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Se agrava la crisis política en Brasil con la renuncia del ministro de Economía

Por Agencias sábado 19 de diciembre del 2015
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El complicado panorama se ahonda en el país tras el distanciamiento entre Joaquim Levy y la Presidenta Dilma Rousseff.

El ministro de Economía de Brasil, Joaquim Levy, renunció ayer a su cargo. El alejamiento entre la Presidenta, Dilma Rousseff, y el ministro ha generado aún más incertidumbre y volatilidad en la economía brasileña, han hecho que la bolsa caiga un 2,14% y que el dólar escale hasta situarse a un paso de venderse a cuatro reales.

Levy, elegido hace casi un año para contentar a los mercados, contener el gasto y devolver el impulso a la atragantada economía brasileña, había admitido en un encuentro con periodistas horas antes de hacerse pública su dimisión que había hablado ya con Rousseff de su salida. El jueves, en una sesión del Consejo Nacional Monetario admitió, según testigos de esa reunión, que él no asistiría a la sesión de enero.

El desencuentro definitivo entre la Presidenta Dilma Rousseff y el ministro de Economía ocurrió el jueves, con la aprobación del presupuesto. Levy era partidario de que se reservara el 0,7% del Pib brasileño, esto es, 42.800 millones de reales (10.950 millones de euros) para enjugar deudas; el Congreso, con la anuencia del resto del gobierno, aprobó sólo reservar el 0,5%, es decir, 30.580 millones de reales, 7.645 millones de euros).

La diferencia, según varios miembros del gobierno y destacados dirigentes del Partido de los Trabajadores (formación de centro izquierda a la que pertenecen Rousseff y Lula) estribaba entre recortar o no recortar uno de los programas sociales más populares del gobierno de Rousseff (y anteriormente de Lula), el denominado Bolsa Familia, destinado a los hijos de familias pobres en edad escolar.

Al final, Rousseff decidió que el programa Bolsa Familia, a pesar de la crisis económica, era intocable. Y Levy sintió, a tenor de los insistentes rumores de su salida, que su sitio, su poder y su sentido en el gobierno había llegado a su fin.

A juicio de varios analistas, Rousseff actúa con las manos atadas: enfrentada a un proceso de destitución parlamentaria que puede apearla del cargo, debe asegurar -antes que nada- los votos favorables de todos los diputados de su partido, el PT, y de sus aliados de izquierda.

Es un ejemplo de cómo la política interfiere y retuerce la crisis económica brasileña, que cada vez presenta cifras más alarmantes: la previsión de la inflación ya se apunta hacia un 10%, impensable un año antes.

Mientras, Rousseff ha recibido una buena noticia: el Tribunal Superior de Brasil, que se pronunció el jueves sobre las etapas y el procedimiento de la destitución parlamentaria (impeachment), decidió que el Senado tendrá potestad soberana para paralizar el proceso, que se desarrollará probablemente en febrero, aunque haya sido aprobado por el Congreso.

Agencias