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Superó los malos comentarios y se mantiene con fuerza luchando por cumplir sus metas

Por La Prensa Austral lunes 28 de septiembre del 2020

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Marcelo Antonio Vásquez Miranda, 16 años

Hace no pocos años, cuando comenzó en el taekwondo lo molestaban por su sobrepeso, incluso no respetándole que había llegado a ser cinturón negro. Se cambió de academia y además comenzó a incursionar en el atletismo, especializándose en pruebas de lanzamiento

Entrenando como puede en su casa está Marcelo Antonio Vásquez Miranda, de 16 años y estudiante del Instituto Don Bosco. Imposibilitado de salir siquiera para trotar un poco, debe resignarse a practicar y mejorar su técnica, además de algunos ejercicios para no perder condición física. Una realidad que viven muchos deportistas y que perjudica más a aquellos que están en su etapa de desarrollo, en la que un año sin competencias, puede ser muy perjudicial.

Pero Marcelo está acostumbrado a superar dificultades y momentos difíciles. Comenzó en el taekwondo y desde hace dos años, practica atletismo, especializándose en lanzamiento de bala y jabalina. “Empecé en taekwondo a los 7 años con mi hermano mayor. Ha sido muy diferente, porque cuando comencé en el taekwondo, no me respetaban, porque yo era el cinturón más alto y no me tomaban en cuenta, pero después cambié de academia y el maestro Rigoberto me aceptó como un cinturón más, para que sea como un profesor más. Y cuando me incorporé al atletismo, fue como cambiar de deporte, sentir que cambié uno por otro”, comentó, aunque al principio se sintió más libre al incorporar esta nueva disciplina, por estar al aire libre, correr y hacer nuevos amigos.

Sus inicios en el atletismo fueron en la Escuela 18 de Septiembre, lo invitaron a competir, “nos presentamos, algunos con balitas empezamos a tirarlas cada una diciendo nuestros nombres, después un trote, elongación y actividad física para tener más resistencia y de ahí comencé a lanzar bala”.

Cuando comenzó a practicar lanzamiento de bala, se preparó para el campeonato regional, y cuando se dispuso a lanzar una de 3 kilos, “sentí un leve dolor en el hombro. En el regional quedé en el primer lugar y fui al Nacional, lo que me puso súper feliz. Y cuando estuve en el Nacional, me di cuenta que tenía la clavícula fuera y me sentí muy mal cuando perdí, pero por otro lado, me sentí orgulloso y que iba a seguir obteniendo logros”, comenta, demostrando su temple ante la adversidad.

Estuvo en receso hasta parte de este año, trabajando con kinesiólogo, algo que de todas maneras no le afectó anímicamente, porque “era por mi bien, si quería mejorar mis marcas tenía que recuperarme primero”.

Por mientras, entrena en su casa, lo que ha sido muy complicado, “porque no tengo espacio donde lanzar mi bala, que es de 5 kilos. Le pido a mi compañero de taekwondo que me mande un plan de entrenamiento, lo mismo que mi profesor de atletismo, Daniel Gómez, específico para cada prueba. Yo tengo que hacer una rotación, un giro, y ese lanzamiento ya lo logré, pero me falta practicarlo con la bala”, detalló. Además, mantiene otra rutina para la condición física “para que cuando bajen los contagios y podamos volver a entrenar, no comencemos de cero y sin perder todo lo que hemos logrado”, apunta.

El apoyo para lograr sus objetivos

En cuanto a sus metas, desafíos y sueños, manifiesta que a pesar de todas las dificultades, “yo no me voy a rendir, quiero llegar a ser un seleccionado nacional, una meta difícil, en la que hay que pasar por muchos caminos. En los campeonatos siempre quedo en los primeros lugares, pero a mí me da lo mismo ser tercero o segundo, porque es un logro de la vida al que he llegado con mucho esfuerzo, con las últimas gotas de sudor, si me caigo me vuelvo a levantar, porque no voy a dejar esas metas atrás. Tengo muchos compañeros que me apoyan, mis profesores y la que agradezco más es a mi compañera Yessica Centurión, que siempre me motiva y día a día me dice que no me rinda. En los entrenamientos, aunque esté muy cansado, voy a seguir, para cumplir mis metas y poder enseñar a otros para tener esa disciplina y más motivación”.

En paralelo sigue con el taekwondo, donde se ha enfocado más en enseñar que en competir. “Cuando entreno, ayudo a hacer clases, y si entreno lo hago a full, para mejorar mis técnicas y una elongación máxima, y cuando me sienta muy confiado para pelear, lo haré. Yo soy un guerrero de taekwondo, si para llegar a cinturón negro, fueron horas de esfuerzo, de técnicas que he repetido, mi dedicación, el coraje, el valor y las veces que he caído y me he levantado”.

Momentos difíciles

Aunque antes se enojaba cuando no conseguía resultados, “pero cuando entré al club Maurek, me he sentido diferente, siempre veo a mis compañeros con una sonrisa. Cuando entreno, soy serio, porque quiero concentrarme en las técnicas y lo que debo mejorar. Cuando compito siempre voy a llegar con una sonrisa. Siempre digo, ‘mente positiva, mente ganadora’”.

Marcelo Vásquez está convencido de lo que quiere y cómo lograrlo, porque vivió momentos muy complicados, no tanto por las dificultades en el deporte, sino por situaciones desagradables que ensucian el deporte. “Cuando comencé en el taekwondo me sentía discriminado, porque antes tenía sobrepeso, pero como no me rendía, y voy a hacer todo lo que pretendía realizar. Tenía unos 13-14 años, porque de chico era gordito. Sentía que me llevaban a los campeonatos para ayudar y no para competir, nunca me tomaron en cuenta como cinturón negro, incluso el otro cinturón negro me faltaba el respeto, porque en esta disciplina se respeta por cinturón y antigüedad, pero me trataba mal, porque no tenía mucha resistencia y me cansaba, entonces me ponía sobrenombres. Pasaron los años, volví a entrenar en la misma academia y había bajado de peso, pero a los pocos días volvió a tratarme mal, tanto que en un entrenamiento, me pegó una patada en la parte baja intencionalmente. Y ahí decidí no seguir ahí”.

Y justo en su colegio había un entrenamiento de la academia en la que está ahora, el club Taekwondo Kwon. “Estaba el maestro Rigoberto Przygodda y sin entrenar ahí, le dijo a todos que pasaran a saludar al cinturón negro, en referencia a mí. Y me sentí como parte de esa familia, y me invitó a entrenar”.

Por eso, reitera que su sueño es ser seleccionado y apoyar a otros deportistas, “a niños y niñas que quieran practicar atletismo o taekwondo y ayudar al profesor”, manifiesta. Igual es consciente que el deporte debe ir respaldado con los estudios y alguna profesión, más en Chile, donde cuesta mucho sobresalir. Es por eso que apunta a estudiar para ser kinesiólogo deportivo y juez de atletismo. Mientras tanto, continúa entrenando con fuerza, superando todas las dificultades, que ahora son las que trae la pandemia.