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300 ONG han enviado una carta al líder norcoreano para pedirle reformas y el fin de los abusos

Derechos humanos, relegados en cumbre que sostendrán Kim Jong-un y Trump

Por Agencias lunes 11 de junio del 2018
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El Presidente norteamericano ya no llama a su contraparte “hombre cohete”, sino “Su Excelencia”.
Y la situación de los DD.HH en el Norte parece que, en el mejor de los casos, sólo se tratará de refilón.

Ningún país ha oprimido a sus propios ciudadanos más completa o brutalmente que la cruel dictadura de Corea del Norte”. Así se expresaba Donald Trump en su discurso sobre el Estado de la Unión en enero de este año. Cinco meses más tarde, el Presidente estadounidense se dispone a reunirse en Singapur con el líder supremo norcoreano, Kim Jong-un, en un lujoso hotel para tratar sobre desarme nuclear. Ya no llama a su contraparte “hombre cohete”, sino “Su Excelencia”. Y la situación de los derechos humanos en el Norte parece que, en el mejor de los casos, solo se tratará de refilón.

“Vamos a abordarlo”, aseguró Trump a su marcha de Washington para participar en la cumbre del G7. Pero no precisó hasta qué punto, y las organizaciones de derechos humanos están preocupadas por que el logro de un acuerdo para el desarme norcoreano se anteponga a toda costa al bienestar de las personas.

Un informe de 2014 de la Comisión de la Onu para los Derechos Humanos sobre la situación en Corea del Norte denuncia incluso “crímenes contra la humanidad” en los campos de trabajo, las prisiones ordinarias y contra los creyentes religiosos y otros grupos considerados subversivos.

“Estos crímenes contra la humanidad incluyen la exterminación, asesinato, esclavitud, tortura, prisión, violaciones, abortos forzados y otra violencia sexual, persecución por motivos políticos, religiosos, raciales o de género, el desplazamiento forzados de población, la desaparición forzosa de personas y el acto inhumano de causar hambruna prolongada a sabiendas”, apunta el documento.

Entre 80.000 y 120.000 personas, según Amnistía Internacional, se encuentran detenidas en los campos de trabajo para prisioneros políticos, donde “se encuentran en riesgo de tortura, trabajos forzados y otros maltratos, así como de ser ejecutados”. Persisten las dificultades para comunicarse con el exterior entre una censura de hierro y la prohibición de abandonar el país sin permiso de las autoridades. Quienes intentan entrar en contacto con sus familiares fuera puede verse vigilado, hostigado o incluso detenido.

“El aumento del diálogo de Corea del Norte con otros países es un paso positivo, pero antes de que el mundo se emocione demasiado hay que recordar que Kim Jong-un sigue al frente del sistema más represivo del mundo”, ha indicado Brad Adams, director para Asia de Human Rights Watch. “Como el Consejo de Seguridad de la Onu ha reconocido, los abusos de los derechos humanos en Corea del Norte y las amenazas contra la paz y la seguridad están conectados intrínsecamente, por lo que toda conversación sobre seguridad debe incluir los derechos humanos”.

Algunos analistas y políticos han defendido el silencio como una maniobra táctica. En el pasado, Kim Jong-un ha reaccionado con ira a las denuncias sobre los abusos en su país. Sacarlos a relucir ahora, según este razonamiento, podría poner en peligro todo el proceso de negociación.

Ya están en Singapur

El Presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un llegaron a Singapur ayer, dos días antes de una cumbre sin precedentes que busca resolver la tensión provocada por el arsenal nuclear de Pyongyang.

El avión presidencial Air Force One aterrizó en una base militar proveniente de Canadá, donde Trump participó en la cumbre del G7.

Horas antes, el avión que trasladó a Kim aterrizó ayer por la tarde entre fuertes medidas de seguridad en el aeropuerto de la ciudad estado. Tras dar la mano al secretario de Exteriores de Singapur, Kim recorrió las calles de la ciudad en una limusina con dos banderas norcoreanas ondeando delante, rodeada de otros autos negros con los cristales oscuros, en dirección al lujoso y custodiado hotel St. Regis. Kim sonreía ampliamente cuando se reunió con el Primer Ministro Lee Hsien Loong.