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EDITORIAL

El último debate presidencial

Por La Prensa Austral miércoles 8 de noviembre del 2017
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Durante la noche del lunes y a sólo doce días de las elecciones, se llevó a cabo el último de los debates públicos entre los ocho candidatos a Presidente de la República.

Varias cosas se pueden decir sobre este examen público, en que periodistas representantes de diversas estaciones buscaron sorprender a los candidatos y enfrentarlos a sus contradicciones.

Lo primero que se tiene que observar es que el formato usado -bastante similar al utilizado en otras ocasiones- no es un debate propiamente tal.

Además, es demasiado os-
tensible el afán de los periodistas por ser los protagonistas del evento, lo cual deja en segundo lugar el interés por formular preguntas que permitan conocer más los programas o exigir a los abanderados que clarifican cuán plausibles son las medidas presentadas y/o cómo lograrán asegurar su  financiamiento.

Un tercer punto a remarcar es que hubo muchos, muchos temas no abordados, comenzando por el desarrollo de las regiones. La violencia contra la mujer, el Sename y los niños y adolescentes que requieren protección del Estado, la ciencia y la inmigración también brillaron por su ausencia.

Y así como muchos chilenos y extranjeros avecindados no se sintieron identificados con este último gran debate, también se debe reprochar un aspecto que es más que mera formalidad: el tono.

Resulta altamente reprochable que haya candidatos que, por buscar en forma desesperada llamar la atención y robar votos a sus contrincantes, hayan optado por radicalizar su discurso e insultar. Términos como narco, ladrón o tonto, previo a las monedas lanzadas semanas atrás, fueron usados por aspirantes a La Moneda para descalificar a sus contendores.

Ello provocó una mala impresión en los posibles votantes, a los que sólo les resta sentir vergüenza ajena y rechazar que se naturalice en Chile el maltrato entre candidatos.