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EDITORIAL

Aborto y objeción de conciencia

Por La Prensa Austral domingo 18 de febrero del 2018

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La Pontificia Universidad  Católica (Puc) está librando una batalla legal en busca de hacer valer la objeción de conciencia en los casos en que en los recintos médicos institucionales llegue alguna mujer que invoque una de las tres causales que consagra la ley para que  se interrumpa un embarazo.

En uno de los argumentos expuestos en el recurso de protección elevado contra el Ministerio de Salud, la Puc hace ver que la objeción de conciencia de los profesionales y de la institución no es algo antojadizo, sino un derecho que consagra la propia norma, permitiendo que se arbitren conductas y acciones sin que se ponga en riesgo la salud de terceros.

Se ha pretendido minimizar la postura institucional, al argumentar que, más que una cuestión de principios, de ética y de moral, subyacen consideraciones monetarias que se buscarían salvar, al mantener la universidad y la Facultad de Medicina convenios, desde 2003, para dar prestaciones de servicios en centros de salud familiar de las comunas de Puente Alto y La Pintana. Ello, a raíz de que el Minsal busca eclipsar el derecho de objeción de conciencia al disponer en una resolución exenta que no podrán ejercerlo aquellas entidades que mantengan acuerdos con el Estado.

El Colegio Médico ha reconocido la validez de la objeción de conciencia para sus asociados y ha expresado que buscará que este derecho se ejerza de manera libre y sin coacciones. Pero, igualmente ha dejado claro que los objetores no podrán, bajo ningún caso, obstaculizar que aquellas mujeres que lo requieran y, amparadas en la ley, puedan ser sometidas a un aborto.

El gremio -y aludiendo a la objeción de conciencia institucional- ha expresado su aprensión respecto de que entidades que reciben recursos del Estado puedan comprometer el derecho de las usuarias a tal prestación de salud.

Se trata, sin duda, de un tema complejo, tanto como lo fue la tramitación de ley y hubiera sido deseable que estos aspectos no hubiesen quedado como cabos sueltos, sino que hubieran sido convenientemente consensuados previo a promulgar el aborto en tres causales.