Necrológicas
  • José Ramón Ampuero Guzmán
EDITORIAL

Protocolo de la Umag sobre “mechoneo”

Por La Prensa Austral domingo 10 de marzo del 2019

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El inicio del año lectivo trae aparejado el ya tradicional “mechoneo”, actividad que tiene por objetivo dar la bienvenida a aquellos jóvenes que inician la educación superior. Sin embargo, en no pocas instituciones ni pocos casos, se han registrado situaciones indeseables, que han vulnerado completamente los derechos de estos estudiantes, sometiéndolos a todo tipo de vejámenes.

Buscando reaccionar y anteponerse a este tipo de casos, desde 2017 la Universidad de Magallanes cuenta con un protocolo de recepción de los nuevos estudiantes, en el cual se entregan orientaciones y sugerencias para una acogida respetuosa de estos jóvenes.

La Umag pide expresamente que cualquier actividad destinada a dar la bienvenida no denueste a los alumnos y que se respete cabalmente los derechos humanos de éstos.

Este protocolo es claro en señalar que no todo lo que se presente como divertido para algunas personas lo es para otros, sino que, por el contrario, hay ciertas imposiciones y “pruebas” que se les impone a los nuevos estudiantes que sólo constituyen un atropello de sus derechos fundamentales.

En tal sentido, el planteamiento formulado hace unos días por el académico Bedrich Magas Kusak resulta totalmente lógico y atendible. El expuso públicamente este tema a través de una carta dirigida a La Prensa Austral. En ella, se sostiene que es necesario que, desde las propias autoridades del plantel, emane una señal poderosa que permita reorientar las actividades de bienvenida de los jóvenes y evitar que éstas se transformen en una verdadera agresión física y psicológica para éstos.

La propia fiscal Wendoline Acuña advirtió que estas prácticas pueden constituir un delito y postuló que siempre se tiene que guardar el respeto y el decoro en la recepción de los novatos.

Siempre debe reinar un ambiente de fraternidad y respeto en los pasillos y aulas universitarias y el “mechoneo” tiene que transformarse en algo que, siendo lúdico y entretenido, no degenere en un vejamen público.