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  • Javier Muñoz Pérez

El descubrimiento chileno del continente antártico en la primavera austral de 1820

Por La Prensa Austral martes 30 de enero del 2018

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Por Dr. Jorge G. Guzmán

El Archivo Nacional británico en Londres guarda un documento de primera importancia para el repertorio antártico chileno, a saber, el ‘journal’ de navegación del marino inglés Robert Fildes, comandante del bergantín Cora, uno de los primeros en explotar los stocks de focas antárticas de las Islas Shetland del Sur. La toponimia antártica recuerda a este pionero con el nombre de una península y una de las bahías de la isla Rey Jorge, que hoy acoge bases de varios países con actividades en la Antártica Americana. 

Junto con descripciones del archipiélago de las Shetland del Sur y de sus caladeros de focas, en su ‘’journal’ Fildes explica que, mientras a mediados de diciembre de 1820 el Cora permanecía anclado en la bahía interior de la isla Decepción, cierto ‘capitán Macfarlane’, comandante del bergantín Dragón, le había confidenciado haber desembarcado en una costa situada justo al sur de dicha isla, en la cual, sin embargo, no había encontrado lobos finos antárticos, cuya piel era la mercancía que había ameritado su viaje hacia un área polar hasta entonces desconocida, situada a más de 450 millas náuticas al sur del cabo de Hornos.

El testimonio de Fildes es relevante, pues, en contexto, indica que antes de su encuentro en la isla Decepción, a mediados de octubre de 1820, el citado ‘capitán Macfarlane’ y su tripulación habían descubierto la costa occidental de la península Antártica, es decir, que sin saberlo habían descubierto la ‘Terra Australis’ que por siglos había sido hipotetizada por geógrafos, cartógrafos y literatos.

Para comprender la relevancia de la hazaña del ‘capitán Macfarlane’ y su nave es preciso citar el comentario que, con fecha 14 de diciembre de 1820, sobre este asunto Fildes anota en su ‘journal’: ‘Enseguida se acercó una chalupa ballenera del Dragón de Liverpool, ahora (Dragón) de Valparaíso. Esta nave -explica el marino inglés- había estado siete semanas en estas costas, y había obtenido cinco mil pieles de lobo fino (antártico)’. Conforme con esta referencia, el ‘Dragón de Valparaíso’ había arribado a la Antártica Americana al comienzo de la primavera austral, más precisamente, a mediados del mes de octubre. 

En su ‘journal’ Fildes contextualiza esta referencia en un comentario relativo a un segundo encuentro con Macfarlane, ocurrido en febrero de 1821, mientras el Dragón y el Cora se hallaban en la costa norte de la isla Livingstone. Sobre el asunto Fildes explica: ‘Media milla afuera de la entrada (a la isla Decepción), en un día claro, la tierra situada hacia al sur aparece cubierta de nieve y con las manchas negras de sus rocas. Se trata de una tierra montañosa opuesta a aquella del norte (las Shetland del Sur). El capitán Macfarlane del Dragón, un hombre muy inteligente, me contó que había desembarcado en ella, y que había encontrado focas leopardo y elefantes marinos, pero que no había hallado lobos finos antárticos, y que (el bergantín) Caraquette de Liverpool también había encontrado allí una caleta y un anclaje en el que había permanecido sin desembarcar. Macfarlane me dijo –concluye Fildes– (que en la costa montañosa al sur de la isla Decepción) había encontrado buenas playas con muchas focas leopardo, y que la costa era del mismo tipo que aquella de las islas al norte’ (las Shetland del Sur).

La Isla Decepción es una isla volcánica con forma de ‘picarón’ que -en su sector sureste- presenta una apertura a través de la cual se ingresa a una suerte de lago interior. En un extremo de esa bahía nombrado ‘Caleta Balleneros’, en 1906 se instaló la Sociedad Ballenera de Magallanes para iniciar la caza de cetáceos en ambas costas de la península Antártica.

