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EDITORIAL

Preservación de la Cruz de los Mares (II)

Por La Prensa Austral lunes 8 de abril del 2019

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El pasado 28 de marzo se conmemoró el 32º aniversario de la instalación de la tercera Cruz de los Mares en el cabo Froward. La primera se inauguró el 21 de diciembre 1913, en el marco de la celebración de la Iglesia Católica universal del edicto de Milán por el cual el emperador Constantino otorgó la libertad de culto al cristianismo. El domingo 5 de marzo de 1944  se levantaría una segunda cruz, la que, al igual que la primera, se derrumbó.

Los ingenieros civiles involucrados en esta tercera versión de la Cruz de los Mares expresaron a través de las páginas de El Magallanes su inquietud por el estado de esta estructura.

La cruz actual es una estructura metálica de 24 metros de altura, algo así como un edificio de ocho pisos, siendo sus brazos de diez metros. Pero, más allá de su espectacularidad física, se trata de un símbolo regional, levantado en el peñón rocoso que marca el fin del continente americano.

Con justa razón, hay quienes desean que se declare símbolo de la paz, en una zona que vive bajo el recuerdo del cuasi conflicto bélico con Argentina y que agradeció la visita que, una semana después de su inauguración, realizara a la zona el Papa Juan Pablo II.

Resulta imperativo oír la voz de los ingenieros, defensores del patrimonio y de quienes han amado no sólo la caprichosa geografía magallánica, sino su historia llena de epopeyas desde que aparecieron sus primeros habitantes y llegaron, luego, los europeos. Sí, parece que llegó la hora de abrazar como región el desafío de conseguir que la Cruz de los Mares obtenga la condición de Monumento Histórico Nacional. Ello permitiría contar con asignaciones de recursos ciertos para garantizar los mantenimientos periódicos que una obra de tal envergadura requiere para poder enfrentar estoica los embates climáticos y el paso del tiempo.

Esta causa perfectamente podría ser una cruzada magallánica en el marco de la conmemoración de los 500 años del paso del navegante portugués por el estrecho que lleva su nombre y que hoy se extiende bajo la protectora mirada de la Cruz de los Mares.