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EDITORIAL

Casa de los DD.HH. y su declaratoria de Monumento Nacional

Un importante paso en el proyecto de recuperar la Casa de los Derechos Humanos, otrora principal centro de detención y tortura en Punta Arenas, se dio durante esta semana cuando el Consejo de Monumentos Nacionales declaró Monumento Nacional a este recinto.
[…]

Por La Prensa Austral sábado 26 de diciembre del 2015

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Un importante paso en el proyecto de recuperar la Casa de los Derechos Humanos, otrora principal centro de detención y tortura en Punta Arenas, se dio durante esta semana cuando el Consejo de Monumentos Nacionales declaró Monumento Nacional a este recinto.
La resolución fue adoptada por unanimidad el miércoles pasado y se inscribe en la política nacional de acoger tales solicitudes, con la finalidad de reparar simbólicamente a las víctimas de atropellos de los derechos fundamentales durante la dictadura militar.
La casona, ubicada en Avenida Colón 636, operó desde el mismo día del golpe castrense como lugar de detención de los adherentes al gobierno de Salvador Allende. Allí, además de los interrogatorios, se aplicaron diversas técnicas de tortura y martirio, a tal punto que se ha llegado a sostener, incluso, que fue un centro experimental de los aparatos represivos.
El denominado “Palacio de la Risa” ha iniciado un proceso de restauración, dentro del cual resultaba fundamental que el Consejo de Monumentos Nacionales lo reconociera con tal categoría. Se une así a otros sitios, como Londres 38.
Precisamente, al igual que este último, la casa de Av. Colón comparte con aquél una particularidad: ambos están en el centro de la ciudad (Punta Arenas y Santiago, respectivamente). Por ende, no se trató de un lugar más de retención y apremios ilegítimos, sino de uno que estaba a menos de doscientos o trescientos metros de la sede del gobierno regional, de tal forma que resulta inverosímil que quienes hayan estado en las esferas del poder y funcionarios de la época no hayan conocido cuáles eran las atrocidades que allí se vivían.
El camino trazado ahora es que, con los cuidados que demanda y exige su nueva calidad de Monumento Nacional, se restaure esta casona y se convierta en un Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos.
Ello contribuirá a la reparación de las víctimas y sus familiares y, para el resto de la sociedad, para las futuras generaciones, servirá como testimonio imponente de un paso que no se puede olvidar, pero que no se debe repetir.