Como se observa en la carta marina de la isla Decepción elaborada por el propio Robert Fildes, desde una posición situada a media milla marina de la entrada a su bahía interior (aproximadamente en la longitud 63°30’ Oeste), en 1820 el sur magnético apuntaba directamente hacia el sector de la península Antártica que la toponimia británica llama ‘Costa de Davis’ en honor del marino inglés John Davis, a quien la literatura de su país tradicionalmente atribuido el descubrimiento del continente Antártico (febrero de 1821). En ese sector también se ubica la isla Trinidad, la cual, no obstante, no presenta elevaciones de importancia, por lo que, desde el área adyacente a la isla Decepción, su silueta ‘está por debajo del horizonte’.

Mientras la historiografía británica ha atribuido el descubrimiento de la península Antártica y, en definitiva, del continente Antártico al citado John Davis, la literatura antártica norteamericana lo ha atribuido al marino Nathaniel Palmer, quien, en noviembre de 1820, recorrió la parte del litoral de la península Antártica que la cartografía de su país ha nombrado en su honor (costa de Palmer). Sin embargo, la revisión de diversas colecciones de documentos conservados en archivos chilenos y británicos indica que los verdaderos descubridores de la Antártica Americana son quienes Robert Fildes identifica como el ‘capitán Macfarlane’ y el bergantín ‘Dragón de Valparaíso’.

Desde que el ‘’journal’ de Fildes fuera recuperado a comienzos del siglo pasado (antes que entrara en aplicación el Tratado Antártico de 1959), historiadores anglosajones preocupados de demostrar la preeminencia de sus respectivos países en el ‘descubrimiento del continente antártico’ (desembarco y uso de los recursos de la costa (focas), no ‘simple avistamiento’), tangencialmente mencionaron la presencia del ‘Dragón de Valparaíso’ en las Shetland del Sur a fines de 1820. Ello, en el entendido que el ‘capitán Macfarlane’ (cuyo nombre de pila no era conocido), o como Palmer procedía de la costa este de Estados Unidos (Stonington) o, como Davis era originario de Inglaterra (Surrey). Con la entrada en aplicación del Tratado Antártico la importancia jurídica y geopolítica de esta identificación pareció perder ‘momentum’, aunque no su importancia para la historia de la Antártica. En ese marco, en 1983 el historiador australiano A.G.E Jones documentó la llegada a Londres del ‘Dragón de Valparaíso’ (mediados de 1821) explicando que, en fecha anterior, esa nave había sido vendida en Chile.

Con ese antecedente, durante años nos ocupamos de buscar los registros que nos permitieran identificar al ‘Dragon’ y a su comandante. Luego de una extensa revisión en el Archivo Nacional de Santiago pudimos determinar que dicha nave originalmente de Liverpool había, efectivamente, arribado a Valparaíso en enero de 1818 portando un cargamento de armas luego empleadas por el Ejército Patriota en la Batalla de Maipú. En esa revisión también pudimos determinar que, sólo días después de su llegada, un remanente de pólvora en el lastre de la nave había producido un incendio que la dañó parcialmente, que motivó a su comandante/armador a venderla a un grupo de comerciantes locales. Luego de repararla, a partir de mediados de 1818 estos últimos la dedicaron al cabotaje entre puertos controlados por el naciente gobierno chileno (Huasco, Coquimbo, Valparaíso y Talcahuano) y, a través de la ruta del cabo de Hornos, a un comercio de cereales y otras materias primas con el puerto de Montevideo.

Al año siguiente de la llegada del ‘Dragón’, el 17 de julio de 1819, al mando de la fragata inglesa ‘Anna Robinson’ procedente de Liverpool, arribó a Valparaíso el marino escocés Andrew (luego Andrés) Macfarlane.  En el testamento de su hijo Roberto que se guarda en el Archivo Nacional en Santiago, se puede comprobar que se trata del mismo marino mencionado en el ‘journal’ de Fildes, quien en la fecha arriba indicada había traído al país un nuevo cargamento de armas para el Ejército Libertador, cuando éste se preparaba para continuar la lucha por la independencia de América.

