritura.
Un estorbo
Para Salazar, todo partió con su militancia en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, donde estuvo entre 1970 y 1979. En su estudio sobre las clases populares y el proyecto político que debían proponer para reemplazar el vigente se dio cuenta de que “no sólo el capitalismo era un estorbo para el desarrollo de Chile, sino la mismísima clase política”. En esa conclusión está el origen de este libro.
“Por eso me animé a escribir este libro cuando ya había examinado la historia social de Chile, la historia económica, la historia de los empresarios”, etc. “En rigor es un libro que comenzó a plantearse la pregunta por allá por 1970, que se fue ampliando, ramificando, y comencé a responder con distintos estudios, investigaciones, artículos, libros, en fin, hasta que tuve todo el material necesario para escribir este libro”.
El historiador agrega que su extensión se debe a que es “una triple historia, porque implícitamente es la historia de la clase política, pero no puede hacer historia de los políticos sin tener a la vista la ciudadanía, que es el segundo actor de este libro, con su dramática historia. Y por último tienes en el fondo mi propia historia como sujeto político”, mientras de paso reconoce no buscaba escribir una historia “objetiva, imparcial”.
“Yo voy a hablar desde la ciudadanía, mirando la clase política, lo más científicamente posible. Por eso está lleno de testimonios, fuentes, documentos. En Chile nunca se había hecho un estudio sobre la clase política. Todos los libros sobre historia política en Chile son sobre los gobiernos, los partidos, los parlamentarios, los presidentes y las leyes”.
Caracterización
“En términos generales se habla de clase política desde el momento en que los representantes del pueblo se profesionalizan en el cargo, no son evaluados, con lo cual no son responsables ante nadie, cuando no se les revoca el cargo y se convierte en una profesión casi vitalicia, la misma razón por la cual empiezan a desarrollar un espíritu gremial y ya no responden frente a la ciudadanía sino a intereses propios y adquieren la capacidad de autorreproducirse”, explica el académico, una caracterización que data de principios del siglo XX.
Salazar asegura que en Chile claramente “nunca hemos tenido una clase política representativa”. “Durante al menos 130 años, la oligarquía que gobernó Chile no fue electa, sino que al revés, ella manejó sus propias elecciones, a veces brutalmente. Todo el aparato electoral estaba manipulado por ellos”. Esto explica uno de los epígrafes del libro, que cita al aristócrata Luis Orrego Luco, que ya en 1915 señalaba que “en nuestra ilusiones no podíamos convencernos de que no tuviéramos ciudadanos”.
Esta manipulación terminó en los años 40, pero mediante la institución del voto individual, el cual distorsiona la voluntad popular porque, en su opinión, esta reside en las asambleas ciudadanas y comunales, como aquellas que existieron en la época colonial (los cabildos, destruidos por Diego Portales) y los albores de la República (con las mutuales, disueltas por el Código Laboral de 1981) y que en la actualidad han vivido un renacimiento, como lo muestran las asambleas de estudiantes secundarios. “Si no hay un colectivo que delibere, no hay soberanía”, sentencia. “Cuando el individuo vota, no delibera”.
Esta situación le viene como anillo al dedo a la clase dominante.
“Los políticos saben jugar con el hecho de que el voto individual no sea soberanía, porque venden la imagen, el proyecto. El individuo que vota, vota por una promesa, no ejerce mandato”, expresa. Como la promesa no se cumple en la mayoría de los casos, a juicio del historiador, el político “ha ido perdiendo credibilidad, confianza”.
“Hoy los políticos pesan lo mismo que un paquete de papas fritas. Ni uno está a la altura de lo que se está viviendo, ni siquiera la presidenta Bachelet. Creen que graduando todo, postergando todo, transformando las reformas que hay que hacer en un chicle que se alarga, van a ganar prestigio en la base ciudadana, cuando es todo lo contrario”.
Aún así, admite que, aunque sea una minoría, hay una parte de la ciudadanía que sí cree en los políticos y por eso los vota. “Siempre hay gente que sabe que si vota por un político, que lo conoce, que es de su tendencia partidista, va a ver posibilidades de protección”, dice.
En Latinoamérica
Otra de las características de la clase política local, según Salazar, es su mayor desarrollo en relación a sus pares de América Latina, sólo comparable con Uruguay. Esto se debería a que el sistema de partidos políticos tuvo un mayor desarrollo relativo, con numerosas organizaciones y enorme dominio. En comparación, en Argentina más que partidos hay movimientos (como el peronismo), al igual que en Brasil, con el Partido de los Trabajadores, según Salazar.
“Por eso la clase política chilena ha sido hegemónica. En ningún otro lugar surgió una oligarquía como la nuestra, que logró controlar el Estado” y gestionarlo para perpetuar esa situación “y reproduciéndose como clase hegemónica”. Como tal ha sido responsable de las tres Constituciones que ha tenido Chile (1833, 1925 y 1980), ninguna de las cuales ha sido fruto de la voluntad popular.
El rol de clase dominante lo ocupó una oligarquía mercantil y comercial (y no latifundista ni industrial), apátrida porque su vinculación es más con el comercio extranjero que con el productor local, según el académico.
Levedad histórica
En tanto, el término de “levedad histórica”, Salazar lo tomó prestado, de alguna manera, de la famosa novela del checo Milan Kundera, “La insoportable levedad del ser”.
“El libro está escrito desde el ciudadano, la ciudadanía”, explica Salazar. Lejos de una mirada inocua, “miro a mis representantes, que son la clase política, para ver cómo han resuelto o no los problemas que nosotros le planteamos, y el resultado es que nunca han resuelto ningún problema de fondo. Por algo se está buscando cambiar la Constitución, la reforma de la educación, la reforma tributaria, la reforma de los municipios, porque no se ha hecho el trabajo”.
“¿Cuál ha sido el papel de la clase política dominante por 200 años? Como no han hecho nada de fondo, concreto, su rol histórico es liviano. Por eso la palabra ‘levedad histórica’”.
Frente a la posible afirmación de que la clase política podría argumentar que ha convertido a Chile en un ejemplo en América latina, Salazar es tajante en rechazarla.
Desmiente la supuesta “estabilidad” histórica, recordando los numerosos motines, guerras civiles y golpes militares ocurridos. “Llaman estabilidad a su propia reproducción en el Estado”, señala.
Tampoco otorga crédito al progreso económico, que ha hecho que Chile sea más rico que hace 50 años. “Quienes han desarrollado a Chile no ha sido la clase política, sino el extranjero”, en alusión a que el 95% de los bienes son importados mientras Chile siendo básicamente un exportador de materias primas.
“Eso no es desarrollo, es consumismo”, el cual a su vez se hace sobre la base de la deuda, principalmente las tarjetas de crédito. ¿”Eso es desarrollo, es modernización?”, se pregunta. Eso explica una cita del historiador Francisco Antonio Encina, según la cual los chilenos somos “civilizados para consumir, pero bárbaros para producir”.

Fuente: El Mostrador