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Teatro callejero, música e historia se unen en estreno de obra Oro Negro

Por Cristian Saralegui miércoles 8 de febrero del 2017
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Meses de intenso trabajo han tenido los actores de la agrupación de creadores escénicos La Juana, para dar forma a la obra Oro Negro, que trata sobre la historia de la explotación del petróleo en Magallanes y que fue financiada por aportes del Fondo Nacional de las Artes, Fondart, convocatoria 2016. Toda esa preparación se podrá ver desde hoy miércoles en el gimnasio de la Anef (Pedro Montt 940) donde a las 20 horas se realizará el estreno de esta puesta en escena, con funciones que se extenderán hasta el domingo, todas con entrada liberada.

El elenco está conformado por Andrés Guzmán, María Paz Calabrano, Raika Bradasic, Nitzamé Mayorga, Carolina González, Juan Manuel Herrera y Manuel Orellana

El director de la obra es Martín Erazo, conocido por su labor en la compañía La Patogallina, de la cual es fundador, mientras que Paula Barraza es la asistente de dirección. “El montaje lo iniciamos en agosto, así que son casi seis meses. Las últimas semanas, se empieza a apretar todo y las horas de trabajo son cada vez más, pero es como lo normal dentro del proceso. Esta es una creación colectiva en torno a la historia del petróleo, pusimos un personaje que es el Pampino, y como que en él se reflejan los temas de la ambición, la explotación de la naturaleza, pero sobre todo la ambición, que es el tema de la obra”, adelantó Erazo.

Esta obra es para todo público, ya que los distintos rangos etarios pueden encontrar elementos atractivos. “Este tema de la ambición está puesto de una manera súper lúdica, tiene imágenes, porque está en clave de teatro de calle, por más que se haga dentro de un gimnasio, pero es teatro de calle, con toda la impronta que eso significa, construcción de imágenes, reciclaje, la historia es comprensible para todo el mundo, no busca ser abstracta, sino que va directo al contacto con el público. Son ocho actores, un técnico de escena y tres músicos en vivo, que forman una obra muy energética, con mucho juego, la imagen poética siempre es a través del juego; entonces para el público es muy atractivo este formato y además es una historia bastante reconocible. Tiene mucho trabajo con objetos, muñecos, la historia tiene varias lecturas”, explicó Martín Erazo, quien además destacó las dependencias del gimnasio de la Anef, porque “hay una historia acá que se corresponde con lo que estamos contando”.

El gimnasio espera recibir a cerca de 200 personas por función, y después de Punta Arenas, la idea es llevarla desde la región hasta otras zonas del país, e incluso postularla a festivales en el extranjero.

A cargo del diseño y producción técnica de la obra está Cristóbal Ramos, quien explicó que su labor es “ver todo lo que es la visualidad de la obra, los referentes del punto de vista visual. Es primera vez que trabajo con esta compañía, pero había venido antes por el festival Cielos del Infinito. Yo veo el diseño de escenografía, vestuario, utilería y los efectos especiales, que se usa en el lenguaje callejero porque no usamos iluminación, sino que vamos a alumbrar el espectáculo; son los lenguajes específicos del teatro callejero. Y de ahí elaboramos una idea general, basado en referentes y propuestas cruzadas, estéticas, visuales. Hicimos un equipo de diseño con gente de acá. Generalmente cuando se habla de teatro callejero se piensa que está desprovisto de elementos, como vacío, pero en realidad, busca la espectacularidad y por ende requiere mucho trabajo y disciplina, es un teatro muy físico y visual, porque como la palabra está ausente, la música, visualidad y gestos pasa a ser lo más determinante”, puntualizó Ramos.

Uno de los aspectos fundamentales de esta obra es la música, ya que como explicó Cristóbal Ramos, “como no hay texto, la música pasa a ser el ‘dramaturgo’ y a llevar el hilo de esta historia”.

Y los responsables de ambientar y definir los momentos de la obra son los músicos magallánicos Jonathan Albornoz (guitarra y efectos), Pablo Martin (teclado y guitarra) y Juan Trujillo (batería). “Es teatro mudo, entonces la música abarca más, para darle una emocionalidad a cada segmento”, partió comentando Trujillo, mientras que Pablo Martin añadió que “tenemos un concepto general que plasmamos a través de la música, en cuanto que llevamos la narrativa de cada una de las escenas y las intensidades; básicamente manejamos las intensidades de cada escena”. “Sacamos referentes de música y hay influencias en lo que hacemos, son como 40 minutos de música, es una composición nuestra, como si fuera un disco conceptual”, expuso a su vez, Jonathan Albornoz.

Así, los músicos no se detienen en ningún momento, “la idea es que los espacios muertos los llenemos nosotros. Hacer las onomatopeyas de las acciones de cada uno de los actores, hay escenas así, así como otras que son más envolventes, la melodía acompaña una atmósfera; nos balanceamos entre hacer las onomatopeyas de los actores y envolver la escena en su totalidad”.

Esta banda trabaja desde noviembre con la obra, un mundo prácticamente inexplorado para ellos, que se han dedicado a la música, pero en sus respectivos grupos. “La compañía nos solicitó hacer esto, y nos armamos, compusimos, y sobre la escena que hicieron ellos, sobre eso vamos viendo la intensidad. El texto mudo dentro de una escena tenemos que traducirlo a notas y ritmos musicales, y a intenciones”, concluyeron los músicos.

Foto Jaime Haro