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  • Nicanor Segundo García Bórquez
  • María Eliana Mayorga Martínez
EDITORIAL

Una ciudad tapiada

Por La Prensa Austral jueves 13 de febrero del 2020

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En plena temporada turística, Punta Arenas ha presentado, por lejos, su peor cara del último siglo, quizás sólo superada por los dos dramáticos desbordes del río de las Minas. Pero, en tales casos, fue la naturaleza la que se ensañó.

La comparación puede no ser válida para muchos, pero el estado de los edificios y espacios públicos hace rememorar los tiempos del motín de Miguel José Cambiaso en 1851, en plena colonia penal.

¿Qué pueden tener de parecido ambos tiempos? Primero, una efervescencia y revolución política. Segundo, el terror y la destrucción.

Según los relatos históricos, el teniente de artillería, liberado por sus partidarios, se apoderó del cuartel y de la plaza de armas y quiso imponerse por el terror. Cambiaso llegó al paroxismo de su ira al quemar el hospital, la iglesia y la gobernación al saber de la fuga de Benjamín Muñoz Gamero. En 1852, abandonó una ciudad en ruinas.

No son los mismos tiempos ni las circunstancias y, seguramente, muchos pensarán que tal parangón es descabellado, pero el saldo está siendo idéntico: una ciudad destruida y su casco histórico y centro urbano totalmente tapiados, rayados y con evidente deterioro producto de un grupo de vándalos y delincuentes que, so pretexto de la injusticia, buscan, por tal vía, reformar al país para hacerlo… ¿más justo?

Argumentando inequidades históricas, estas personas no respetan los derechos de nadie y cimientan sus reclamos dañando el patrimonio material y cultural que es propiedad de todos (no sólo de los poderosos contra quienes –se dice- está dirigida la furia).

Punta Arenas no puede convertirse en una ciudad tapiada. La alcaldía, las cámaras de comercio y turismo, juntas de vecinos y otras organizaciones, en coordinación con las policías, deben realizar esfuerzos para volver a despejar ventanales y puertas, restaurar fachadas y proteger nuestro patrimonio.

Lo peor que puede pasar es que el vandalismo y el terror se queden conviviendo con nosotros.