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EDITORIAL

La renuncia del obispo Goic al Consejo de Prevención de Abusos

Por La Prensa Austral domingo 27 de mayo del 2018
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Siguen los coletazos del reciente peregrinar de los obispos de la Iglesia Católica de Chile al Vaticano. Al igual que el titular de la diócesis regional, Bernardo Bastres, otro de los dimitidos es el obispo de Rancagua, Alejandro Goic Karmelic, quien acaba de renunciar, además, al Consejo Nacional de Prevención de Delitos Sexuales a Menores de Edad y Acompañamiento de Víctimas.

El delicado momento que enfrenta Goic no deja indiferente a los magallánicos. Nacido el 7 de marzo de 1940 en Punta Arenas en el seno de una familia de origen croata, se le recuerda por su gran labor como párroco de Nuestra Señora de Fátima y como vicario general y, luego, vicario capitular en plena dictadura militar, mientras se esperaba que el Papa Juan Pablo II nombrara al sucesor de monseñor Vladimiro Boric.

Defensor de los derechos humanos, aquello le valió el mote de “cura rojo”, pero eso no desalentó su labor.  Presidente en dos oportunidades de la Conferencia Episcopal, una parte de la feligresía esperaba su nombramiento como Arzobispo de Santiago, designación que no llegó.

Pese a ello, su voz se ha alzado en varias oportunidades para pedir a los gobiernos de turno, a los parlamentarios y a los empresarios que se mejore la educación, que se respeten los derechos laborales y que se establezca un sueldo ético.

Frente a las primeras denuncias públicas que lograron gran connotación pública, Goic asumió en abril de 2011 la presidencia del referido Consejo de Prevención de Abusos Sexuales de la Conferencia Episcopal, cargo que dejó ahora pues era insostenible que siguiera al frente cuando se vio forzado a, en su propia diócesis, suspender a 14 sacerdotes posiblemente vinculados a situaciones de agresiones a menores y/o conductas impropias a sus investiduras y del celibato.

Las denuncias formuladas en su diócesis y no atendidas oportunamente por él -pese a que ha declarado que dichas actividades no eran conocidas y a que ha pedido perdón- han tendido un obscuro manto sobre este obispo, del cual muchos quisieran que se despojara lo antes posible, pues resulta una hora amarga que conduele a los magallánicos.