Necrológicas
EDITORIAL

La furia de la gente

Por La Prensa Austral domingo 8 de diciembre del 2019

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La estrategia gubernamental para aplacar el descontento de los chilenos ha sido poner el acento en el vandalismo y en el reforzamiento legislativo, creando nuevas figuras delictivas y aumentando penas.

En paralelo, también se han estado analizando en el Congreso diversas normas con las que el Gobierno busca responder a las demandas sociales, si bien desde diversos sectores se está diciendo a la clase gobernante que estas medidas son insuficientes.

Quizás principalmente por esto último, la gente sigue saliendo a las calles y el ánimo de muchos se enciende más, al punto de llegar a la exaltación (y no estamos hablando acá de anarquistas, narcotraficantes ni saqueadores, sino de la gente común y corriente).

La violencia debe ser rechazada por todos y también se tienen que cuidar las formas en que se presentan y defienden las posturas y exigencias sociales que, en el caso chileno, están bastante legitimadas por amplios sectores ciudadanos y los organismos que los representan.

En este sentido, preocupante resulta lo que sucedió el viernes pasado en Puerto Natales, cuando un grupo de manifestantes retuvo por más de una hora al intendente, al gobernador provincial de Ultima Esperanza y al propio alcalde de dicha comuna.

Hay varias cosas llamativas en lo sucedido, siendo la primera que este acto de presión se dio en el marco de una actividad en que se dieron a conocer las principales propuestas surgidas de asambleas y cabildos ciudadanos.

Existen posturas que, sin lugar a dudas, avalarán lo sucedido, esgrimiendo que han sido décadas de injusticias y que las autoridades y los parlamentarios se han acomodado y que no han defendido los derechos de las personas, sino que han gobernado y legislado para favorecer a los empresarios y las multinacionales. A ello agregarán la violencia ejercida por los Carabineros y, durante el Estado de Excepción, por las Fuerzas Armadas, las muertes registradas y los casos de violaciones a los derechos humanos perpetrados desde el 18 de octubre.

Una pregunta que surge es si todo aquello justifica que, so pretexto de hacer valer sus demandas -por legítimas que ellas sean-, la gente también adopte la agresión como forma válida de actuar, excederse, como lo que sucedió en Puerto Natales, y desechar el diálogo como camino para hallar soluciones y acuerdos.

El otro cuestionamiento es si el gobierno y quienes detentan el poder están haciendo una correcta lectura de lo que está pasando en Chile.