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  • José Arturo Sotomayor García

Presión internacional para que China deje libre a la esposa de Liu Xiaobo

Por Agencias sábado 15 de julio del 2017

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“Vive bien”. Esas fueron, según los doctores allí presentes, las últimas palabras que el intelectual, disidente y premio Nobel de la Paz de 2010, Liu Xiaobo, le dijo a su mujer, Liu Xia, antes de fallecer en la cama del hospital en el que las autoridades chinas le forzaron a pasar sus últimos días en este mundo.
Precisamente, el futuro de Liu Xia, que lleva siete años bajo un estricto arresto domiciliario sin haber sido acusada de delito alguno, se ha convertido en el nuevo caballo de batalla de amigos, activistas y gobernantes extranjeros, que en las últimas horas se han volcado en solicitar a China que dejen libre a esta poetisa y fotógrafa dada su inocencia y los graves problemas físicos y psicológicos que arrastra después de años de injusto castigo.
Poco después de conocerse la muerte de Liu, de 61 años, por un fallo multiorgánico consecuencia del cáncer de hígado terminal que padecía, Estados Unidos y la Unión Europea urgieron al Presidente chino, Xi Jinping, a que permita a la viuda abandonar el país si así lo desea. “Pido al gobierno chino que libere a Liu Xia de su arresto domiciliario y le permita salir de China, según sus deseos”, manifestó el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson.
La Unión Europea se expresó en un comunicado en similares términos e instó a Pekín a que permita a Liu Xia y a su familia a que entierren al fallecido “en el lugar y de la manera que ellos elijan”. Según la legislación china, la Dirección de Prisiones tiene la autoridad de ordenar la cremación de un prisionero incluso aunque la familia se oponga.
Liu estaba cumpliendo una pena de 11 años dictada en 2009 por “subversión”, pero al detectarle el cáncer, se le concedió la libertad condicional antes de ser ingresado en el centro médico del que ya no salió. Desde hace tiempo, se especula con el hecho de que los líderes comunistas pretenden evitar que se entierre al Nobel en un lugar que pueda convertirse en centro de peregrinaje para activistas y defensores de los derechos humanos. Mientras que el diario oficialista China Daily comentaba ayer que “los arreglos para el funeral de Liu Xiaobo respetarán los deseos de su familia y las costumbres locales”, otros medios como la televisión hongkonesa RTHK citaban a un escritor y amigo de la familia, Mo Zhixu, diciendo que las autoridades han pedido a los allegados cremar el cuerpo “lo antes posible y esparcir sus cenizas en el mar, pese a que la familia se muestra reticente a hacerlo”.
Mientras, nadie ha sido capaz de establecer contacto con Liu Xia, de 56 años, sometida a un estrecha vigilancia desde que llegó al hospital. “Estoy profundamente preocupado por lo que está pasando con ella en este momento”, aseguró Jared Genser, un abogado estadounidense que representó a Liu en el pasado. “El mundo necesita reunirse y movilizarse para asegurarse de que pueda ir a donde quiera y enterrar a su esposo en donde desee”.
Pese a ello, en China tienen otro concepto. Las autoridades siguen mostrándose inflexibles sobre el tratamiento otorgado a Liu, asegurando que se trata del caso de “un criminal sentenciado de acuerdo a la justicia” que ha recibido “los mejores cuidados posibles” y que éste es un “asunto interno” sobre el que el resto de países deberían abstenerse de comentar y dejar de politizarlo.
Ayer, el portavoz del ministerio de Exteriores chino, Geng Shuang, ha ido un paso más lejos y calificó de “blasfemia” la concesión a Liu del Nobel de la Paz en 2010. “Los países extranjeros no están en condiciones de hacer comentarios impropios”, añadió.