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  • María Bernilda Díaz Oyarzo
EDITORIAL

Parque Chabunco y la necesidad de licitar su cuidado

Por La Prensa Austral martes 23 de enero del 2018
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Hay sitios reservados al esparcimiento de los habitantes de la comuna, que han adquirido, con el paso de los años, un verdadero valor simbólico.
Por sus características atraen a miles de familias que, aprovechando las condiciones climáticas, realizan actividades que pasan a ser parte de la identidad regional.
En verano, el sitio de reunión es el parque Chabunco, si-tuado a unos 20 kilómetros al norte de Punta Arenas. Es más, la carretera lo cruza y lo divide en dos. A este lugar se accede fácilmente, la entrada es liberada y no hay otro requisito que contribuir a su cuidado y mantención.
Sin embargo, la conservación del lugar, tanto en su belleza natural como en las instalaciones destinadas a dar confort a los visitantes, no es asumida por todos. Es más, hay personas que no trepidan en demoler lo que con tanto esfuerzo allí se ha construido, dando una muestra vergonzante de incultura.
Cada cierto tiempo este dia-rio realiza reportajes mostran-
do una triste realidad de displicencia y destrucción, en imágenes que chocan al más elemental sentido de urbanidad.
Durante la administración municipal del alcalde Emilio Boccazzi se invirtieron 578 millones de pesos en el mejoramiento de la infraestructura del recinto y el año 2014 se anunció que se elaborarían las bases para licitar la administración del parque, situación que a tres años todavía no ocurre, con lo cual la inversión se continúa deteriorando.
El problema es cómo se hace comprender que los parques son de todos pero no para hacer lo que queramos con ellos, sino para cuidarlos. Tiene mucho que ver con las conductas reprochables de quienes resultan ser indiferentes a la sanción social de repudio. Es muy similar al hábito de ensuciar arrojando basuras al costado de los caminos, carreteras y lechos de ríos.
La necesidad de educar surge como la tarea irrenunciable de largo plazo. Pero, en lo inmediato, nunca estará de más insistir en la necesidad de querer lo nuestro, de valorar lo que se instala para nuestro propio bienestar. ¿Qué otro lugar puede merecer mejor nuestro cuidado que no sea un parque? La respuesta resulta obvia.