Más tarde, con la revisión de documentos oficiales que se guardan en la ‘Colección Shirreff’ de la Biblioteca del Museo Nacional Marítimo de Greenwich en Londres, fue posible determinar que casi inmediatamente después de su llegada al país, Andrew Macfarlane había dejado el comando de la ‘Anna Robinson’ para integrarse a la naciente Armada de Chile (que por entonces organizaba el también escocés Thomas Cochrane). Esta decisión motivó el inmediato reclamo de los armadores de la ‘Anna Robinson’ ante el capitán William H. Shirreff, comandante de la Flota Británica en el Pacífico Sudeste al ancla en Valparaíso (a los efectos, ‘Ministro de Fe’ para los comerciantes y navegantes británicos en América del Sur). Sin embargo, pese al reclamo de los dueños de la “Anna Robinson’ (y probablemente por la intervención del mismo Lord Cochrane), Macfarlane se enroló en la Armada Nacional con el rango de teniente.   

Otros informes conservados en el Archivo Nacional en Santiago indican que el ahora teniente Andrés Macfarlane no obtuvo el comando de la nave que esperaba, por lo cual, en diciembre del mismo 1819, solicitó su retiro de la Armada chilena. Fue el propio Director Supremo Bernardo O’Higgins quien aprobó su expediente de retiro, no sin antes que Macfarlane participara, a comienzos de febrero de 1820, en el asalto y la toma de los fuertes de Valdivia en el rol de comandante de la goleta Moctezuma, la nave más rápida de la Primera Escuadra Nacional.

En marzo de 1820, después dehaber completado lo que debe considerarse la primera expedición científica antártica, justo cuando Andrés Macfarlane volvía a la vida civil, ingresó al puerto de Valparaíso el bergantín inglés Williams of Blyth. Durante un viaje de cuatro meses al mando del piloto Edward Bransfield, el Williams había producido la primera cartografía de las islas Shetland del Sur. Esta expedición había tenido lugar luego que, a comienzos de 1819, este archipiélago fuera descubierto por esa misma nave inglesa mientras, al mando del capitán John Smith, cruzaba el cabo de Hornos. Este encuentro había ocurrido durante el tránsito del Williams entre Montevideo y Valparaíso portando  una carga de granos para el mercado chileno. Luego de cruzar la latitud del estrecho de Magallanes (52° Sur), Smith había ordenado ejecutar una maniobra marinera descrita en la década de 1640 por el marino holandés Hendrick Brouwers, que consistía en apartarse de Tierra del Fuego en dirección Sur-sureste y progresar tan al sur como fuera posible para sortear el efecto contrario de la corriente antártica circumpolar, que con fuerza y grandes vientos asociados se desplaza a lo largo del Mar Austral en dirección Oeste-Este. En ese desempeño, en enero de 1819, el Williams se había literalmente ‘topado’ con la isla Livingstone. Durante los meses siguientes, mientras nuevamente en tránsito entre Valparaíso y Montevideo y viceversa, Smith y su tripulación habían verificado el descubrimiento de dicha isla, y comprobado que se trataba de un archipiélago, al cual, muy importante, una vez de vuelta en Valparaíso describieron poblado de lobos finos antárticos. 

Desde la década de 1770, balleneros y foqueros de la costa Este de Estados Unidos, de las islas Británicas y de Francia, habían extensamente explotado las poblaciones de cetáceos y pinnípedos del Cono Sur americano. Hacia 1820 tales recursos habían disminuido de manera significativa, por lo cual la noticia del descubrimiento de nuevas poblaciones más al sur de las roqueríos patagónicos y fueguinos despertó el interés de los cazadores que, para entonces, en grandes números habían comenzado a visitar los puertos de Valparaíso y Talcahuano.

