Necrológicas
EDITORIAL

El negocio detrás de los textos escolares

Por La Prensa Austral sábado 3 de noviembre del 2018
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La educación es el mayor bien que los padres pueden legar a sus hijos y, por esto, todas las familias invierten fuertemente en esto, según sus ingresos económicos. En estos gastos anuales, la lista de libros es uno de los más gravosos, estableciéndose que, en promedio, un grupo familiar puede destinar unos $160 mil, representando esto el 73% del presupuesto total de compras escolares.

Por su parte, el Estado también invierte sumas significativas en las licitaciones de compra de textos escolares, para que los niños y jóvenes de estratos socioeconómicos medios y bajos puedan acceder a un material que aporte a sus aprendizajes.

El presupuesto estatal asignado a este rubro fue de US$52 millones este año, según información proporcionada por la Fiscalía Nacional Económica, la que está realizando un estudio del mercado y decidió abrir una investigación tras detectar ingentes diferencias en el precio de comercialización de los textos. Alta concentración en las licitaciones públicas y barreras de entrada son dos aspectos que están también en la mira.

Según la FNE, el gasto privado por este mismo concepto fue de US$64 millones. Sumados ambos, en Chile se materializaron compras de textos escolares por US$116 millones este año.

Las comparaciones efectuadas por la citada fiscalía le llevaron a establecer que cada texto en el segmento privado cuesta, en promedio, 29 veces más respecto del precio al cual accede el Estado. Como ejemplo, se hizo ver que un libro de Lenguaje y Comunicación de tercero básico fue adquirido por el fisco en $877, mientras que uno similar en el mercado privado fue vendido por la misma editorial en $36.900, es decir, existe una diferencia de 42 veces el valor.

Si bien hay aspectos atribuibles a la economía de escala, resulta pertinente que se desentrañe más este asunto, ya que expuestas estas cifras resulta claro que se está frente a un mercado que tiene que ser estudiado y que debe ser sometido a constantes revisiones.

Igualmente, cabe cuestionar la obligación que se impone en algunos colegios subvencionados a que las familias adquieran un conjunto de textos previamente individualizados por editorial, toda vez que, no en pocos casos, los alumnos no alcanzan a usar en un año lectivo ni la mitad de cada uno de estos libros. Tampoco en estos establecimientos se alienta la reutilización de este material, lo cual parecería una medida de toda lógica.