Necrológicas

Centro Ecuestre Aires combina la equitación con terapias para mejorar la calidad de vida

Por La Prensa Austral lunes 10 de agosto del 2020

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En el kilómetro 4,5 sur

Equinoterapia, equitación adaptada y recreativa, son las actividades que desarrolla este emprendimiento desde hace un año y medio, y que pueden ser asumidas por gente de todas las edades, incluso guaguas

En el kilómetro 4,5 sur, a un costado de la Escuela Pedro Sarmiento de Gamboa, funciona desde hace un año y medio, aproximadamente, el Centro Ecuestre Aires que, producto de la pandemia, ha debido readaptar sus horarios y modalidades de trabajo. Eso sí, sin perder el objetivo principal que es trabajar para el beneficio de la salud, física y mental, de niños y adultos. Esto se desarrolla en tres grandes programas: equinoterapia, equitación adaptada y equitación recreativa.

Pero muchas de las personas que llegan, sienten temor de subirse a un caballo y mucho más, cabalgar. Y aquí, tres pequeños dan el ejemplo y demuestran que todo radica en la confianza que se transmite hacia el noble animal. Melanie, Kenneth y Karin Morrison Gysling son los tres hijos de los dueños de este emprendimiento, Carolina Gysling y Alister Morrison.

Al verlos a ellos, inmediatamente surgen los deseos e inquietudes de vivir esa experiencia de contacto con la naturaleza, que otorga una paz única. Los niños disfrutan de cada paseo en estos caballos, especialmente mansos para esta labor, alejados totalmente del estrés al que son sometidos en otras actividades.

“Tenemos tres grandes programas que se trabajan con caballos: clases de equitación recreativa y deportiva, que está orientada para niños sobre cinco años, previa evaluación que les hacemos de sus condiciones de motricidad, equilibrio, coordinación y capacidad de atención, que son súper importantes para los temas de seguridad. Otro programa es Hipoterapia, para niños desde un año y menos incluso, hasta adultos, que siempre se trabaja asociado a un diagnóstico médico y que, por lo tanto, tiene más que ver con rehabilitación, para lo cual contamos con un equipo compuesto por kinesiólogos, fonoaudiólogos, psicopedagogas, educadores diferenciales, terapeutas ocupacionales, que nos apoyan y están capacitados en terapias asistidas con caballos. Entonces se trabaja interdisciplinariamente, según los apoyos que cada caso necesite. Finalmente, el programa de estimulación temprana, para niños desde los 12 meses hasta los 4 años, que no necesariamente tienen un diagnóstico sino que quieren potenciar áreas del desarrollo motor, cognitivo, social, sensorial”, describió Carolina Gysling.

La terapeuta advierte que los niños en esta sociedad, independiente de la actualidad marcada por la pandemia, “pasan mucho tiempo encerrados, expuestos a pantallas y tecnologías y han perdido mucho de su capacidad motora, por falta de estímulos, porque no saltan, no corren, no trepan, entonces en este ambiente natural y el caballo, le dan mucho estímulo de movimiento, que hacen que el cuerpo involuntariamente reaccione, se acomode y se ajuste la postura, el tono muscular, que son una deficiencia masiva en estos tiempos”.

Para ello, le enseñan a tratar y comunicarse con el caballo, para que entienda las instrucciones y que les permite aplicarlo como a su vida diaria y futura. Además, el jinete debe aprender a leer el lenguaje del caballo. “Les explicamos a los niños cómo leer el lenguaje corporal del caballo, cómo entender su estado de ánimo, si está enojado, contento, dispuesto, relajado y eso les va también ayudando a observar cosas de la vida en general”, subrayó Gysling.

Pero por la pandemia, no pueden atender a gran cantidad de niños a la vez. Las clases de estimulación temprana y de terapias se atienden de forma individual, y las clases de equitación se atienden a grupos de máximo tres niños, pero cada uno de ellos va con su caballo, con un equipo que posteriormente, es desinfectado por completo.

Las sesiones son de lunes a sábado, con coordinación con el equipo a través del correo electrónico centroecuestreaires@gmail.com y en los números +56964713088 o en el +56981214658.

Pequeños jinetes

Melanie Morrison tiene 10 años y cuenta que desde que era una bebé, su mamá la llevaba a pasear en caballo, “porque creció en el campo, en Tierra del Fuego, donde hay muchos caballos y ahí yo montaba. Normalmente cepillo a los caballos, ayudo en la alimentación, limpio el terreno para el uso de los niños y los caballos. Hace poco aprendí a galopar, porque cuando era pequeña aprendí paso, trote y galope. Es algo que se aprende a poco, un proceso bastante lento, depende del caballo, que tiene que ser manso”, destacó.

La niña cuenta que cuando está sobre el caballo, puede relajarse en algunos momentos, pero a la hora del galope, asoma la adrenalina. “La primera experiencia fue con una yegua que tenía un galope muy suave, y entre que uno se asusta y está súper feliz de haberlo logrado, la adrenalina es muchísima”, destaca.

Su hermano Kenneth, próximo a cumplir 12 años, recordó que cuando tenía unos dos años, se subió a un caballo. “No me gusta tanto galopar, sino algo más relajado. Lo que me gusta es dar paseos, hay un bosquecito no muy lejos, donde voy. Es relajante. Me gusta cabalgar a Azabache. He tenido dos caídas, pero nada grave”.

Los otros caballos del centro son China, Peti y Brego. De ellos, Peti y Azabache son los más “viejos” entre 25 y 30 años, mientras que Brego solamente tiene cinco años y es para alumnos más avanzados.

Junto a su hermana pequeña, Karin, que también tiene un gran manejo sobre el caballo, hicieron una presentación recreativa, mientras su padre Alister Morrison explicaba que las clases tienen un gran componente lúdico, en un espacio cercado que los caballos asocian como su espacio de trabajo.

Psicomotricidad, desarrollo del equilibrio, la propiocepción son algunos de los beneficios que tiene esta labor. “El terapeuta número uno es el caballo, todas las otras cosas que uno va haciendo, son complementarias, pero el movimiento del caballo y la velocidad, va dependiendo de la situación de lo que esté trabajando la persona”, explicó Morrison. Incluso la temperatura del caballo es un factor que influye en estas terapias.

Una de ellas tiene a los niños haciendo ejercicios sobre el caballo, con desafíos musculares, que los obligaba a tener sus brazos arriba y su atención puesta en muchas cosas a la vez. Se les ponen argollas, que les obligan a separar más las piernas, lo que dificulta el equilibrio sobre el animal, que va mucho con las piernas en contacto con él. Entonces se combina coordinación, concentración, equilibrio y tono muscular, “es un ejercicio muy completo, que se asemeja a la natación, donde trabajan todos los músculos, porque toda la parte inferior debe hacer mucha fuerza para sostener el resto del cuerpo pegado al caballo; en equilibrio, manteniendo el torso erguido, los hombros atrás, los brazos trabajando con la rienda, entonces es súper completo”, apuntó finalmente, Carolina Gysling.

Fotos José Villarroel G.