Necrológicas
  • Matilde Cárdenas Santana

El apetito humano amenaza a la megafauna

Por La Prensa Austral domingo 10 de febrero del 2019

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– Costumbres ancestrales afectan a varias especies en países densamente poblados. Ejemplo de ello es China, donde -hasta hace poco- la sopa de aleta de tiburón era un plato obligado en bodas, cenas de negocios y banquetes oficiales.

Para los emperadores chinos de la dinastía Song (960-1279 de esta era) la sopa de aleta tiburón ya era un producto muy fino. En la calidad de un plato influía la dificultad de conseguir sus ingredientes y capturar un peligroso escualo debía de ser toda una ofrenda al emperador. Además, se creía en una especie de transmutación, por la que la fortaleza y fiereza del animal pasaban al que se comía su carne.

Esas características convirtieron este plato en un símbolo de estatus. Hasta hace muy poco, en China, toda boda, cena de negocios o banquete oficial que se preciara debía de incluir sopa de aleta de tiburón. Y eso que estos apéndices apenas tienen sabor y el principal aderezo del caldo es el pollo.

Una treintena de especies de tiburones, peces sierra, peces martillo y otros peces cartilaginosos están amenazados de extinción por el deseo de muchos chinos de quedar bien con sus huéspedes. Según un reciente estudio sobre las amenazas a la megafauna, son uno de los grupos de grandes vertebrados más acosados, pero no son los únicos. Hay unas 200 especies de grandes animales que están perdiendo población y 150 de ellas en peligro de extinción por culpa de diversos apetitos humanos.

“Nuestro estudio muestra que, además de la pérdida o degradación del hábitat, la caza directa por los humanos es la mayor amenaza para los animales más grandes del mundo”, dice el profesor de ecología de la Universidad Estatal de Oregón, EE.UU., y principal autor del estudio, William Ripple.

“Hay muchas causas por las que los humanos están matando a la megafauna. “Unas veces es por subsistencia, otras por intereses comerciales, en ocasiones es para usos medicinales o simple afición, a veces la muerte es intencionada y otras no intencionada, por capturas accidentales”, añade.

La investigación, publicada en Conservation Letters, catalogó como megafauna a los mamíferos y peces de más de 100 kilos y a los anfibios, reptiles y aves que superaran los 40 kilos. Encontraron en total 292 especies con datos suficientes sobre su estado de conservación y sus principales amenazas. Sus resultados muestran que el 70% de las especies de megafauna están perdiendo población y un 59% se encuentran amenazadas de extinción, con algunas en peligro crítico. Dos datos confirman que los humanos se ceban con los animales más grandes: entre las especies de todos los tamaños, la mitad pierden población y sólo una quinta parte están amenazadas.

De la decena de amenazas, además de la pérdida de hábitat, los investigadores analizaron el impacto de las especies invasoras, la contaminación, la deforestación, avance de la agricultura, cambio climático… Aunque muchas especies sufren impactos desde varios frentes, la caza está presente en el 98% de las amenazadas. En el apartado caza se incluye también la pesca.

“El consumo es muy grave. Incluye un tráfico ilegal enorme de subsistencia y comercial para los mercados legales e ilegales”, sostiene el investigador Gerardo Ceballos, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México y coautor del estudio.

“Es parte de lo que hemos llamado la ‘aniquilación de la naturaleza’. La mayor parte de este consumo se debe a dos factores: La miseria en la que se encuentra un elevado número de personas en el planeta y a la avaricia de las mafias, principalmente asiáticas (chinas) que dominan el mercado negro”.

Hay especies cazadas por su carne, su piel, sus plumas y hasta sus huevos, como el avestruz somalí, colocado en peligro extremo por la caza de subsistencia. En otras, su condena está en sus adornos y viene de lejos, como sucede con elefantes y rinocerontes. Pero es la comida, generalmente de platos supuestamente exquisitos, la que está matando a muchos de los pocos grandes animales que quedan. Entre esas exquisiteces está la carne de la salamandra gigante china, el único anfibio de la lista, el único gran anfibio que queda.

“La situación de las poblaciones de la salamandra gigante china es absolutamente crítica”, asegura el investigador del Instituto de Zoología de la Sociedad Zoológica de Londres, Samuel Turvey.

Autor de varios libros sobre extinciones provocadas por los humanos, Turvey participó entre 2013 y 2016 en una extensa campaña para conocer el estado de este anfibio. Realizaron estudios de campo en 97 condados de China y entrevistaron a unos 3.000 lugareños “y no encontramos ninguna salamandra gigante en libertad”, dice el zoólogo británico, que no ha intervenido en el estudio de la megafauna. Las únicas que vieron fueron ejemplares escapados de granjas donde las crían como ganado.

Aunque este animal lleva tiempo en peligro crítico de extinción según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, las autoridades chinas aún no han prohibido su captura (fuera de las áreas protegidas) y su consumo. Quizá el caso de los tiburones pueda servir de guía: con ellos la presión sobre la oferta parece no funcionar, pero sí las acciones para reducir su demanda.

En la mayoría de los países, también en China, está prohibida la pesca de algunas especies, pero no la de otras y las aletas de los tiburones deben parecerse mucho. Una reciente investigación de la Universidad de Hong Kong, principal puerto y mercado de estos apéndices, mostró que al menos un tercio de las aletas pertenecían a especies que aparecen como amenazadas en la Lista Roja.

“Los datos apuntan a que las capturas globales de tiburones han sobrepasado el millón de toneladas al año, más del doble que hace seis décadas. Esta sobreexplotación amenaza hoy casi al 60% de las especies de tiburones, la mayor proporción de entre todos los vertebrados”, decía en una nota la bióloga de la universidad de la antigua colonia británica, Yvonne Sadovy. “La exclusividad de un producto natural combinado con su reducida disponibilidad en libertad aumenta su precio y lo convierte en producto atractivo para las redes de negocios, incluido el amplio tráfico ilegal. Este tráfico se ha demostrado muy difícil de controlar por las autoridades”, añadía.

Sin embargo, según estadísticas oficiales, el consumo de aletas de tiburón en China ha descendido en un 80% en los últimos años. Según recoge un informe de la organización ecologista y activista WildAid, la importación de estos apéndices ha descendido en un porcentaje similar. En un contexto en el que tanto Europa como EE.UU. persiguen este comercio, la presión de las organizaciones conservacionistas llevó al gobierno chino a retirar la sopa de tiburón de sus banquetes oficiales. Las campañas contra este plato de organizaciones como WildAid despegaron con los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008. Hoy las principales cadenas hoteleras lo han retirado de sus menús y empieza a estar mal visto celebrar la boda con este caldo.

La clave, por tanto, podría estar en combatir la demanda con el arma de la educción. Lo explica el presidente ejecutivo de WildAid, Peter Knights: “Nuestras campañas, apoyadas por los medios gubernamentales y encabezadas por iconos como Yao Ming (ex jugador de la NBA) y otras celebridades chinas han cambiado las actitudes públicas hacia las aletas de tiburón. Cuando la gente ha sabido del descenso de las poblaciones de tiburón y su impacto en la salud de los ecosistemas marinos y han descubierto la crueldad en la forma de capturarlos, la sopa da más vergüenza que prestigio”.