Necrológicas
  • José Arturo Sotomayor García
EDITORIAL

El ladrón de cerebros

Por Jorge Abasolo lunes 17 de abril del 2017

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Estuvo en Chile solamente por espacio de 72 horas, y al fin pude calzarlo y conversar con él.

Se trata del químico y bioquímico Pere Estupinyá, un español talentoso, brillante y tan preparado como funeral de obispo.

Abandonó un doctorado en genética para dedicarse a la difusión del conocimiento científico. Vino a Chile a presentar su reciente libro, “El Ladrón de Cerebros” (Editorial Random House Mondadori, 330 páginas) y gracias a una gentileza de Lorena Palavecino pude compartir con este chaval, humilde y tan sencillo que yo creo que hasta lo dan de vuelto.

Se ha paseado por el MIT, por Harvard y cuanto nicho científico existe, y luego canaliza lo que ve a través de sus libros, que pueden ser entendidos hasta por un político o un individuo con suficientes neuronas como para existir.

Trajinando las páginas del libraco nos damos cuenta que Chile está muy lejos de alcanzar un potencial científico de mediana envergadura. Y mientras sigamos destinando un 0,3 % del PIB a la ciencia, todo indica que continuaremos con científicos de alto vuelo trabajando con más voluntad que medios, y en laboratorios pencas y rudimentarios.

Escudriñando el cerebro humano, Estupinyá nos deja entrever que en cuanto a sexo, Sudamérica está al borde del raquitismo cognitivo y el subdesarrollo a secas. Y nos induce a conocernos más. Por ejemplo, asimilar que el orgasmo es la activación de los nervios simpáticos, lo que explica por qué algunas personas necesitan gritar y hasta proferir palabras soeces, bastante groseras en la intimidad. El hecho me recuerda a mi vecino que le decía a su pareja en plena faena amatoria.

– “Dime cosas sucias”. A lo que ella contestaba:

– Mi amor, hay que lavar el auto y limpiar el baño.

De ello se infiere que en materia sexual no hay que tomarse las cosas literalmente.

Otro hecho que me dejó estupefacto del libro de Estupinyá, es el descubrimiento y función de la oxitocina. Esta palabra (que podría parecer un remedio para los callos) es una hormona que se libera en grandes cantidades en el orgasmo.

Los científicos se pusieron a estudiar esta hormona con ratones de campo, pero de conductas diferentes. Un grupo de ratones llevaba una vida monógama, mientras que el otro grupo de guarenes era de vida licenciosa y se apareaba con cuanta laucha encontraba.

Los capos de la ciencia inyectaron oxitocina en los cerebros de los ratones promiscuos y el resultado fue sorprendente: ellos comenzaron a llevar una vida de enlaces estables, con una sola pareja. Más tarde, bloquearon el efecto químico de la oxitocina en los ratones monógamos y el resultado fue más sorprendente aún: al poco tiempo dejaron de ser fieles a sus parejas, les gustó empezar a aparearse con muchas ratas, se fueron de carrete y poco les faltó para “tirarse” al ratón del computador.

Leyendo “El Ladrón de cerebros” constatamos una vez más que nuestro país está en barbecho en cuanto a materia científica.

Mientras en Europa y EE.UU. ya se diseña una nave tripulada para llegar a Marte, nosotros seguimos pavoneándonos con que tenemos el Pillán, un avión que hoy quedaría obsoleto hasta en la primera guerra mundial.