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Kuczynski logra evitar su destitución por ocho votos gracias a la izquierda y a fujimoristas díscolos

Por Agencias sábado 23 de diciembre del 2017

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Pedro Pablo Kuczynski (PPK) seguirá siendo Presidente del Perú. En el último momento, y por sólo ocho votos, logró evitar la destitución que había promovido la oposición. La moción que provocaría su caída por “permanente incapacidad moral” necesitaba 87 votos para salir adelante, pero logró 79. Hubo 19 votos en contra y 21 abstenciones. Al final le salvó la izquierda, ya que los fieles a Verónika Mendoza se negaron a votar, y un grupo de 10 fujimoristas díscolos, que decidieron abstenerse mostrando la división entre Keiko Fujimori, la hermana mayor, que promovía la destitución, y Kenji, el menor, que se negaba a apoyarla y prefiere mantener a Kuczynski para negociar el indulto a su padre, ya muy avanzado.
En una sesión dramática después de una larga noche de negociaciones, PPK luchó hasta el final para seguir en el poder tras el escándalo por sus vinculaciones con el Caso Odebrecht. Para lograrlo apeló al antifujimorismo, el movimiento más poderoso de Perú, y pidió a los demás congresistas que no colaboren en el “golpe” del grupo del autócrata. “Está en sus manos salvar la democracia o hundirla por mucho tiempo”, clamó.
Pero antes de esa victoria final, como siempre por la mínima, el Presidente pasó uno de los días más difíciles de su vida política. A primera hora, con gesto muy grave y entre aplausos de los pocos parlamentarios que le apoyan (sólo tiene 18 propios) y el silencio de la enorme bancada fujimorista -71 de 130- Kuczynski había entrado en el Congreso para defenderse de las acusaciones y evitar su caída. Si le hubieran echado, le tocaría ocupar su puesto al Vicepresidente, Martín Vizcarra, un hombre de su confianza.
Pero PPK ideó un último movimiento de ajedrez. Les hizo prometer a Vizcarra y la otra Vicepresidenta, Mercedes Araoz, que dimitirían si lo echaban a él. El poder recaería entonces en el presidente del Congreso, Luis Galarreta, un hombre de Fujimori.
Kuczynski ponía así a los antifujimoristas -las dos bancadas de izquierda, el Frente Amplio y Nuevo Perú de Verónika Mendoza, y a algunos parlamentarios de centro- ante la tesis de que si lo echaban a él entregaban el poder al grupo del autócrata que gobernó Perú entre 1990 y 2000, dio un autogolpe en 1992 y aún está en la cárcel por corrupción.
El hecho de que fuera Kenji Fujimori el que salvara a Kuczynski de una maniobra ideada por otra Fujimori (su hermana Keiko) mientras el patriarca contemplaba la escena desde la cárcel -algunos medios dicen que llamó personalmente a diputados fieles- y esperaba el indulto que le ha ofrecido el Presidente le daba un toque novelesco. La posibilidad de que PPK haya pactado el indulto para evitar su destitución se comprobará en los próximos días.
Después de semanas de dudas, el Presidente decidió en el último momento defenderse con firmeza. “Vengo a enfrentar de pie y dando la cara una acusación falsa y ominosa, movida por un deseo inconstitucional de apartarme del poder por la fuerza de sus votos. Vengo a demostrar mi inocencia. Lo que está en juego es la democracia, que tanto le costó al Perú recuperar. El pueblo no perdona ni olvida. Todo en mi vida lo he logrado en base al esfuerzo y trabajo honesto. Vengo a decirles mirándoles a los ojos que no soy corrupto y no he mentido. Jamás he favorecido a ninguna empresa. No tengo nada de lo que avergonzarme, siempre he actuado conforme a la ley y a la ética”, clamó Kuczynski temprano antes de pasar a ofrecer detalles de las vinculaciones de su empresa con Odebrecht mientras él era ministro de Economía de Alejandro Toledo para tratar de demostrar que él no tenía nada que ver en esas gestiones.
Su versión señala que él recibió los beneficios, porque era el propietario de la empresa, pero no hizo ninguna gestión ni se enteró de los contratos de asesoría con Odebrecht, porque cuando entró en política dejó la compañía en manos del chileno Gerardo Sepúlveda.
Nadie ha conseguido probar que hubo corrupción. Pero muchos creen que PPK mintió. El dijo siempre que no tuvo ninguna relación profesional con Odebrecht, incluso ante el Congreso. Cuando esta compañía detalló los contratos con la empresa de PPK, estalló el escándalo. El niega haber mentido, dijo que nunca supo nada de esos contratos, pero pidió perdón por sus escasas explicaciones hasta ahora.
Pero además del escándalo en sí, detrás había un claro pulso de poder que él mismo ha calificado abiertamente de “golpe”, hasta el punto de que ha pedido ayuda a la Organización de Estados Americanos, que envió dos observadores a seguir la sesión.