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EDITORIAL

Las repercusiones de autoridades visionarias

Como ya se ha hecho tradicional, la Costanera del Estrecho fue el lugar donde se recreó ayer uno de los actos soberanos más trascendentes de Chile: la toma de posesión del estratégico paso marítimo que lleva el nombre del navegante Hernando de Magallanes. Ello, si bien la go-leta Ancud fondeó realmente en Puerto de Hambre, un 21 de septiembre de 1843.
[…]

Por La Prensa Austral martes 22 de septiembre del 2015
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Como ya se ha hecho tradicional, la Costanera del Estrecho fue el lugar donde se recreó ayer uno de los actos soberanos más trascendentes de Chile: la toma de posesión del estratégico paso marítimo que lleva el nombre del navegante Hernando de Magallanes. Ello, si bien la go-leta Ancud fondeó realmente en Puerto de Hambre, un 21 de septiembre de 1843.
El cuadro actoral resulta así simbólico y aprovecha ahora que en medio de la ciudad se encuentra el Monumento a la Goleta Ancud, el cual -pese a todos los cuestionamientos y a que resulta un mal remedo del proyecto original- igual reconoce el esfuerzo de aquella misión comandada por Juan Williams y secundada por su tripulación de 22 hombres, mujeres y niños.
Durante la celebración del Mes de la Patria, son otros los hechos que se resaltan, sobre todo a nivel de la enseñanza en los colegios y de los actos públicos. Por lo pronto, el establecimiento de la primera Junta de Gobierno, el 18 de septiembre de 1810; y el 19 de septiembre de 1915, como día de las Glorias del Ejército.
Pero, no se da igual realce a lo que, sólo unas décadas después de los primeros actos independistas, llevó al entonces Presidente Manuel Bulnes a enviar una misión al estrecho de Magallanes, con el claro y rotundo objetivo de tomar posesión de estas tierras y mares a nombre de Chile.
Para dimensionar tal decisión y acto, se tiene que recordar que ellos se dieron en un contexto en que eran varias las naciones europeas que veían en el estrecho no sólo el paso fundamental para la navegación comercial, sino un punto estratégico en función del control de las rutas marítimas.
Con Gran Bretaña que sólo diez años antes había expulsado a los argentinos de las islas  Malvinas (Falkland) en 1833 y con naciones como Francia, Holanda y España, entre otras, que rondaban estos sitios con ojos ávidos, Chile parecía indiferente a estos afanes colonialistas, quizás porque tenía otras amenazas que atender y porque un territorio desmembrado y prácticamente dividido por la causa araucana le impedían imprimir urgencia a una misión soberana en estos confines.
Todo ello hace aún más meritoria la decisión de Bulnes, sin duda influenciada por los proyectos de Bernardo O’Higgins, de poner fin al res nullius que regía sobre estas tierras que, en dicha época, no estaban formalmente sujetas a dominio alguno.
Vista desde la perspectiva histórica y considerando la importante proyección antártica que dio a Chile, la toma de posesión del estrecho de Magallanes es, sin duda, un acto al cual los chilenos no le han hecho justicia ni en los discursos, ni en los textos de historia ni en el establecimiento de las efemérides patrias.