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Economista arremete contra la gratuidad en la educación y cuestiona “cultura del bono”

Por Agencias martes 11 de agosto del 2015
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El ex ministro de Patricio Aylwin y actual presidente de la Cámara Marítima y Portuaria de Chile (Camport), Jorge Marshall, criticó duramente la gratuidad de la educación y sostiene que “este gobierno es una extensión de la cultura del bono llevada a un nivel superior”.

En entrevista con El Mercurio, Marshall hace un análisis del primer gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, del cual fue uno de los artífices del programa, y del actual, precisando que la administración de ahora es el resultado del auge en el precio del cobre, por lo que las circunstancias son distintas y “eso se ha convertido en lo más difícil de enfrentar hoy, porque estamos frente a una forma distinta de abordar las temáticas sociales”.

“El drama es que en los últimos años cambió drásticamente el escenario externo: el precio del cobre ha caído en 40%, China pasó de ser un motor a ser un motivo de preocupación, Estados Unidos está ajustando su política monetaria y, en general, los países a donde van nuestras exportaciones están con devaluaciones similares a la nuestra. Por ende, no estamos ganando competitividad”, explica.

Añade que en el escenario actual, como es distinto, algunos cambios se han realizado en forma silenciosa, lo que ha llevado a algunas personas a desconocer esta nueva realidad, “para la cual no nos preparamos, porque cuando comenzó el auge del cobre se inició en Chile la cultura de los bonos”.

“A mediados del primer gobierno de Michelle Bachelet se vivió un periodo de holguras, producto del alza en el precio del cobre, y se comenzó a asentar la política de los bonos, bono marzo, bono invierno, etc. Esta pasó a ser una forma de resolver los problemas y eso también se vio en el ámbito privado, donde lo que en concreto se negocia en los procesos colectivos es un bono. Así lo hemos visto, por ejemplo, en el rubro minero y portuario”, señala.

Marshall también cuestiona lo realizado por el gobierno de Sebastián Piñera, indicando que su administración también abrazó la política de los bonos, pero el problema es que “esta cultura del bono es adictiva y genera presiones de gasto fiscal, pero funciona sólo cuando hay holguras presupuestarias. Hoy entonces existe una disociación entre la realidad y el diagnóstico del mundo político. Este gobierno, dicho en otras palabras, es una extensión de la cultura del bono llevada a un nivel superior y eso lo vemos en medidas como, por ejemplo, la gratuidad para la educación”.

El ex ministro declara no ser partidario de la entrega de bonos, porque a su juicio se desvía la atención hacia una medida fácil, en lugar de abordar los problemas de fondo.

En cuanto al cónclave oficialista y la posición de quienes advierten que no se cumplieron las expectativas de generar más certidumbre, Marshall menciona que “quienes esperaban que en un cónclave de unas cuantas horas cambiara un diagnóstico que viene de años, estaban equivocados. Cambiar el diagnóstico es una tarea que tomará tiempo”.

El presidente de Camport también ve un déficit en el mundo privado para aportar a un diagnóstico realista, ya que el discurso que ha tomado el ministro Rodrigo Valdés le está empezando a hacer sentido a la ciudadanía, no así el discurso que han adoptado los epresarios.

En ese sentido, explica que la efectividad que ha tenido el ministro de Hacienda se debe a su realismo y al énfasis que le ha puesto a la disciplina fiscal, sin embargo, aclara que el problema es que esto protegerá uno de los principales fundamentos de la economía nacional, pero no generará impulsos de crecimientos.

“Cuando uno se conecta con la realidad hay que pensar en cuáles serán los motores para el crecimiento económico de Chile, dado el nuevo contexto. Y en ese ámbito el ministro Valdés no ha logrado avanzar mucho, no porque no quiera, sino porque es muy complejo y porque ese paso debe darse en conjunto con el sector privado”, sostuvo el ex consejero del Banco Central.

Sobre los cambios que se deben hacer, el actual ejecutivo sostiene que primero hay que asegurar que las relaciones laborales se conduzcan dentro de los mecanismos institucionales, a través de restablecer la sanción del proyecto original a quienes promueven acciones de fuerza; evitar que una huelga dañe a terceros o las instalaciones físicas y limitar la titularidad sindical a lo indispensable, como son los pactos de adaptabilidad y entregar más libertad para negociar remuneraciones y beneficios a grupos de trabajadores individuales.

Agencias