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Facebook, Apple, Google y Twitter vetan a la ultraderecha paranoica en EE.UU.

Por Agencias jueves 16 de agosto del 2018
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El locutor se ha hecho famoso por sus comentarios racistas y de apoyo a la violencia, lo que llevó a que sus cuentas fueran suspendidas, abriendo un debate sobre los límites de la libertad de expresión y la censura.

De pronto, alguien puso un límite. La línea roja de lo que se puede decir en las redes sociales parece estar trazada en Alex Jones, conductor de Infowars, un informativo que hace honor a su nombre. El pasado 6 de agosto, Youtube, Apple, Facebook y Spotify limpiaron de sus servicios todo el contenido producido por Jones, un enloquecido y jadeante locutor que lleva años propagando las teorías más tóxicas de la ultraderecha de Estados Unidos. La decisión fue celebrada por un lado, pero por otro abrió uno de los debates más trascendentes de la era de la política digital. Quién decide qué se puede decir y dónde.

La decisión pareció partir en un principio de Apple, que borró cinco podcasts de Jones el día anterior. “Apple no tolera el discurso de odio”, dijo la compañía en un comunicado. Facebook dijo que las páginas de Jones violaban sus condiciones de servicio. “Lo hemos quitado porque glorifica la violencia, lo cual viola nuestra política sobre violencia gráfica, y utiliza un lenguaje deshumanizante para describir a personas transgénero, musulmanes e inmigrantes, lo que viola nuestra política sobre expresiones de odio”. Facebook ya había retirado algunos videos específicos de Jones, pero en esta ocasión eliminó cuatro páginas completas de Infowars. Les siguieron Youtube, Spotify y Vimeo. No es el primer veto de este tipo, pero Jones es un símbolo para ese submundo político.

Twitter, sin embargo, no vetó a Jones. Lo explicó el presidente de la empresa en persona, Jack Dorsey, en un tuit: “Sabemos que es duro para muchos pero la razón es simple: no ha violado nuestras normas. Las aplicaremos si lo hace. Y vamos a continuar promoviendo un entorno de conversación sano asegurándonos de que los tuits no son amplificados artificialmente”. La decisión ha sido tan criticada como permitir que el Presidente de EE.UU. Donald Trump mantenga su cuenta.

Esta situación duró hasta el martes 14, cuando Twitter anunció que también quedaba suspendida la cuenta de Jones. Su último tuit (en defensa de Trump) salió a las 18,54 horas del Este. La cuenta está congelada durante siete días, por lo que Jones puede acceder a Twitter, pero no enviar mensajes o retuitearlos. La razón es una violación de las condiciones del servicio por tuitear un enlace que, según la empresa, incita a la violencia.

No hay perfil de Jones, tejano de 44 años, que no lo presente como el mayor conspiracionista de Estados Unidos. El más disparatado. El líder (quizá también el más entretenido y mejor comunicador) de una banda de autoproclamados libertarios con una visión paranoide del Estado y los poderes multinacionales. Un submundo de teorías estrambóticas que en el último lustro fueron pasando de los rincones de Internet, poco a poco, a contaminar al público general.

Ese camino acabó por cuajar políticamente en Donald Trump. En diciembre de 2015, el ya candidato apareció en el programa de Jones y dijo: “Tu reputación es increíble. No te defraudaré”. Esta relación terminó de rociar a Jones con cierto aroma de credibilidad entre una parte de la derecha. En agosto de 2016, en plena campaña electoral, llegó a decir: “Es alucinante hablar de cosas aquí y luego oír a Trump decirlas palabra por palabra dos días después”. Jones aseguró en entrevistas que sigue en frecuente contacto con Trump ya como Presidente.

La clase de desinformación que ha difundido Jones por Internet durante la última década es irreproducible. Una recopilación somera, sin entrar en detalles: el gobierno controla el tiempo atmosférico; el entorno de Hillary Clinton tenía una red de pedofilia en el sótano de una pizzería de Washington; los demócratas están planeando un “genocidio blanco”; y los padres de los niños asesinados en la escuela Sandy Hook en 2012 son actores, nadie murió allí y todo es una campaña para promover el control de armas. Actualmente tiene presentadas contra él seis demandas por difamación, tres de ellas de padres de niños asesinados en Sandy Hook.

El afectado, Jones, denunció “la limpieza total de Infowars” y la censura por parte de “los globalistas”. Lleva una semana advirtiendo de que los poderes oscuros, la izquierda y el Estado profundo van también por su página web, y que después irán a por todos los presentadores de Fox News. Pero en al menos uno de sus tuits acertó con el debate: “Puede que no te guste, puede que desprecies mis ideas políticas, pero yo soy el canario en la mina. Quieren sentar un horrible precedente que estrangulará la libertad de expresión online para siempre. ¿Deben los millonarios y las grandes corporaciones decidir lo que podemos decir y leer? ¡No les dejes ganar!”.

Debate

Porque, en contra de lo que pudiera parecer, la reacción al veto de Infowars no ha sido de celebración unánime. Condenar su discurso es una cosa. Vetarlo, otra distinta. Todos los expertos coinciden en que Jones no puede invocar la Primera Enmienda de EE.UU. (la libertad de expresión es intocable), porque no le ha censurado el gobierno. Pero la Unión Americana por los Derechos Civiles (Aclu), una organización nada sospechosa de contemporizar con Alex Jones y muy combativa en causas sociales, reaccionó con una advertencia sobre la censura.

“El hecho de que las plataformas de redes sociales como Facebook se hayan convertido en indispensables para la expresión de miles de millones de personas debería hacerles resistirse a las peticiones para censurar ofensas”, responde en un correo electrónico Vera Eidelman, especialista de Aclu en libertad de expresión en Internet. “Animar a estas compañías a silenciar individuos de esta manera se volverá en contra. Ya sea porque no les guste el discurso de odio o por contenido inapropiado, se equivocarán”, dice Eidelman. Aclu pone el ejemplo de mujeres de color que han sido censuradas cuando ponían en Facebook comentarios racistas que les habían hecho a ellas.

Richard Forno, experto en ciberseguridad de la Universidad de Maryland, coincide en que no hay protección de la Primera Enmienda en este caso. “Somos una empresa privada, tenemos unas condiciones de servicio, tus acciones violan esas condiciones, tenemos derecho a suspenderte la cuenta. Para mí, es una pura transacción comercial”. Forno cree estas compañías están mandando un mensaje: “Si hemos quitado a este trol, podemos quitarte a ti”.

La razón, opina, no es que se hayan dado cuenta de pronto de los disparates que se dicen en su plataforma. “Mi opinión personal es que el nivel de toxicidad del discurso público les ha llevado a hacer algo que podían haber hecho hace cinco años. Quizás han decidido ahora poner de su parte para influir en un ambiente que está afectando a los fundamentos mismos de la sociedad”. Al mismo tiempo, reconoce que esta vigilancia “nos deja a merced de estas compañías”. “Esa es la pregunta sin contestar. ¿Vamos a permitirles que sean los guardianes del debate público? No tengo respuesta”.

Mientras, los seguidores de Infowars están buscando la manera de escuchar a Jones. Aparte de su hiperactiva cuenta de Twitter, que en teoría recuperará en una semana, sigue teniendo su página web. La aplicación de Infowars sigue disponible en la tienda Apple. Dos días después del veto, era la aplicación número uno en tendencia en la tienda Google Play y la tercera en Apple. Cuando el usuario muestra interés en la aplicación de Infowars, Apple Podcasts ofrece las aplicaciones de todo el espectro mediático ultra, como Rush Limbaugh, Rebel Media, Breitbart y The Daily Caller.