Necrológicas
  • Julio Sebastián Calderón Maclean
EDITORIAL

Padre Hurtado y un Chile más fraterno

Ayer se recordó que un 22 de enero de 1901 nació Alberto Hurtado Cruchaga, cuya figura, luego de un largo proceso iniciado ante la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, fue reconocida por la Iglesia Católica y permitió que fuera declarado santo por el Papa Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005.
[…]

Por La Prensa Austral sábado 23 de enero del 2016

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Ayer se recordó que un 22 de enero de 1901 nació Alberto Hurtado Cruchaga, cuya figura, luego de un largo proceso iniciado ante la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, fue reconocida por la Iglesia Católica y permitió que fuera declarado santo por el Papa Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005.

Sus biógrafos y quienes tuvieron la suerte de conocerle siempre han remarcado cómo este sacerdote jesuita conmovió a la sociedad de su época, interpelando las conciencias de la clase gobernante y de aquellas familias más pudientes.

Sus palabras estuvieron marcadas por el gran concepto de la solidaridad, hoy prácticamente extinguido en la convivencia cotidiana y de la formación de las nuevas generaciones.

“Cuando se dio cuenta que, en nuestro país como en el mundo entero hay quienes pisan fuerte y hablan duro y hay otros a quienes sólo les está permitido escuchar, obedecer y trabajar, se propuso el padre Hurtado ser la voz de los que no logran hacerse oír. Y habló y escribió y trabajó hasta el agotamiento para que hubiera en Chile más justicia, más solidaridad y más fraternidad”, resaltó monseñor Bernardino Piñera, entonces Arzobispo emérito de La Serena, en la homilía de vigilia de la canonización del padre Hurtado.

Así y pese a que han pasado 115 años de su nacimiento, vale la pena revisar los aspectos centrales de su discurso –y de su propio ejemplo de vida-, respecto del imperativo social de formar una sociedad sobre la base de otros principios, aquellos que permitan tener mayor cuidado por las personas que tienen menores posibilidades de acceder a la educación, la salud y a un trabajo bien remunerado, generando un sistema que busque la equidad y la justicia sociales.

Todos éstos son conceptos totalmente ajenos al sistema de libre mercado que impera en Chile y que sigue rigiendo desde el advenimiento de la democracia en 1990 con escasas correcciones. Al contrario, la desigualdad aumenta y no se aprecia mayor voluntad de imponer un relacionamiento social y laboral más justo, donde el lucro no sea el bien superior, sino la probidad y la promoción del ser humano.