Necrológicas

A la espera de prolongar el legado familiar y dar el gran salto a Europa

Por La Prensa Austral lunes 6 de julio del 2020

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Branko Coro Lucero cumple 17 años el 17 de julio

Producto de la pandemia, debió dejar Puerto Varas, donde se encontraba estudiando y jugando, para continuar con sus entrenamientos en su casa, pero ahora está contando los días para, en septiembre, viajar a Madrid, para integrarse al Club Deportivo Academia Torrejón

En sus genes lleva el básquetbol y el amor por el deporte. La pelota de básquetbol lo acompañó desde guagua y por eso, no extraña que esté próximo a dar un importante paso a la consolidación. Branko Coro Lucero, a pocos días de cumplir los 17 años (el viernes 17 de julio) trae consigo la calidad que su padre, Frane, desplegó tanto a nivel regional como nacional. En tanto, su madre, Daniela Lucero, ha brillado en el atletismo, compitiendo con mucho éxito en maratones y carreras de largo aliento. Pero el básquetbol era su destino, porque también hay que mencionar a su tío, Pablo Coro y a su primo, Vicente. Y él mismo ha sido ejemplo para su hermano menor, Mirko, de 10 años, que igualmente ya demuestra su calidad con la pelota anaranjada en Inacap, y como arquero de la academia Talent Sports.

A los cinco años Branko inició su camino en este deporte, que este año, producto de la pandemia, ha suspendido su avance, como ha ocurrido con todas las disciplinas deportivas. Pero su talento ya venía dando que hablar y así fue como obtuvo una beca para integrarse al Torrejón Basketball Academy, de Madrid, España. En principio, y si las medidas sanitarias en ambos países lo permiten, viajaría a principios de septiembre. Mientras tanto, se mantiene entrenando en su casa, para mitigar la ansiedad de no poder jugar a nivel competitivo.

“Es una gran oportunidad para mí, porque es una academia en la que me puedo proyectar como jugador y llegar a ser profesional. Hace un par de días hablé con mis papás y está casi confirmado; tengo que juntar el dinero y sería por un año o año y medio, aunque dependiendo cómo me vaya, la idea es quedarme. El que organiza todo dirigió acá al club Español femenino y conocía a mi papá; conversó con él hace unos meses, y hace unos días nos contó cómo era, que varios chilenos han estado estudiando y jugando allá”, parte contando el jugador, de 1,90 metro de estatura y cuyo puesto es base.

Antes de que llegara el Covid-19, Branko Coro jugaba en el Atlético Puerto Varas que participa en la Liga Profesional chilena, ya integrado al plantel profesional. “Tuve que venirme pero no esperaba que fuera por tanto tiempo, llegué una semana después de que se iniciara la cuarentena, pensaba un mes máximo”. Pero no fue así y tuvo que armar su propia rutina de ejercicios para mantenerse en buena condición física. “En las mañanas me levanto, estudio, al mediodía hago cardio en la elíptica, vuelvo a estudiar en la tarde y me conecto con mis compañeros de equipo de Alemán de Puerto Varas, mi otro equipo; hacemos trabajos con mancuerna, una hora y media, entrenando con el profesor a través de Zoom. Y los días que no entrenamos, hacemos ejercicios con mancuernas, pesas”.

Sin embargo, falta la adrenalina de la competencia, el vértigo de una confrontación. “Eso afecta mucho, entrar a la cancha, jugar, campeonatos, además que este año iba a ser bueno para mí, que iba a jugar mi último campeonato sub 17. Pero se abrió esta posibilidad, porque así como está la pandemia en Chile, no se sabe cuándo volverá el básquetbol, capaz que se suspenda”. Además, que estando en Europa “hay muchas más opciones, tanto para jugar como estudiar, optar a una beca en una universidad y que te llame un equipo de la liga profesional, y vivir de eso”.

Una trayectoria extensa

Branko Coro Lucero comenzó a jugar a los 5 años, teniendo como espejo a su padre. “Nos criamos en Santiago, partí rodeado de pura gente deportista. Mi papá que jugó en la Dimayor, iba al gimnasio a verlo, mi mamá profesora de Educación Física, siempre deporte. Al llegar a Punta Arenas estuve en Cordenap, Sokol, pero mi formación fue en Inacap, donde mi papá fue mi entrenador. Fuimos a un par de campeonatos, hasta que llegó la primera invitación, a jugar por el Club Puerto Varas. Me iba los viernes a Puerto Montt, me iban a buscar para ir a Puerto Varas, entrenaba y dependiendo si jugábamos de local o visita, podíamos ir a Castro, Ancud, Osorno, Valdivia; el domingo descansaba y volvía en la noche, llegaba el lunes y altiro a clases, no tenía fines de semana libre. Así estuve dos años, jugando nacionales, gané un nacional federado con ellos y fue muy importante para mí, porque fue un paso más, porque el nivel era mejor que acá”,

Ese trajín sí, lo terminó cansando, porque tenía entre 12 y 13 años, y aunque tenía el apoyo de su colegio el Charles Darwin, tanto de su director Patricio Yutronic como de los profesores, el tema de los viajes cada fin de semana lo llevó a regresar. “Me quedé un año y medio jugando por Inacap, en la serie adulta; en mi primer año sub 17, el año pasado, me llegó otra invitación, del club Alemán de Puerto Varas. Me llamó el entrenador Mario Minervino, un argentino con el que había estado en el otro club de Puerto Varas. Fui, pero la condición era que tenía que irme a vivir, allá me tenían colegio, alojamiento. Mis papás sufrieron harto, fue doloroso, porque extrañaba a mis amigos. Pero allá me recibieron muy bien, no me faltó nada. Jugaba por Alemán en mi categoría y algunos partidos en adultos. Estuve así medio año, saliendo del colegio entrenaba y volví a la casa a las 9 de la noche y jugábamos los sábados. Cuando terminó la Liga Saesa, donde llegamos a la semifinal, y cuando terminó, regresé. Nuevamente surgió otra invitación, de Atlético Puerto Varas, de la liga profesional, por recomendación del profe Mario Minervino”.

Nuevo regreso a la ciudad junto al lago Llanquihue, pero con la diferencia de que comenzó a dar exámenes libres, porque los entrenamientos con el club eran todo el día, rutina que mantuvo hasta que llegó la pandemia.

Estando en Puerto Varas se dio cuenta que más allá de la tradición familiar, tenía condiciones para imponerse en una competencia de mayor nivel y destacar. “Son más equipos, más competitivo que acá, a los entrenamientos no falta nadie, hay mucha disciplina y el nivel es más elevado; no se nota tanto en las series inferiores, pero en Alemán se notaba la competitividad de todos”, comentó Branko Coro.

Así que mientras entrena en su casa, a la espera de su viaje a Madrid, junto a su familia está buscando apoyo financiero para ese desafío, para poder mantenerse, al menos durante un año y medio, como base, para de ahí proyectarse a otros clubes. “Necesitamos unos 7.500 euros, que son como 5-6 millones de pesos. Así que con mis papás estamos buscando auspicios. Igual sé que es distinto irme a Puerto Varas que a España, pero espero que no me cueste tanto adaptarme, porque igual otros chilenos allá. Aparte que tengo experiencia de viajar solo desde los 12 años, al principio extrañaba, pero me fui acostumbrando y buscando mi sueño. Hace poco empecé a soñar que voy a jugar en la liga profesional de España, vivir de eso, y que soy exitoso en lo que hago”.