Necrológicas
  • José Arturo Sotomayor García
EDITORIAL

Juramento a la Bandera

Durante varios días, la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero de Punta Arenas transformó su rostro habitual por uno más alegre y festivo, caracterizado la mayor parte de las veces por la ternura del reencuentro familiar.
[…]

Por La Prensa Austral sábado 11 de julio del 2015

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Durante varios días, la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero de Punta Arenas transformó su rostro habitual por uno más alegre y festivo, caracterizado la mayor parte de las veces por la ternura del reencuentro familiar.

Centenares de padres y familiares de los jóvenes conscriptos que cumplen con su servicio militar en las distintas unidades de nuestra ciudad llegaron principalmente desde la Región del Bío Bío y la Región Metropolitana, para estar junto a los suyos.

Contrariamente a lo que acontecía en el antaño, donde eran los mismos familiares que se organizaban para reunir fondos y así de esta manera llegaban por tierra hasta Magallanes, en un viaje no exento de contratiempos, ahora es el Ministerio de Defensa el que provee una cantidad determinada de pasajes aéreos. Esto significó que este año llegaran en avión 545 familiares, quienes fueron alojados en las unidades militares donde sus hijos cumplen con su servicio militar. A ellos hay que sumar otros centenares de padres que lo hicieron por cuenta propia.

Muchos de ellos no tenían sino vagas nociones de lo que era nuestra región, muchas veces mitificada por aquello del frío y el viento. De hecho pudieron experimentar en carne propia nuestro riguroso clima durante la mañana de la ceremonia de Juramento de la Bandera en la Plaza, donde la temperatura mínima alcanzaba los -3,3 grados.

No obstante lo anterior, para ellos fue grato encontrarse con una ciudad que los acogió y de la cual partieron agradecidos. En su gran mayoría, los padres regresan a sus ciudades agradecidos de los puntarenenses y, muy especialmente, hacia el Ejército, que les brindó el albergue mientras duró su estada en estas tierras.

Al conversar con algunos padres, fue posible constatar la dura realidad que vive la Región del Bío Bío, y especialmente sus localidades más desposeídas. Es así como para muchos de ellos la posibilidad de que sus hijos hicieran el servicio militar les brindó la oportunidad de un futuro distinto, alejado de los vicios que muchas veces se incuban en comunidades abatidas por el desempleo y la falta de oportunidades. Así, a pesar de reconocer lo difícil que parece la vida en Magallanes, más de algún padre manifestó sus intenciones de que sus hijos se queden en nuestra zona, ya sea en el propio Ejército o bien desarrollando otras actividades.

El viaje de regreso de estas familias se hará penoso. Atrás quedarán las imágenes de sus hijos, “que salieron de casa siendo casi niños y hoy se ven hombres” -como coincidieron en afirmar varias emocionadas madres- jurando lealtad al pabellón patrio en una mañana marcada por la emotividad y el frío que calaba los huesos en la Plaza de Armas.

En el mes de septiembre, estos jóvenes volverán a reencontrarse con sus padres y seguramente con la misma realidad que abandonaron hace pocos meses.