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60 mil personas asistieron al Estadio Nacional

The Rolling Stones ofreció una cátedra de rock en concierto en Santiago

Por La Prensa Austral domingo 7 de febrero del 2016
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El famoso símbolo de la lengua, que es un sello de The Rolling Stones, calzó justo para el concierto que presentaron el miércoles pasado, en el Estadio Nacional. Claro, porque Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood, le sacaron la lengua a todos aquellos que les hicieron burlas, aludiendo a su vejez. Los “tatitas”, que apenas se mueven, que estaban para tocar en Fundación Las Rosas, que los sacaron del sarcófago y otras bromas, se repitieron en los días previos a su segundo desembarco en nuestro país, después de aquel tibio debut de 1995.

Pero pese al caos que hubo en la entrada (es inaudito que aún haya problemas de este tipo, tomando en cuenta el precio que se cobra por los tickets), el público disfrutó de una auténtica clase de rock and roll de pura cepa. Poco después de las 21,10 horas, las tres pantallas gigantes dispuestas sobre el enorme escenario, proyectaron imágenes históricas del legendario conjunto. De ahí la bienvenida y el inicio, cómo no, con “Start me up”. Ahí quedó claro que los Rolling estaban más energéticos que nunca, ya que como fue una tónica durante el show, los temas fueron alargados, casi a propósito, para ver quién podía seguirles el ritmo, y la verdad, no fueron muchos. Los asistentes dejaban de saltar y cantar, pero los Stones seguían.

Ya habían pasado temas como “It’s only Rock’n Roll (but i like it)”, “Lets spend the night together” y “Tumbling dice” entre otros, cuando Mick Jagger tomó la palabra. Primero para anunciar la canción ganadora de la encuesta que hicieron a través de sus redes sociales: el público tenía cuatro opciones de canciones y la que obtuviera mayor votación, iba a ser interpretada por la banda. La elegida fue “She’s a rainbow”, que no tocaban hace 18 años.

Pero donde más sorprendió Jagger fue en su comunicación con el público: “es bakán estar acá. Hace 21 años que no hemos estado acá en este estadio y su historia tan accidentada. Veo que ahora hay muchos edificios fálicos”, bromeó. También mencionó que “hemos estado tres días en Chile y hemos estado en muchos sitios culturales. Primero fuimos a la casa de Pablo Neruda, después visitamos el café con piernas y vimos cuatro perros quiltros ¿nos falta algo?”. Más allá de la anécdota, es saludable que un artista se preocupe de saber y averiguar algo del país que visita, y no solamente se suba al escenario a cantar.

Eso mismo sucedió cuando presentó a los integrantes del grupo y a los músicos de apoyo, en la mitad del show. Al guitarrista Ronnie Wood lo anunció como “el modelo original del Pilucho” (por esa escultura que está en la entrada por calle Grecia del Estadio Nacional). Todos se fueron ovacionados, especialmente Keith Richards, que con voz tarrosa dijo “Muchas gracias, Santiago, Chile”. Eso dio pie para que ambos guitarrista asumieran el protagonismo tocando la blusera “You got the silver”. Richards después siguió con “Happy”, y esos riffs sucios que lo han hecho legendario.

Tras la bailable “Miss you”, el concierto fue un vendaval de clásicos, con interpretaciones impecables de “Gimme Shelter”, “Jumpin’ Jack Flash”, “Sympathy for the devil” (donde fueron realmente sus majestades satánicas) y “Brown sugar”, todas con un cierre que se hacía interminable y en el que Richards (que usó unas muy llamativas pulseras que simulaban unas esposas) y Wood jugaban a intercambiarse riffs de guitarra y Jagger no paraba de moverse o haciendo cantar al público. Atrás en la batería, imperturbable, como en toda la carrera de la banda, Charlie Watts. “Son un público la raja”, felicitó Jagger.

Tras un breve receso, las voces del Estudio Coral de Santiago (otra sorpresa que nos tenían preparados los Stones) dieron inicio a “You can’t always get what you want”, tema que acompañaron con solidez. Y de ahí, el tema final, que no podía ser otro que “(I can’t get no) Satisfaction” y ese riff inconfundible que es una canción en sí misma.

Fueron casi dos horas y media, 19 canciones y el público terminó agotado, pero los Stones, como lechuga. Tanto así que cuando el show ya era historia, Mick Jagger se dio el tiempo de llegar hasta la catedral de Santiago para tomarse una foto para el recuerdo. Que alguien les diga viejos ahora.