Necrológicas
EDITORIAL

Período presidencial

Por La Prensa Austral domingo 20 de enero del 2019

Compartir esta noticia
39
Visitas

Tras el triunfo del “No” en 1988, se dio paso al proceso eleccionario que eligió al primer Presidente de la democracia, lo que dejó atrás el obscuro período de la dictadura, entrando el país a lo que se llamó la transición. Patricio Aywlin Azócar (marzo 1990-marzo 1994) asumió el inmenso desafío de conducir los destinos de Chile y recomponer el funcionamiento del Estado.

Según se estableció en la Constitución de 1980, los sucesivos períodos presidenciales serían de seis años: Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000) y Ricardo Lagos Escobar (2000-2006). Fue en 2005 que se impulsó una reforma constitucional para acortar dicho lapso, dejándolo sólo de cuatro años. Esta iniciativa fue impulsada principalmente por representantes del entonces conglomerado Alianza por Chile.

Desde entonces, el país ha estado bajo la conducción de Michelle Bachelet (2006-2010) y Sebastián Piñera (2010-2014), quienes se repostularon y volvieron a cruzarse la banda tricolor en forma alternada. Bachelet (2014-2018) y Piñera (2018 hasta el 2020).

Ahora, existiría cierto consenso para llevar adelante otra enmienda a la Carta Fundamental, esta vez para posibilitar la reelección inmediata de un Mandatario.

El fundamento que se esgrime es que cuatro años es un tiempo insuficiente para que un gobierno pueda realmente llevar adelante su programa y que, igualmente, impide que se puedan asumir procesos que buscan transformaciones profundas.

A la dificultad observada en los últimos gobiernos para instalarse con todas las de la ley, se añade que el país ha quedado a merced de sucesivos períodos electorales, ya que cada dos años se están registrando comicios municipales y, luego, elecciones parlamentarias y presidenciales. En regiones, además, se suma el sufragio para escoger a los consejeros regionales.

Si bien son atendibles las razones esgrimidas para reabrir el debate, se deben estudiar sus consecuencias, pues la legislatura chilena ha dado demasiadas muestras de ser precipitada, más bien, reactiva y cambiante, impulsando un día una cosa para, después, arrepentirse al ver los indeseados de lo que, por mayoría, se estableció como ley de la República.