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Descendiente de pioneros croatas brinda albergue a adultos mayores invisibilizados

Por La Prensa Austral martes 17 de julio del 2018

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Techo, calefacción y comida no faltan para los “huéspedes”

“Yo lo he hecho y lo hago de corazón”, dice emocionado Jorge Brzovic, al sintetizar que tiene el espíritu y las ganas de ayudar a sus “cumpas” a los que nadie más les tiende una mano

Jorge Andrés Brzovic Fuentes, un vecino más bien “quitado de bulla” y retraído, quien hace apenas dos años quedó solo, porque falleció su madre – Josefina Fuentes Müller- que era su último familiar cercano con la que formaba parte de un hogar enclavado en el sector occidental de Porvenir, dice tener una misión en su vida y ésta es ayudar al prójimo que necesita un techo. Sobre todo, si éste forma parte de aquellos que en Porvenir están verdaderamente “invisibilizados”, como mencionó hace un par de semanas Esmeralda Ruiz, la directora del Hospital Marco Chamorro Iglesias en su cuenta pública anual, refiriéndose a los adultos mayores que pasan necesidades, enfermedades y están solos y sin recibir la atención que les debiera brindar el establecimiento, hasta donde no llegan ni quieren llegar, en una ciudad donde el clima hace impensable que sean “seres de la calle”.

El alojado Manuel Cárdenas, de Chiloé, denota con orgullo que su patrón “es don Carlos Larraín (ex senador RN), nada menos”.

Alberga a quienes nadie más ayuda

Brzovic, 55 años, nacido en octubre de 1963 en Porvenir, da cabida en su amplia casana de Santos Mardones esquina Padre Mario Zavattaro, bien raíz heredado de su padre Andrés Brzovic Kuzmanic, a adultos mayores que sufren una de las enfermedades menos gratas y aceptadas para los demás: el alcoholismo. Allí han llegado a vivir hasta ocho personas de tercera edad refugiadas entre sus numerosas habitaciones conectadas por un largo pasadizo, donde obtienen calefacción, agua potable, luz y televisión, comida y sobre todo, la seguridad que al final de su constante caminar por las heladas vías y locales de la capital fueguina, alguien generososamente los acogerá con el respeto y la amistad que no encuentran en otro lugar.

Y es que en su vivienda, construida a principios del siglo XX por su familia paterna pionera Brzovic, que formó parte de una sociedad que por decenios dio vida a distintas actividades económicas, hay una enorme cocina magallánica que conecta a una sólida chimenea, un calefactor a leña en el pasillo que de noche entrega calor a cada una de las habitaciones aledañas, un antiguo televisor a color en el que podrán entretenerse y ver el fútbol, una radio antigua donde escuchan los mensajes y las noticias locales y una despensa siempre bien surtida de víveres. El pan lo hace el mismo Jorge Brzovic, quien también cocina en sus enormes ollas y sirve el plato caliente que necesitan para reponerse sus agradecidos “huéspedes”, a quienes resulta bastante difícil entender lo que dicen, por su condición de salud.

La carne viene del campo, ya que -eso sí- a pesar de ser ancianos en edad y enfermos por la bebida y descuidar su salud- la mayoría trabaja en el campo, de modo regular o “de vez en cuando”, donde siempre “les cae” una pierna de cordero o un cuartito de capón, que llega a las asaderas o las sartenes de la vieja cocina, ennegrecida por el paso del tiempo y de estar tanto tiempo encendida. “Yo lo he hecho y lo hago, lo hago de corazón”, dice emocionado Brzovic por la nota que le hacemos, al sintetizar que tiene el espíritu y las ganas de ayudar a sus “cumpas” a los que nadie más les tiende una mano.

“En mi despensa tengo de todo y siempre es lo primero que abastezco”, asegura el buen samaritano, mostrando parte de sus víveres.