Sin embargo, al comienzo la noticia del descubrimiento de lo que en documentos chilenos contemporáneos se denomina ‘la nueva isla descubierta al sur del cabo de Hornos’ fue recibida con escepticismo. Para entonces el sector americano del Mar Austral era recorrido por todo tipo de naves que, para sortear las dificultades impuestas por el paso Drake, debían, incluso, alcanzar los 62° de latitud.

Hasta que la tripulación del Williams informó en Valparaíso el descubrimiento de la isla Livingston, no se tenía ninguna noticia concreta sobre la presencia de tierras más al sur que las islas Diego Ramírez (56°30’Sur). En 1768 al mando del HMS Endeavour, y en 1775 al mando del HMS Resolution, el capitán James Cook había explorado ese sector del Mar Austral intentando, sin éxito, encontrar cierto ‘golfo de San Sebastiano’ postulado por la cartografía europea desde la década de 1570, cuando dicho hipotético accidente geográfico se popularizó junto con el concepto de ‘Terra Australis Incógnita’ especulado en los trabajos de los famosos cartógrafos tales como Abraham Ortelius y Gerardo Mercator. Dos siglos más tarde la experiencia empírica de Cook permitía suponer que, o dicho ‘golfo’ y su costa antártica simplemente no existían, o que, en el mejor de los casos, éstos se situaban mucho más al sur de Círculo Polar Antártico. Desde ese punto de vista, un posible continente antártico en el sector americano de la región polar austral carecía de interés para la navegación y para el comercio, incluidas, ciertamente, las actividades de caza de ballenas y de focas australes.

Sin embargo, la verificación del primer descubrimiento del Williams practicado por la expedición antártica de Edward Bransfield (Valparaíso, diciembre de 1819 – Valparaíso, marzo 1820), no sólo confirmó la presencia de un grupo de islas antárticas, sino que confirmó la existencia de roqueríos y playas pobladas de valiosos lobos finos antárticos. Esto último fue lo que sin duda convenció a Andrés Macfarlane, ahora convertido en el capitán del Dragón de Valparaíso, de la pertinencia de zarpar al comienzo de la primavera de 1820 para ser el primero en llegar al área antes visitada por el Williams (a cuya tripulación seguramente conocía personalmente). En ese empeño, en octubre de 1820, el ex teniente Andrés Macfarlane y su Dragón de pabellón chileno, fueron los primeros en llegar y desembarcar en el continente antártico.

Un aspecto diagnóstico (y hasta poco conocido en Chile) de la contribución de Macfarlane y los tripulantes del Dragón de Valparaíso al conocimiento de la Antártica Americana está reflejado en varias cartas marinas publicadas durante las décadas de 1820 y 1830, que incluyen la presencia de un ‘Estrecho de Macfarlane’ que separa a la isla Livingstone de la isla Greenwich, esto es, ubicado justo en el área de las Shetland del Sur que enfrenta el sector de la península Antártica en la que, en la primavera austral de 1820, Robert Fildes indica que la tripulación del Dragón realizó el primer desembarco en el continente antártico.

También es de interés anotar que, como decenas de comerciantes y navegantes anglosajones, Andrés y su hijo Roberto Macfarlane se radicaron en Valparaíso, ciudad en la que desarrollaron una de las firmas comerciales más importantes del Pacífico Sudeste durante el siglo XIX. Sus descendientes aún viven en dicho puerto. 

Los antecedentes que comprueban el descubrimiento chileno del continente antártico deberían incorporarse formalmente en el Repertorio Antártico Chileno, y por supuesto, considerarse en la lógica de una Ley Antártica – que ojalá en el futuro cercano – actualice y diversifique los principios y los derechos que sostienen nuestro ethos antártico y que, en definitiva, justifican el contenido y alcance del Decreto Antártico de 1940.