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Comunidad asiática en EE.UU. teme aumento de ataques racistas por el coronavirus

Por Agencias miércoles 25 de marzo del 2020

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Mientras el Presidente Trump insiste en hablar del “virus chino”, las denuncias por agresiones xenófobas se suceden.

Personas de todo el mundo con rasgos orientales están difundiendo ataques racistas vividos a raíz de la explosión del coronavirus. Las compartían bajo el hashtag #JeNeSuisPasUnVirus (“yo no soy un virus” en francés).

El coronavirus, que se detectó por primera vez en China en diciembre, se extiende por todos los continentes excepto la Antártica. Y ha dado lugar a un repunte de ataques racistas a personas con rasgos orientales en Estados Unidos provocado, según los expertos, por la ignorancia sobre la amenaza, combinada con un racismo latente y una campaña por parte de la administración Trump que insiste en hablar del “virus chino”.

Un hombre golpea en la cabeza a una mujer, en las galerías del metro de Nueva York, tras llamarla “puta enferma”. Un joven escupe y derriba de una patada en la espalda a un viandante, en la misma ciudad, al grito de “puto coronavirus chino”. En un colegio de Los Angeles, un joven de 16 años es agredido por sus compañeros que le acusan de tener Covid-19. Empleados de un hotel de Indiana impiden la entrada a una familia con rasgos orientales. Decenas de historias circulan por las redes sociales y la prensa estas semanas. Un total de 260 colectivos firmaron una carta a los líderes del Congreso pidiendo acción contra “la marea creciente de racismo dirigido a la comunidad asiático-estadounidense”. Una coalición de grupos de derechos civiles puso en marcha el jueves pasado una página web para documentar denuncias de estos incidentes. En 24 horas, recogieron más de 40.

Es difícil llevar un recuento del número de ataques contra orientales desde el brote del coronavirus, pero algo así es lo que está haciendo el sociólogo Russell Jeung, profesor de estudios asiático-estadounidenses en la Universidad de San Francisco, EE.UU. Lleva desde enero recogiendo las informaciones en los medios estadounidenses sobre estos incidentes. Entre el 9 de febrero y el 7 de marzo, los medios recogieron 292 incidentes. El número aumentó un 50% de la primera semana a la cuarta.

“Hay que tener en cuenta que esto es sólo la punta del iceberg”, explica Jeung. “Los medios sólo recogen lo sensacional, no las interacciones diarias, las burlas, las humillaciones. O el impacto en los negocios. Italia tiene más casos que China, pero la gente no evita los restaurantes italianos. Sí se vacían, en cambio, los coreanos o los tailandeses, que nada tienen que ver con China, lo que indica que la respuesta es racista. Hay un patrón claro. Primero son las declaraciones xenófobas. Cuando estas se normalizan, se extiende el boicot económico y, después, los ataques personales. La retórica, en los medios y en los políticos, incita al miedo, y el miedo conduce a la violencia”.

Jason Oliver Chang, profesor de Historia y Estudios Asiático-estadounidenses en la Universidad de Connecticut, señala que “se trata de un proceso coherente con las prácticas de esta administración. Siempre hay una etnia o grupo racial al que culpar. Ya sean los musulmanes, los centroamericanos o los chinos. Esta administración demuestra que el discurso racial es su política”.

De la Ley de Exclusión de Chinos de 1882 -la primera legislación migratoria que excluía a una etnia entera- a los campos de internamiento en la Segunda Guerra Mundial, pasando por el macartismo en la Guerra Fría, el sentimiento negativo hacia la población de origen asiático en Estados Unidos se remonta casi hasta el origen de esta migración, que empezó a llegar atraída por la fiebre del oro y la construcción del ferrocarril a mediados del siglo XIX. Esa percepción, que lleva a los académicos a hablar del concepto de “perpetuo extranjero”, se combina en la crisis actual con la tendencia a culpar a colectivos marginados por la expansión de enfermedades: la migración mexicana por la gripe A en 2009, los propios chinos por el Sars en 2003 o incluso los haitianos por el Sida en los ‘80.