Necrológicas
  • Ramón Leonidas Vera González
  • Fabiola Mansilla
  • María de Lourdes Muñoz vda. de Ortega
EDITORIAL

Preservación de la Cruz de los Mares (I)

Por La Prensa Austral domingo 7 de abril del 2019

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Nuestra región está llena de hitos geográficos de gran belleza y renombre mundiales, cuya potencia patrimonial se ve amenazada por nuestra incultura y la miopía política de quienes ostentan posiciones ejecutivas.

Uno de ellos es el cabo Froward que tan maravillosamente describe el historiador Mateo Martinic Beros, cuando plantea que la naturaleza superó con creces lo que pudo idear el hombre al conformar durante centenares de miles de años este “peñón rocoso, enhiesto y abrupto de cuatro centenares de metros de altura con el que tiene fin la tierra continental de América”.

El nombre de este accidente geográfico se lo debemos al capitán Thomas Cavendish cuando lo dobló el 14 de enero de 1587, bautizándolo cabo Froward, adjetivo que significa obstinado en inglés, “quizá -como comenta Martinic- por la dificultad que debían enfrentar los navegantes al intentar su cruce”.

Por su ubicación privilegiada, este centinela del estrecho de Magallanes se ha visto como un sitio ideal para instalar monumentales cruces, haciendo honor al culto católico que primó con fuerza en Chile el siglo pasado. La primera en 1913 y la segunda en 1944.

Tras colapsar las estructuras que impulsaron los sacerdotes salesianos Luis Salaberry y Pedro Giacomini, el contraalmirante Roberto Benavente Mercado se preguntó si sería factible levantar una tercera cruz capaz de resistir las inclemencias del tiempo por un período más prolongado y si habría ingenieros y arquitectos decididos a asumir tan alta responsabilidad.

El 28 de marzo de 1987 se vio cumplido ese sueño y hoy, en el marco del 32º aniversario de la inauguración de la Cruz de los Mares, aquellos hombres que asumieron tal desafío -Danilo Kalafatovic Matulic, José Martinic Beros y Marcos Matulic Cvjetkovic, ingenieros civiles de la Universidad de Chile- advierten que esta obra podría tener igual fin que las primeras por el avance de la corrosión.

Los magallánicos deben volcar sus ojos hacia este monumento y entender que su preservación pasa necesariamente por la ejecución de trabajos de mantenimientos periódicos.