No están gratis

“Después que murió ‘el viejito’ (Luis Godol Nahuelhuaique Coby, de 72 años) hace 10 días ya (once hoy), hay alojados en mi casa solamente dos más. He tenido hasta ocho viviendo conmigo, pero muchos también se han ido al cementerio. ¡Pero no los tengo gratis, no!, yo les cobro, a veces 120 ‘lucas’, otras nada, pero si no quieren, ¡se van pa’ fuera no más!… No, no, es broma, la verdad es que a veces me pagan la mitad, o lo que pueden y si no tienen no importa, aquí la plata es lo de menos”, se retracta.

“De todas maneras creo que estoy haciendo una obra de caridad, porque ellos lo necesitan, no importa lo que estén pasando, yo mismo a veces estoy re’ mal, pero igual los atiendo. No sería justo dejarlos afuera porque no tienen plata. Total, mi familia eran pioneros y como yo, eran yugoslavos, nada de croatas ¡yugoslavos!… Igual no más hinchamos por Croacia en el Mundial”, lanza exultante refiriéndose a la reciente final del Mundial de Rusia.

“¡Perdimos los croatas, qué mala pata!, pero lo dimos todo”, grita el albergado Manuel Cárdenas, desde la cocina, pieza separada del pasadizo del inmueble sólo por una vetusta cortina que alguna vez fue roja. Cárdenas es un trabajador de campo originario de Chiloé, quien confiesa desempeñarse en la estancia Cameron. “Mi patrón es don Carlos Larraín, nada menos”, señala orgulloso, aunque al preguntarle qué tal es como jefe el ex senador de RN y empresario agrícola del mayor predio de Tierra del Fuego, asegura que no sabe, porque no lo conoce más que de vista y es otro el administrador con quien trata en su ‘pega’.

Todo por los amigos

Tratamos de conversar con otro “inquilino” de Brzovic, en una pieza donde hay camarotes que permiten dar cabida hasta a cuatro personas, pero el mismo Jorge no lo pudo despertar, aún cuando le gritó cerca del oído. “Es que estuvimos tomando hasta tarde anoche y después nos vinimos a acostar, pero él no es igual que yo, nada lo despierta, sabes lo que pasa que este cumpa ¡No es yugoslavo!”, justifica riendo. “¿No estará muerto también?”, le preguntamos, y suelta una sonora carcajadas. “¡No, éste es de fierro, no muere nunca, ni siquiera se dobla!”, contesta aún con hilaridad.

Brzovic confiesa ser jubilado por invalidez, muestra su documentación y se debe a que se dislocó un hombro que le impide trabajar, después de estar treinta años al servicio de un ganadero. “¿Para qué voy a trabajar ahora, si estoy en esto y tengo de todo acá en la casa para atender a los amigos?”.

“Acá vivía el viejito (Luis Godol Nahuelhuaique, de 72 años) y yo mismo lo encontré muerto al despertarlo para el desayuno, ¡fue muy triste!”, comenta el anfitrión de adultos mayores desamparados.

 

La invisibilidad general de quienes viven necesidades sociales

Aunque hay un grupo importante de personas, especialmente adultos mayores que viven en solitario o con necesidades, que son atendidos en el Hospital Comunitario Marco Chamorro Iglesias, preocupa un dato del que se carece: corresponde a aquellos vecinos de tercera edad que no llegan al centro asistencial, ni saben que pueden recibir atención adecuada -incluso domiciliaria- de los profesionales de salud y sólo se conoce de ellos y del drama social que viven, cuando fallecen en completo y triste abandono.

Así lo destacó en su reciente cuenta pública anual la directora del nosocomio fueguino, Esmeralda Ruiz, quien detalló que si bien hay 372 adultos mayores (hombres y mujeres) que pasan por distintas situaciones de soledad o de algún tipo de carencia, los cuales son atendidos por la unidad de atención domiciliaria del hospital, hay una población flotante “invisibilizada” en Porvenir. Estos suelen vivir en solitario y su número podría variar desde docenas hasta cientos de personas, de las que lamentablemente no se conocen datos y es posible que pasen grandes necesidades, pero no acceden al servicio público para poder recibir las atenciones que debieran tener.

Fotos Félix Iglesias M.