Necrológicas
  • Walter Blanco Ortiz
  • Roberto Rojas Zepeda

Cómo atender a adultos mayores con Parkinson

Por La Prensa Austral martes 10 de abril del 2018

Compartir esta noticia
112
Visitas

Mañana se conmemora el Día Mundial del Parkinson, mal que hasta la fecha no tiene cura. Especialista de la U. del Pacífico entrega algunos consejos a las familias que conviven con adultos mayores con esta enfermedad

El Día Mundial del Parkinson fue instaurado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y coincide con el aniversario de nacimiento del neurólogo británico James Parkinson, que en 1817 hizo las primeras descripciones de esta enfermedad neurodegenerativa, asociada al control del movimiento, el equilibrio y el sueño, entre otros.

Si bien ya han pasado más de 200  años de esa fecha, en la actualidad no existe cura para este mal y los cuidados se han centrado en terapias de apoyo a sus síntomas y de acompañamiento. “Actualmente no hay forma de enlentecer ni detener la enfermedad de Parkinson, ya que es una patología en la que existe muerte neuronal. Lo que sí se puede hacer es mejorar la calidad de vida del paciente, disminuyendo los problemas de movimiento a través de la terapia física”, señala la kinesióloga Andrea Lobos, Jefa de carrera de Técnico Deportivo de la Universidad del Pacífico.

En la última década, los avances en el conocimiento de la enfermedad de Parkinson han dado paso al concepto que la define como un trastorno caracterizado por la presencia de disautonomía, entendido como el mal funcionamiento del sistema nervioso autónomo; de dissomnia o alteración del sueño; de disfunción motora y demencia, dejando atrás el paradigma centrado solo en la afectación motora secundaria a la degeneración de la sustancia negra del cerebro.

Entre los primeros síntomas, la experta en adulto mayor plantea que la enfermedad de Parkinson tiene una lenta y asimétrica aparición de síntomas. “Los principales son el temblor de reposo, bradicinesia (enlentecimiento o pobreza de movimientos), rigidez y alteración de los reflejos posturales. Sumado a lo anterior, existen numerosas manifestaciones, tanto motoras como cognitivas, autonómicas y sensoriales, por lo que se recomienda acudir al médico ante cualquiera de estos síntomas”, indica.

La etapa inicial de la enfermedad, señala Andrea Lobos, comprende el período que transcurre entre el comienzo de los síntomas y aproximadamente los primeros 5 años de evolución. “Todas las intervenciones en esta etapa tienen como objetivo mejorar la calidad de vida, sin agravar el avance de la enfermedad. Y por eso es fundamental el apoyo de toda la familia, ya que la idea es que la enfermedad no detenga al paciente ni a su familia; deben continuar con las actividades de la vida diaria de manera normal. Es importante no estresarse con la aparición de los síntomas y utilizar métodos que eviten la exacerbación de éstos”, aconseja.

En este plano, enfatiza, siempre se debe considerar la opinión del paciente. “Es muy importante tomar las decisiones sobre el tratamiento y las alternativas siempre en conjunto”, plantea.

Ejercicios paliativos

Parte importante de los tratamientos paliativos para los enfermos con Parkinson se relacionan a ejercicios que disminuyen los síntomas. En este punto, la especialista de la Universidad del Pacífico recomienda:

–            Realizar ejercicios como caminar, andar en bicicleta estática, utilizar elíptica, ya que permiten realizar una actividad física suave y segura.

–            Practicar otros ejercicios que involucran la movilidad articular general. Es bueno movilizar todas las articulaciones del cuerpo de manera suave, en 3 series de 10 repeticiones.

–            Trabajar la postura frente a un espejo, siempre buscando la simetría corporal.

–            Incorporar implementos para realizar ejercicios más completos. Entre ellos, bandas elásticas para potenciar la fuerza muscular, balones medicinales de diversos tamaños para apretar, o bien facilitar los movimientos.

Andrea lobos también sugiere agregar la práctica de otras actividades no físicas, que ayudan al adulto mayor a llevar de mejor manera su enfermedad, como por ejemplo, planificar actividades que potencien la actividad cognitiva, como realizar puzles en conjunto, sopas de letras, jugar a las cartas, por ejemplo. “También es importante involucrar al adulto mayor en las actividades familiares, adaptando lógicamente las actividades a sus necesidades”, concluye.