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EDITORIAL

Obispo Bastres y escándalos sexuales al interior de la Iglesia

Por La Prensa Austral viernes 19 de abril del 2019
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El mundo cristiano conmemora en estos días el trío pascual, es decir, recuerda los momentos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

En cada día se concentran los momentos más importantes del año litúrgico en el cristianismo, llenos de simbolismos y valores.

Durante la Misa Crismal, el obispo de la diócesis no quiso pasar por alto los escándalos sexuales registrados al interior de la Iglesia Católica, que tienen como autores y cómplices a importantes dignatarios eclesiásticos y de congregaciones religiosas.

Es un momento triste para la feligresía, que ha sido doblemente afectada: primero, porque entre sus miembros están muchas de las víctimas de acoso y violaciones sexuales cometidas por sacerdotes y religiosos; y segundo, porque su confianza en la institución eclesial ha sido dañada, comprometiendo, en no pocos casos, la propia fe en Dios.

En tal contexto, resulta importante reconocer que Bernardo Bastres habló del bochornoso capítulo que enfrenta el mundo católico, abordando derechamente lo que esta iglesia ha tenido que vivir en los últimos años. Se trata de un triste y vergonzoso episodio que ha llenado de dolor y pena a cuantos adhieren a esta creencia religiosa.

Reconoció que el comportamiento inmoral de los sacerdotes ha destruido la vida de muchos fieles y ha dañado la convivencia eclesial.

Ciertamente, debe haber sido doloroso presidir la Misa Crismal para todo obispo que aún abrace los principios cristianos y que se haya mantenido ajeno a tales depravaciones, pues es en este día en que tradicionalmente se ha efectuado la renovación de los votos sacerdotales.

La Iglesia Católica está bajo cuestionamiento y requiere, más que nunca, de la participación activa de los laicos, para poder dejar atrás estas infames conductas y desterrar todos los mecanismos de complicidad existentes en su interior.

Para los creyentes, esta Semana Santa tiene que ser una ocasión para reflexionar y también renovar su confianza en Dios, entendiendo que sólo en él y no en los hombres -sin importar la investidura de éstos- deben depositar su fe.