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EDITORIAL

Caso Harex, la innegable complicidad

Por La Prensa Austral lunes 1 de octubre del 2018
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Magallanes es una región pequeña, demográficamente hablando. Ello, si bien resulta una desventaja en varios términos, es un elemento que permite que los habitantes de esta tierra sientan que aquí se vive en comunidad. Pocas familias, pocas empresas. Todos se conocen o se ubican.

Todo lo que pasa aquí se sabe inmediatamente y los rumores corren rápido. Ello podría hacer presuponer que cualquier hecho importante debería ser conocido o esclarecido con mayor facilidad.

Es, por esto, que llama poderosamente la atención que siga sin aclararse qué pasó y dónde está el estudiante salesiano Ricardo Harex, desaparecido desde 2001. Las líneas investigativas han sido muchas, pero desde siempre este caso se ligó con una de las instituciones que, hasta hace sólo un par de años, mantenía un gran poder e influencia en la sociedad chilena: la Iglesia Católica.

Ya sea por el nombre de Rimsky Rojas, a quien se le vio merodeando la noche de la desaparición de Harex, o porque se sospechó que su cuerpo podría haber sido enterrado en predios eclesiásticos, hasta el día de hoy persiste la duda respecto de si el entonces director del Liceo San José o algún otro dignatario católico tuvieron algún vínculo directo o indirecto con este asunto de ribetes criminales.

El sábado, ante los integrantes de la comisión especial de la Cámara de Diputados que sesionó por primera vez en Punta Arenas, el obispo Bernardo Bastres se abrió a la posibilidad de que Rojas hubiera hecho desaparecer al joven estudiante. Habló de vergüenza, de dolor y pidió perdón a los padres de Harex.

¿Sabe la Iglesia Católica qué pasó con Harex? ¿Habrá sido este caso otro más del largo historial de abusos que hoy ha quedado al descubierto y que tuvo y ha tenido la complicidad de los dignatarios de la época y de los actuales jerarcas? 

Si es así, sería lamentable.

Pero, más allá de esta sospecha, lo único claro es que en la desaparición de Harex también se contó con la complicidad de funcionarios y efectivos de diversas instituciones que se vieron involucradas en la ¿investigación? de lo ocurrido, es decir, debió operar una amplia red, que excede las esferas eclesiásticas. Sólo eso explica por qué aún no sabemos qué le pasó y dónde está Ricardo.