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A los 81 años murió Fernando de la Rúa, el Presidente argentino del “corralito”

Por Agencias miércoles 10 de julio del 2019
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El ex Presidente argentino Fernando de la Rúa murió a los 81 años, víctima de un cuadro cardiovascular del que no pudo recuperarse. El Mandatario trasandino Mauricio Macri ha confirmado la noticia en su cuenta de Twitter: «Lamento el fallecimiento del ex Presidente Fernando de la Rúa. Su trayectoria democrática merece el reconocimiento de todos los argentinos. Acompañamos a su familia en este momento». El político se encontró mal el pasado 1 de enero. Su corazón estaba muy deteriorado y había sufrido un infarto en mayo, último episodio de una larga serie de incidentes que se inició durante su presidencia, hace 20 años.

De la Rúa no pasará a la historia como él hubiese deseado. Los argentinos lo recordarán como el artífice de la peor crisis económica de la historia reciente de Argentina y el protagonista de su foto más emblemática: la del helicóptero despegando desde la terraza de la Casa Rosada, la tarde del 20 de diciembre de 2001.

Todos los caminos de Argentina conducen a la crisis de 2001, que acabó con 38 muertos en las calles y una sucesión de cinco Presidentes en dos semanas. De la Rúa murió convencido de que poco pudo hacer para evitar la debacle y sintiéndose víctima de una conspiración interna y externa. Hace dos años, en una entrevista con El País de España con motivo de los 15 años de aquella crisis terminal, el ex Presidente sostuvo que fue “un error” la huida en helicóptero, “como todos esos casos en que uno da lugar a una imagen que se convierte en símbolo”. Pero sostuvo que la responsabilidad de su caída fue de la oposición peronista y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los primeros, argumentaba, porque montaron “un golpe de Estado” para derrocarlo. El segundo, porque “decidió no ayudar” cuando Argentina más lo necesitaba.

De la Rúa se retiró de la primera línea de la política tras su renuncia y apenas tuvo apariciones en público. Sus últimos años lo encontraron sumido en el mayor silencio posible, con problemas judiciales derivados de la represión que siguió a las revueltas de 2001 pero siempre convencido de su inocencia.

Sostenía que no era cierto que Argentina estuvo al borde de una guerra civil durante su gobierno. “Eso lo dice (el ex Presidente Eduardo) Duhalde, porque a él le gusta aparecer como el que apagó el incendio. Pero eso lo produjo él, el peronismo armó un golpe de Estado con todas las características. Era más de lo que yo mismo me imaginaba. Casi dos meses antes de que esto se produjera empezó a circular la versión de que el peronismo venía por todo. Yo me enojaba y les decía “quiero información precisa, cómo lo van a hacer”, y nadie sabía nada”, dijo. Cuando se le preguntaba sobre su renuncia prefería hablar de “renunciamiento patriótico”.

La carrera política de De la Rúa fue la tradicional. Se recibió de abogado luego de cursar el secundario en el Liceo Militar de Córdoba, provincia donde había nacido en 1937, y empezó de muy joven a militar en la Unión Cívica Radical (UCR). Tuvo su primer cargo electivo como senador en 1973, durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón. Tras el golpe militar de marzo de 1976 abandonó la política y trabajó como abogado para grandes empresas. Volvió al Senado en 1983, con el regreso de la democracia, y en 1996 dejó su asiento para convertirse en el primer alcalde de Buenos Aires elegido por el voto popular, gracias a la reforma constitucional que en 1995 pactaron el Presidente Carlos Menem (1989-1999) y su predecesor radical, Raúl Alfonsín (1983-1989).

El gobierno de Buenos Aires fue el trampolín que finalmente lo llevó a la Presidencia. De la Rúa ganó las elecciones generales del 24 de octubre de 1999 con el 48,5% de los votos contra el peronista Eduardo Duhalde. Fue clave su alianza con un sector del peronismo que había roto con el menemismo. Su Presidencia estuvo marcada por la crisis económica heredada, fruto del cambio monetario de la convertibilidad del peso con el dólar que había ideado Domingo Cavallo en 1991 para terminar con la hiperinflación.

La convertibilidad estalló por los aires en 2001 y precipitó el final anticipado del gobierno de De la Rúa. Fueron tiempos oscuros, con miles de ahorradores quebrados de la noche a la mañana por culpa del “corralito” bancario impuesto por Cavallo, convocado meses antes por el gobierno como fallido timonel de tormenta. En 2002, con la crisis desatada, la pobreza llegó al 54%, el Pib cayó más del 10%, el desempleo rozó el 20% y el valor del peso se evaporó en pocas semanas.

De la Rúa nunca pudo recuperarse de aquella derrota, que terminó sin remedio con su carrera política. Se encerró entonces en su casa de Buenos Aires, al amparo de su familia, y redujo al mínimo sus apariciones. Murió sin hacer ruido, lejos del bronce.