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Investigación colombiana confirma que piloto del LaMia sabía que no tenían combustible suficiente

Por Agencias martes 27 de diciembre del 2016

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La oficina de Aeronáutica Civil de Colombia (Aerocivil) confirmó ayer lunes en su informe preliminar que el avión de la empresa LaMia accidentado cerca de Medellín el 28 de noviembre, en el que murieron 71 personas, entre ellas la mayoría del club de fútbol brasileño Chapecoense, viajaba con el combustible al límite y con exceso de peso.
Según el secretario de Seguridad Aérea de Aerocivil, coronel Fredy Bonilla, las grabaciones de la cabina de mando muestran que el piloto y el copiloto de la nave que salió desde la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra conversaron sobre la posibilidad de hacer una escala en Leticia (Colombia) o en Bogotá “porque se encontraba en el límite de combustible”, pero finalmente no lo hicieron.
“Ellos estaban conscientes de que el combustible que tenían no era el adecuado ni era suficiente”, afirmó el funcionario, quien añadió que además el avión “contenía un peso superior al permitido por manuales”.
No obstante, desde el avión no advirtieron en ningún momento de esta situación a los responsables del control aéreo, lo que evidencia una responsabilidad del piloto, identificado como Miguel Quiroga Murakami, de nacionalidad boliviana.
Asimismo, de acuerdo a la investigación, Quiroga tampoco informó que se estaban apagando los cuatro motores del avión y continuó con maniobras de aterrizaje “de forma normal”.
Sólo dos minutos antes de la caída de la aeronave, el piloto reportó la falla eléctrica total. El informe de las autoridades colombianas fue revelado seis días después del que hicieron en el gobierno de Bolivia, donde se culpó al piloto y a la aerolínea de la tragedia.
El relato de las autoridades colombianas describe cómo una vez que la aeronave pasó por Bogotá se escucha al piloto decir que, dado el nivel de gasolina, necesitará hacer “un descenso directo”. “Este tipo de avión cuenta con un sistema de alerta sonora y visual de bajo nivel de combustible”, ha explicado Bonilla.
“De acuerdo con el manual da un promedio de 20 minutos de vuelo desde que se activa”. Así sucedió, pero el piloto no lo comunicó al control aéreo de Medellín. Unos 13 minutos antes de que se produjera el accidente, la tripulación comienza el vuelo de sostenimiento, es decir, empieza a dar vueltas a la espera de que le autoricen el aterrizaje. A ocho minutos del trágico incidente, el copiloto solicita prioridad.
“Hay que recordar que prioridad no significa emergencia”, ha especificado el responsable de Aeronáutica Civil. La controladora aérea le indica la ruta más directa y el piloto, sin notificar, comienza un descenso más rápido de lo debido.
Sólo cuando quedaban seis minutos para el accidente, se comunica la primera emergencia por combustible desde el avión de LaMia. “Le pido de una vez destino final”, se escucha en la grabación. “Es en este punto cuando habitualmente se usa el combustible de reserva”, ha relatado Bonilla. El control aéreo de Medellín cambia la ruta de otras aeronaves para agilizar el aterrizaje del aparato boliviano. “Ahora sabemos que se le había apagado uno de los cuatro motores y la tripulación no lo reportó”.
Unos 12 segundos después, se apaga una segunda turbina y tampoco se informa. Quedaban cuatro minutos para la colisión. La controladora preguntó si requerían servicio adicional una vez aterrizaran en Medellín y los pilotos contestaron que más adelantan confirmarían. Se apaga el tercer motor.
A tres minutos del impacto el aparato no cuenta con ningún motor, es decir, no tiene ninguna fuente de potencia. “Falla total, eléctrica total, sin combustible”, se escucha en las grabaciones dos minutos antes del impacto. “La causa se debe a que sin motores no hay electricidad en el avión y sin combustible tampoco funcionan las baterías de seguridad que permiten que dos o tres instrumentos básicos, como las luces de emergencia, se activen”, ha dicho Bonilla. “La aeronave desciende de forma rápida, por debajo de la altura mínima que registran los rádares y se pierde la señal”.
Colombia, según la legislación, es el responsable de realizar esta investigación porque fue en su territorio donde se produjo el accidente. Por el momento, han contado con la colaboración de expertos bolivianos, brasileños y británicos. En Londres se ha realizado la transcripción de las cajas negras que ha servido como base para las primeras conclusiones.
“Nuestro único objetivo es evitar nuevos accidentes”, ha recalcado Alfredo Bocanegra, responsable de Aeronáutica Civil de Colombia. Si esta investigación derivara en posibles delitos, será competencia de las autoridades judiciales. El informe definitivo se conocerá el próximo abril.
Agencias