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Rusia repatria a 179 mujeres y niños del Estado Islámico

Por Agencias miércoles 17 de abril del 2019

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El país euroasiático ha retornado desde Siria e Irak a varias de las familias de ascendencia rusa que vivían bajo el yihadismo.

Patimat Jairullaeva prefiere no pensar en la vida que sus cuatro nietos tuvieron en Siria. Hoy, los niños de entre 13 y dos años están con ella. En la casa de un pueblo de Daguestán, en el Cáucaso, en la que también creció su madre, Zaguidat Abakárova. La mujer, su marido y dos de los niños viajaron en 2014 a Siria para unirse al autodenominado Estado Islámico (Isis). En octubre de 2017, ya viuda, Abakárova, de 34 años, y cuatro menores, volvieron a Daguéstán en el convoy que inicio el programa de retorno de niños y mujeres del llamado califato, con el que Rusia ha repatriado al menos a 170 personas, la mayoría niños. Es el país que más ha retornado. “Aquí están bien, están conmigo, van a colegio, se van recuperando”, dice la abuela Patimat por teléfono.

Con el colapso de la organización terrorista y la pérdida de control de los últimos parches de territorio en Siria, miles de mujeres y niños que habían sido el capital humano de lsis fueron siendo trasladados a campamentos como el de Al Hol, en el noreste Siria, que hoy se ha convertido en un foco de tensión y en el que viven unas 73.000 personas -el 92% mujeres y niños- en condiciones miserables. En ese y otros campamentos sirios viven unos 12.000 menores y mujeres extranjeros; no pocos de ellos huérfanos, según estimaciones del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización. Y otro millar de niños con al menos uno de sus padres extranjero vive en campamentos o prisiones iraquíes. Tunecinos, rusos, franceses, marroquíes, alemanes, británicos. O españoles, como Yolanda Martínez, Lubna Miludi y Luna Fernández y los 15 menores a su cargo que permanecen en Al Hol.

Hoy, sus países de origen debaten qué hacer con ellos, aunque la mayoría rechaza la vuelta de quienes viajaron para unirse a los yihadistas del Isis. Francia ha repatriado a unos cinco menores huérfanos, Alemania retornó la semana pasada a varios; también Reino Unido devolvió a “un grupo pequeño” de niños británicos, según contestó el gobierno a una pregunta parlamentaria el 9 de abril, tras la gran polémica por la muerte en uno de esos campamentos del bebé de una británica que viajó a Siria siendo adolescente para unirse al Isis y a la que la Administración ha retirado la nacionalidad.

Rusia, el segundo país (después de Túnez) con más nacionales en las filas del Isis en Siria e Irak -unos 4.000, según declaró el Presidente ruso, Vladimir Putin y otros mil de las repúblicas ex soviéticas de Asia Central-, fue pionero en esos programas de retorno, encabezados por el líder de Chechenia, Ramzán Kadírov, aliado de Putin y cuyo régimen está bajo el foco internacional por violaciones de los derechos humanos. Desde 2017, organizó 11 vuelos especiales desde Siria e Irak con una veintena de mujeres y más de un centenar de menores a bordo. A principios de 2018, tras las reticencias de destacados funcionarios de los servicios de seguridad rusos, se suspendieron.

Los viajes se reanudaron el pasado diciembre, gestionados ahora desde Moscú y con un cambio importante, destaca Tanya Lokshina, directora asociada de Human Right Watch para Europa y Asia Central: ahora sólo vuelven menores; y más recientemente, sólo nacidos en suelo ruso.

El programa de retorno con el que volvieron Abakárova y sus hijos no admite hombres, pero distintos analistas calculan que unos 500 yihadistas rusos del Isis han vuelto de Siria. Unos 400 hasta principios de 2017, según un informe del Soufan Center. La mayoría están en prisión, aunque también hay casos de hombres que firmaron una confesión de arrepentimiento y están en casa, asegura Sevil Novruzova, miembro del Consejo antiterrorista de Daguestán y directora del Centro de Reconciliación y Armonía de Derbent.

Tras el vuelo de febrero, se estima que quedan al menos 1.779 mujeres y niños rusos en Siria e Irak que desean regresar, según una carta que Jeda Saratova, la portavoz del Consejo de Derechos Humanos de Chechenia (un organismo oficial), envió al Ministerio de Relaciones Exteriores en Moscú.