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Homenaje póstumo al líder revolucionario

Cuba perpetúa el mito de Fidel Castro

Por La Prensa Austral lunes 5 de diciembre del 2016

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Raúl Castro depositó la urna con las cenizas de su hermano en un monolito en Santiago. Su emplazamiento junto al héroe nacional José Martí desata la controversia simbólica.

En un funeral a puerta cerrada, Raúl Castro depositó ayer en la mañana la urna con las cenizas de su hermano Fidel Castro en un monolito construido con sigilo de secreto de Estado en Santiago de Cuba, la capital del Oriente cubano, la región donde nació Castro, desde la que lanzó a sus barbudos contra Batista y cuyo cementerio de Santa Ifigenia es el camposanto del nacionalismo cubano.

El sepelio empezó a las siete de la mañana en el calurosísimo Santiago y al menos hasta la tarde no hubo acceso para público y medios de comunicación. Al funeral asistió una treintena de personas entre familia y altos mandos. No hubo discursos. El líder político que probablemente más horas de alocuciones acumuló en el siglo XX, fue despedido en silencio, sin palabras.

La caravana con las cenizas de Fidel Castro partió del Parque de la Revolución de Santiago de Cuba hacia el cementerio de Santa Ifigenia. El avance del cortejo fúnebre por la ciudad fue saludado por miles de personas a ambos lados de las calles que al paso de la urna gritaban “¡Yo soy Fidel!”.

Antenoche tuvo lugar en Santiago el último acto masivo de homenaje. En su discurso final, el Presidente Raúl Castro dijo: “Juramos defender la patria y el socialismo”. Con uniforme militar, el hermano menor de Fidel glosó su legado tocando un rango amplio de temas, desde la guerrilla de los primeros tiempos hasta la expansión de la sanidad y la educación pasando por la asistencia a las luchas de descolonización en Africa o los “dramáticos años” del Periodo Especial.

A sus 85 años, el general, que definió a Fidel como “el más preclaro hijo de Cuba en este siglo”, terminó recio retomando palabras del insurgente Antonio Maceo: “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado de sangre, si no perece en la lucha. ¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel! ¡Hasta la victoria siempre!”. Castro informó de que por deseo de su hermano no se usará su nombre para nombrar lugares públicos ni se levantarán monumentos en su memoria.

El monolito de Fidel Castro ha sido emplazado muy cerca del de José Martí (1853-1895), héroe nacional de la Independencia del que Castro se vio como un émulo natural, como un continuador tocado por el sino de la Historia para completar la guerra épica por la soberanía de la isla.

Controvertido
hasta el mausoleo

Rotor de polémica toda su vida, su lugar de descanso también despierta controversia por la equiparación implícita entre él y Martí, que a diferencia de Castro despierta la admiración unánime de todos los cubanos.

“Colocar su tumba junto a la de Martí es perpetuar un fraude histórico”, ha dicho al portal cubano 14 y medio el analista cubano en el exilio Carlos Alberto Montaner, que define a Martí como “un demócrata republicano decimonónico que nada tenía que ver con supersticiones marxistas-leninistas”.

La discusión viene de lejos y será perpetua. “Fidel ha sido el discípulo más aventajado de Martí. Todo su pensamiento sirvió de base al proyecto revolucionario de Fidel”, afirma desde La Habana Ana Sánchez Collazo, directora del Centro de Estudios Martianos, que matiza que Martí “no compartió la lucha de clases como forma de toma de poder pero fue defensor de los más pobres”.