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La intendencia también rindió homenaje a Marino Muñoz Lagos

Por La Prensa Austral miércoles 22 de julio del 2015
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Una semana a todo homenaje a vivido el poeta Marino Muñoz Lagos, que sencillo como es, se ha tomado todo esto con tranquilidad y gratitud. Primero fue la distinción como Hijo Ilustre de Punta Arenas, que le entregó el municipio, y ayer, fue el turno de la intendencia, que le rindió un homenaje en el salón plenario Nelda Panicucci.

Hasta ahí llegó Marino Muñoz Lagos, como siempre, acompañado de su esposa, Eulalia Agüero, y por su hijo, Marino Muñoz Agüero, además de su nieta, Magdalena. La familia fue recibida por el intendente Jorge Flies, y por las demás autoridades que asistieron al acto, entre los que se encontraba la gobernadora Paola Fernández; el seremi de Gobierno, Baldovino Gómez; la directora regional del Consejo de la Cultura y las Artes, Elena Burnás; la seremi de Educación, Margarita Makuc; y el rector de la Universidad de Magallanes, Juan Oyarzo.

El homenaje se inició con la lectura del poema “Donde comienzan las distancias” y tras las palabras de bienvenida del intendente, Marino Muñoz Lagos expresó su gratitud “por estar al lado de una persona como nuestro intendente, a quien conocemos tantos años y por quien al mismo tiempo sentimos una larga amistad. Cuando uno hace esta clase de amistad, que es parte de este tremendo grupo de gente que nos une y hace saludarnos por la mañana, casi sin saber cómo nos llamamos”, partió recitando prácticamente. De ahí contó que a Jorge Flies lo conoce desde que tuvo un accidente “y él tuvo la gentileza de curarme una herida”.

Marino Muñoz reconoció que “no soy una persona muy habituada a decir discursos, porque no he sido ni político, ni deportista ni aficionado a ciertas cosas (…) yo no pensaba ser profesor primario, pensaba ser un vagabundo más que iba a mirar los trenes a la estación de Mulchén, un pueblecito que según los libros que uno leía, se llamaba ‘gente del oeste’, porque somos hijos de esa tierra maravillosa que es del pueblo mapuche, tremendos, grandes, luchadores; hermosas sus mujeres, homéricos sus hombres, grandes sus territorios donde crece la araucaria, donde comimos piñones en el invierno, porque no había otra cosa que comer”, relató el poeta ante una audiencia que lo escuchó en respetuoso silencio.

El poeta y profesor de la Escuela Normal Rural Experimental de Victoria agregó que “nunca me enseñaron un poema en la escuela, los aprendí solo, por el amor que uno siente por el hombre, la mujer, el niño, el vagabundo que camina junto a los rieles de los trenes del sur. Agradezco a ustedes por venir a escucharme y a sentirme otro chileno más, otro magallánico más”, finalizó.

Tras recibir el aplauso de los asistentes, Marino Muñoz Lagos, el intendente Jorge Flies agradeció sus palabras, expresando que, en el marco de la reforma educacional que está tratando de impulsar el gobierno, “es importante tener pilares o cimientos como Marino Muñoz Lagos; tener los ejemplos de un profesor normalista como él, que tanto añoramos, es lo que el país quiere recuperar. Aquí hay 90 años que reflejan nuestra realidad”, concluyó la primera autoridad regional.

Marino Muñoz Lagos asentía cada tanto, sin manifestar mucha emoción. Fue su hijo, Marino Muñoz Agüero, quien expresó el sentir de su círculo más cercano: “El es un hombre muy sencillo, le cuesta hablar de estas cosas. Se dedica a leer, a escribir, escucha tangos y hablamos de muchas cosas. Paradojalmente, es muy poco lo que hablamos de esto, lo que nos comenta que siente es que para él, esto es un trabajo como cualquier otro, con horarios, no se cree cuentos de musas ni otras cosas; él escribe porque siente que es un trabajo y una ruta de vida”.

El cierre del acto tuvo a la nieta del poeta, Magdalena, leyendo los versos de “Aquí nos despedimos”: “aquí os dejo, amigos míos; cuesta irse de pronto, apretarse las manos; preguntar por los muertos y beberse el trago del estribo. A mí me esperan lejos, en una ciudad de mar y nieve; que hace crecer sus humos cielo arriba. Voy a dormir de cara a las estrellas y en mitad de los sueños, invitaré a mi hijo a mirar por la ventana. Y un soplo violento de luz, golpeará nuestros rostros en la gran alegría del mañana”.