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EDITORIAL

Nueva jornada de violencia

Por La Prensa Austral domingo 2 de febrero del 2020

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Irracional. Ese sería el calificativo que debería darse a la nueva jornada de destrozos que vivió Punta Arenas la madrugada de ayer sábado. Esto, si es que usar dicho término no resulta redundante cuando se habla de violencia, la que, por sí misma, resulta no racional cuando se escapa a aquellos cánones sociales en los que, de alguna manera, se ha justificado su uso, como la denominada violencia pacífica.

Alarmante. Así se puede tratar de describir lo que está sucediendo, pero no desde la cuantificación de daños –sin desmerecer tal consecuencia-, sino porque hay un grupo que se ha empeñado en usar la violencia como un tipo de interacción entre ellos y el resto de la nuestra comunidad.

No se trata sólo de provocar desmanes y perjuicios materiales –ya sin importar quién resulta afectado-, sino de instaurar un ambiente de amenaza física y psicológica a la mayoría de quienes habitan nuestra ciudad.

Habitual. Así se están transformando las jornadas de los viernes, que comienzan con alguna manifestación pacífica que deriva en acciones desperdigadas, pero no menos violentas, en varios puntos de la ciudad y que ahora parece fijarse objetivos determinados.

Seguridad. El Estado y, en particular, el gobierno tienen el deber de asegurar que haya orden y seguridad en el país y en nuestra región, en particular, pero han sido ineficientes –y a ratos, parecen indolentes- en la forma en que se está enfrentando a quienes están empeñados en instalar el miedo en la convivencia cotidiana.

Anarquismo. Algunos han usado tal término para referirse a la base filosófica que animaría a estos grupos violentistas, a fin de justificar su accionar. Si bien esta filosofía política plantea la abolición del Estado, entendido éste como el que ejerce el monopolio de la fuerza, postula, a la vez, el principio de no agresión derivado del principio de soberanía individual, es decir, ninguna persona puede agredir la vida, la libertad y los derechos básicos de otro individuo.

Esto lleva a preguntarse: ¿Quién o quiénes están realmente detrás de estas acciones? ¿Quién o quiénes ganan con el ‘laissez faire’ que, según se aprecia, está imperando?