Necrológicas
  • Vania Vodanovic Pistelli
  • María Teresa Cheuquepil Millaquén
  • María Patricia Vargas Fuentes
  • Rudecindo Segundo Alvarado Mansilla
  • Edith Cari Andrade
  • María Almonacid Miranda
EDITORIAL

Las pillerías y los arreglines

Es una tarea casi imposible hacer el elenco de las decepcionantes situaciones en que muchos nos hemos sentido engañados por quienes manejan el poder, y que con sus “pillerías” y sus “arreglines” le faltan el respeto a los ciudadanos.
[…]

Por Marcos Buvinic domingo 8 de noviembre del 2015

Compartir esta noticia
173
Visitas

Es una tarea casi imposible hacer el elenco de las decepcionantes situaciones en que muchos nos hemos sentido engañados por quienes manejan el poder, y que con sus “pillerías” y sus “arreglines” le faltan el respeto a los ciudadanos.

Estas faltas de respeto las hemos padecido en el ámbito político, económico, empresarial, eclesial, militar, universitario y quizás cuántos más. Sólo para recoger algunas, sin pretender ser exhaustivo, ahí están las colusiones entre las farmacias, los productores de pollos y -ahora- el “conforgate”; las trampas y pillerías en universidades y en la que fue la Comisión Nacional de Acreditación Universitaria; los “casos” Karadima, La Polar, Caval, el llamado “milicogate”, Penta y sectores de la derecha política; Soquimich -del ex yerno de Pinochet- y sectores de la izquierda política; las pillerías y “arreglines” en muchos municipios, las confusas reuniones previas al nombramiento del fiscal nacional, etc… Dejo a cada lector la tarea de completar la lista.

Pareciera que vivimos en una cultura del “arreglín”, donde la pregunta es “¿cómo vamos?”, y en la que se pone de manifiesto una arraigada certeza de impunidad, una ausencia de sanción moral, social, económica y penal ante la búsqueda de beneficios, sin importar mucho cómo se obtengan. En esa cultura habitan los “pillos” que organizan sus “arreglines”; allí habitan también los que los usan y se benefician de ellos, los que hacen la vista gorda, los que omiten su responsabilidad contralora, y los artistas de los “pitutos”. Frente a ellos están los ciudadanos que se sienten abusados y padecen impotentes e indignados.

Pero, esta “cultura del arreglín”, propia de una sociedad que se acostumbró a vivir con márgenes éticos muy anchos, tiene raíces hondas, quizás desde la tierna infancia, cuando el papá celebra a su hijo pequeño porque es “pillo” y le dice “¡aprovecha!”, y se  considera que es tonto el que no anda pensando en la próxima pillería posible o buscando el “pituto” preciso. Desde ahí se va cultivando la mente de los “pillos” que se aprovechan de los demás y de su indefensión.

Estamos ante el serio problema de un vacío ético. El problema no es sólo legal, es principalmente ético. Pero, de ética casi no se habla o -al revés- se habla mucho de ética para acarrear agua al propio molino. ¿Cómo salir de este pantano? 

Las vías de salida no son simples, sino que requieren el concurso de muchos actores. Es necesario abrir una seria discusión ética, una conversación de la sociedad acerca de qué es lo legal y qué es lo ético. Hay, también, una responsabilidad ciudadana de ejercer una función de control, en la espera que las instituciones funcionen y sancionen de modo adecuado las conductas impropias o las que son abiertamente delictuales; así mismo, es deber moral de los “pillos” ofrecer una reparación proporcionada al daño causado, un daño que no sólo es económico, sino que afecta la fe pública, que es la confianza básica para el funcionamiento social; del mismo modo, está la responsabilidad ciudadana de exigir esa reparación. La tarea es larga y compleja… porque el daño causado por los “pillos” y sus “arreglines” es muy grande.