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EDITORIAL

La renuncia de los obispos

Por La Prensa Austral domingo 20 de mayo del 2018

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En un hecho inédito a nivel local, pero también mundial, los obispos de la Conferencia Episcopal en pleno resolvieron presentar su renuncia al Papa Francisco, en el marco de una de las peores crisis públicas que ha enfrentado la Iglesia Católica chilena.

Un hecho noticioso de envergadura para el pueblo chileno, en general; un verdadero balde de agua fría para parte de la feligresía; y un motivo de alegría para las víctimas de los abusos y agresiones sexuales que por años tuvieron como protagonistas a sacerdotes, religiosos, religiosas y obispos católicos.

Pasada la sorpresa inicial, vinieron, luego, los comentarios y las consideraciones sobre el significado y validez de la dimisión colectiva. Lo primero que se ha observado es que la renuncia no es efectiva en sí y que aquello resulta más un gesto que una acción concreta.

Se han especulado el número y algunos nombres de los obispos que podrían ser confirmados en sus diócesis, tanto como se han vaticinado algunos enroques y se ha supuesto la remoción de más de un par de prelados.

¿Cómo se articulará, tras esto, la Iglesia Católica criolla? ¿Qué protocolos y normas se auto impondrá para extirpar de su estructura la cultura de abusos y agresiones? Será un proceso interesante de observar e, incluso, de imitar, si se considera que esta institución religiosa se suma así al descalabro ético y moral de otras tantas que, como ella, han estado en la base de la construcción del Chile republicano y que hoy están igualmente desacreditadas.

La Iglesia Católica debe transformarse de un refugio de abusadores a uno de acogida para las víctimas y para tantas personas que buscan en la fe tener una vida más plena y feliz.

Mientras siguen las especulaciones y los pronósticos, cabe hacer notar que lo disonante de las decisiones comentadas ha sido el mensaje corporal de los obispos renunciados. Casi todos han aparecido sonriendo, evadiendo con gestos de soberbia a la prensa. Incluso, hasta al propio Papa se vio saludar sonriente al obispo Barros en el Vaticano. A ninguno se le ha visto constreñido tras su encuentro con el Pontífice.

Además, más allá de la reorganización de esta iglesia, está la arista judicial, pues el Papa en su carta habló no sólo de negligencia y omisiones, sino de destrucción de documentos, delitos similares a los de otros bullados casos públicos.